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Nuevo: Encuentro entre 2 duelos
#1
¿Por qué nos exigen tanto?
Lic. Beatriz Gelman

Menores desamparados... Niños en situación de riesgo...
Personas sin hijos... Parejas que no pueden concebir...
Protagonistas que aparentemente parecieran necesitar sólo un encuentro oportuno para que la adopción pueda llevarse a cabo.


Sin embargo, con el deseo no basta. Regulando la protección de los menores, el Estado busca garantizar la capacidad de quienes se postulan para ejercer la maternidad /paternidad. Estos últimos deben atravesar un proceso de elección/selección, impuesto por el Estado y sus organismos reguladores. Así surgen en la escena entrevistas, cuestionarios, evaluaciones... A algunos suele inquietarlos, a otros los enoja y muchos interrogan, ¿por qué nos exigen tanto?.

Esta pregunta es formulada con frecuencia por los futuros adoptantes. Quienes trabajamos con ellos nos encontramos a diario con su desazón por la espera, su frustración por el hijo no concebido, los múltiples tratamientos sin resultados positivos y sumado a esto: ¡tener que demostrar idoneidad para adoptar!

Cuando una pareja decide adoptar, demanda una rápida solución a su necesidad. Aquí se enfrenta con el Estado que requiere adultos preparados para ser padres adoptantes.

¿Quién sabe ser padre? Es cierto que nadie sabe desempeñar ese rol antes de ejercerlo y se aprende con la experiencia, pero la filiación adoptiva implica un reconocimiento del alcance de la diversidad familiar y las familias adoptivas tienen sus puntos de semejanzas con las biológicas y también sus diferencias específicas.

Los adoptantes tienen que informar sobre la adopción a sus hijos, contestar a sus preguntas, sostenerlos frente a los sentimientos de ambivalencia, enojo y dolor que la situación de pérdida les puede despertar, trabajar para el proceso de adaptación e integración a una nueva familia cuando se trata de niños mayores, teniendo en cuenta que algunos niños poseen dificultades por malos tratos padecidos.

Sumado a ello, los padres adoptantes, se ven enfrentados a la posibilidad de que sus hijos deseen en algún momento, conocer sus orígenes y requerirán sostén y acompañamiento.

Lo expuesto, lleva a reconocer las diferencias entre la filiación biológica y la adoptiva. De esto se desprende, la necesariedad de una preparación previa para informar y concientizar a los postulantes sobre los aspectos singulares en la constitución de la familia adoptiva.

En ocasiones, evaluamos que está contraindicado que la pareja adopte en determinadas circunstancias. Múltiples factores nos pueden llevar a esta conclusión: descontando los casos de perturbaciones psíquicas severas, situaciones coyunturales como la muerte reciente de un hijo, elevada magnitud de angustia frente al deseo de adoptar, el sometimiento velado de uno de los cónyuges a la decisión de su pareja, la práctica -tan habitual en nuestro medio- de realizar tratamientos de fertilización asistida, simultáneamente con la inscripción para adoptar.

Contraindicar la adopción en un momento determinado, no debe considerarse como una situación definitiva. Es una evaluación realizada en un momento vital de la vida de una pareja que necesitará replantearse algunas cuestiones. Es necesario proponerles un tiempo de trabajo elaborativo de los conflictos manifestados para que puedan emerger los afectos subyacentes e ir resolviendo las dificultades.

Es importante que los postulantes comprendan que “no están inhabilitados” para ejercer la parentalidad, sino que requieren de una postergación de su proyecto, que aunque sea doloroso aceptarlo, tiende a generar mejores condiciones en el seno de la pareja y en cada uno de ellos.

Respecto a la simultaneidad planteada de tratamientos de fertilización asistida y adopción, nos encontramos con el apoyo generalizado a esta doble alternativa que, a mi entender, no es conveniente abordar en forma paralela. Los argumentos que respaldan esta posición, plantean: ¡de las dos formas se accede a un hijo!, ¡además, si están buscando adoptar, estarán más distendidos para hacer el tratamiento!

Como podemos inferir, estas expresiones, no quedan circunscriptas a los pre-adoptantes sino que es un concepto también arraigado en el ámbito profesional.

He aquí una nueva recurrencia del tema planteado respecto a la falta de reconocimiento de las diferencias entre la concepción y la adopción de un hijo.

Un hijo adoptivo necesita advenir en un espacio preparado para él, inaugurar un lugar propio. Por esto, es que la indicación sugerida a las parejas en tratamiento de fertilización asistida, es que los continúen hasta lograr el proyecto deseado, o de lo contrario, poder renunciar al hijo biológico y reflexionar sobre otras alternativas.

Si la elección apunta hacia la adopción, será necesario que vayan haciendo un pasaje del hijo que habían fantaseado concebir al hijo posible porque, indudablemente, será diferente. El deseo de adoptar se va constituyendo y consolidando en la medida que crece el entusiasmo por criar un hijo.
La decisión de adoptar es compleja y difícil. Todos aquellos que atravesaron por esta situación, pueden dar testimonio de esto aún cuando luego hayan experimentado experiencias parentales satisfactorias.

Los profesionales que trabajamos en este área, tenemos la responsabilidad y el compromiso de orientar psicológicamente en este proceso de la pre-adopción. Si tan sólo nos convertimos en meros técnicos evaluadores buscando la idoneidad de los futuros padres, dejamos desamparados a los protagonistas del proceso adoptivo (si descuidamos a los posibles padres, lo hacemos también con los niños).

Es fundamental que el Estado regule a través de sus organismos y/ú organizaciones no-gubernamentales, espacios para poder abordar y resolver estas cuestiones. Es necesario que se multipliquen estos ámbitos que así propiciados posibilitarán a los futuros adoptantes encontrar en ellos una oportunidad para esclarecerse e informarse y no sólo un proceso de selección obligado.



Extraído de las publicaciones de Fundación Adoptare
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Cariños!
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#2
¿Por qué no es lo mismo adoptar un niño o una niña?
Sintesis de un capitulo del libro Adopcion y Silencios.
Por Eva Giberti


¿Acaso los dos hijos no son hijos? ¿Qué importancia podrá tener la diferencia sexual?

Estas son algunas de las preguntas que se formulan los padres cuando advierto acerca de este tema: no se trata de una diferencia sexual sino de una diferencia entre géneros, el genero mujer y el genero masculino.

Los seres humanos tenemos sexos distintos pero no es esa característica lo que nos identifica como hombre o mujeres, sino el modo, el estilo con que cada cual se comporta según sea la época y la región en que vive. Según sean las pautas culturales y según el acatamiento a estas pautas las nenas y los nenes tendrán conductas diversas, por ejemplo, décadas atrás, las nenas debían, vestirse con ropa que se definía como femenina, con profusión de moños, lacitos, florcitas y delantalcitos almidonados. Ese vestuario, acompañado por las muñecas como juego predilecto quería decir que era una nena. Y si sentía placer al treparse a los árboles se la descalificaba con el apelativo de "machona". En paralelo, si un varoncito intentaba jugar con un muñeco inmediatamente se lo corregía porque "esos no son juegos para varones" o sea, se convertía la anatomía en un cerrojo, en una cárcel para cada chico o niña, debido al desconocimiento de la idea genero.

El genero se refiere a las características psicológicas, culturales, sociales de cada ser humano, sostenidas por la anatomía pero reguladas por otros componentes: la edad, la etnia, el grupo social de pertenecía y otras variables.

Entonces adoptar una niña no es igual que adoptar a un varón, porque las expectativas de los padres son muy distintas. Me limitare a señalar una de ellas, cuando la nena llega a la pubertad, y la menarca anuncia una nueva experiencia en la historia de su cuerpo, suelen aparecer miedos particulares en la familia adoptante y habitualmente la mama se pregunta si su hija correrá el mismo riesgo que su madre de origen. Teme que esa criatura que ella educo con cuidado, pueda reproducir la conducta de la mujer que la concibiera y desemboque en un embarazo no deseado. Es obvio que este no es un temor que aparezca en las familias que adoptaron un varón.

En este punto el genero tiene una apoyatura concreta en la anatomía de la adoptiva pero al mismo tiempo se juegan las ideas de la familia adoptante acerca de la "lo que debe ser una mujer", lo cual forma parte de la filosofía y de las convicciones de los padres. Si se piensa que lo mas importante para una mujer es "ser madre y cuidar de sus hijos", se transmitirá a la hija ideas convencionales y decididamente discutibles en el mundo actual, pero si se le enseña que ser mujer significa ser una persona que puede encontrar diversos caminos para realizar su personalidad y que uno de esos caminos podría ser la maternidad, el contenido de lo que se enseña es notoriamente diferente.

Si se idealiza la maternidad como una actividad prioritaria, y se transmite que toda mujer debe tener hijos y ocuparse de ellos, se aumentara un conflicto, que, frecuentemente, se hace presente en la púber adoptiva: cuando ella sienta la necesidad de identificarse con una figura materna, como fenómeno propio de esa edad ¿a quien elegirá como modelo?

¿A su madre adoptante , que es realmente su mama pero que no tuvo panza que no pudo llevar-la en su útero? ¿O la que fue su madre de origen, que la concibió y la transporto en su vientre pero que después debió entregarla en adopción? ¿Por donde pasara el deseo de esa púber? Elegirá a su madre "buena", la adoptante implica identificarse con quien no pudo concebir. Y buscar su identificación con la madre del origen puede resultarle peligroso.

Cualquiera sea el juego y combinatoria de identificaciones que cada púber ensaye, es probable que se confunda y tenga dudas importantes.

Según haya sido su aprendizaje acerca de lo que significa ser mujer-estimulado por los mensajes que emiten los medios de comunicación y por los comentarios que circulan en la vida social los contenidos de ese aprendizaje pueden contribuir a aliviarla o a complicarle su historia de púber.

Si aprendió que una mujer puede concebir contra su deseo, y que además, mantener al niño con ella le puede resultar imposible por muchas razones, y que eso no significa que se convierta en una persona despreciable, quizás podrá pensar en las mujeres que entregan a sus hijos en adopción, con un criterio de realidad y regulando sus sentimientos respecto de su madre de origen y si aprendió que muchas mujeres necesitan y desean poner en practica su maternidad, pero les resulta imposible concebir, podrá pensar que esa mujer que es su mama adoptante tiene sentimientos y posibilidades económicas que la autorizan a buscar una criatura para maternarla. Es decir, adquirirá un conocimiento fundamental, existen diversos modelos del ser mujer, no existe una esencia femenina, ni una esencia masculina, ser hombre o mujer depende del género es decir, de cómo cada cual instrumente su historia de vida.

Entonces, haber adoptado un varón o una mujer posiciona de manera diferente a los padres, porque según sean sus hijos se sientan personas que forman parte de un genero, es decir, que se reconozcan como sujetos sociales, y no solo cuerpos sexuados.

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Cariños!
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#3
HIJOS DEL CORAZÓN


Fragmentos de Hijos del corazón (Guía útil para padres adoptivos), espléndido libro divulgativo de José Antonio Reguilón (psicólogo, psicoanalista y especialista en adopción y acogimiento familiar) y Javier Angulo (periodista y padre adoptivo):

Para adoptar un hijo hay, ante todo, que querer ser padre y/o madre. Para echar una mano, ayudar, ser solidarios, hay instituciones y ONGs capaces de encauzar nuestra ayuda hacia niños que lo necesitan.

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Escribe Fernando Savater: “Lo que cuenta no es el derecho de cualquiera a adoptar un niño sino el derecho del niño a no ser adoptado por cualquiera”.

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Todos somos adoptados, o todos deberíamos haber sido adoptados. Nacemos, sí, pero no por eso somos hijos de nuestros padres. Tenemos hijos, sí, pero no por eso los aceptamos siempre como tales. Es necesario un paso más: la inclusión del niño en el afecto, en el lenguaje, en la historia familiar. Es necesario un salto cualitativo: dejar de considerar al niño un objeto de deseo para pasar a considerarle un sujeto de deseo.

Este salto cualitativo, que en realidad es un proceso de madurez, no es fácil ni está garantizado de antemano. (...)

La adopción [tanto en padres biológicos como adoptivos] empieza con la inscripción del niño. Esto elimina una creencia mítica: la de que hay padres malos que abandonan a sus hijos y padres buenos que adoptan y salvan niños necesitados. Más bien hay padres que adoptan porque desean tener un hijo y padres que abandonan porque no desean o no pueden hacerse cargo de un hijo.

El adoptado entonces es un hijo, no diremos ya igual que el hijo biológico, sino igual que “el hijo”. Se es hijo así o no se es hijo sino objeto. Hijo incluido en la constelación de deseos de unos padres a los que obligará a transitar por algunas cuestiones que tal vez creían cerradas y que el hijo reabre, a veces de forma dolorosa: la esterilidad, el origen, la genética, la herencia, la sangre. (...)

El padre, hecho padre por el hijo, lo será a partir de la relación que establece no sólo con el hijo, sino con la madre. (...)

La adopción de padres e hijos es mutua. (...) Al igual que la adopción del niño por los padres está supeditada a la posibilidad de que estos le otorguen un lugar en el deseo que antes ocupó un hijo imaginario, así la adopción de los padres por el niño está supeditada a su capacidad de otorgarles el lugar de padres que los padres biológicos han dejado señalado, marcado. En ambos casos, debe elaborarse y producirse antes una renuncia, una aceptación de una pérdida, una despedida de unos padres que fueron pero que no son y de un hijo que pudo ser pero que no fue. (...)

La capacidad del niño para adoptar a sus padres está determinada por la superación del problema de abandono. (...) El abandono es una forma de maltrato que puede incluir: el abandono físico, el afectivo, el maltrato físico y psicológico y la agresión sexual. El resultado en el niño abandonado es un sentimiento de engaño respecto del amor que le dieron. (...)

La pérdida brutal de los padres constituye para el niño la peor de las tragedias. (...)

El abatimiento tiene que ver con lo inexplicable (...), y el pequeño se encuentra de pronto abandonado o maltratado. El golpe le llegó al niño antes de que pudiera saber de qué se trataba. El “trauma” siempre va por delante de la capacidad para darse cuenta. Ésta llega después y tiene que explicarse lo que ya pasó. En estas explicaciones es cuando el niño tiene que encontrar comprensión, cariño, y no siempre es así; a veces se encuentra de nuevo con intolerancia, con exigencia, porque los padres quieren que cumpla sus expectativas (que se integre rápido y que vaya bien en el colegio) y a éstas no están dispuestos a renunciar.

Alguien tiene que acoger, comprender y sostener ese abatimiento, ese no saber del niño. Eso es la verdadera adopción. Adoptar esta particularidad, esta esencia que al niño le pesa, le abate, le oprime, le incapacita. Los padres tienen aquí la oportunidad de mostrar el amor: estar ahí para el niño que no puede con lo que le pasa. (...) Si los padres están ahí, si él se siente comprendido, podrá confiar, comprobará que no le van a defraudar de nuevo, que no va a haber una repetición de su abandono. Esto nos lleva a ver (...) cómo aceptan los padres la diferencia entre lo que esperaban que el niño les diera y lo que les da.

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La espera no tiene por qué ser negativa. (...) Nos referimos a una espera activa, pendientes de lo que sucede con el proceso de adopción y pendientes y atentos a lo que nos sucede a nosotros mismos.

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Se adopta un niño y su historia. (...) Esa historia le pertenece y no puede ser negada. Lo que se diga al niño (...) siempre tiene que ser algo de la verdad. (...) El niño, aunque pensemos lo contrario, no olvida su historia. Un niño adoptado comentó en una entrevista de psicoterapia, respecto a su historia: “Es algo que no me acuerdo, pero no lo puedo olvidar”. (...) El comentario repetido, a veces hasta el cansancio, de una parte de su historia, es un modo de elaborar una y otra vez un hecho que por no poder ser comprendido necesita ser dicho y escuchado en muchas ocasiones.

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El niño planteará cambios en nuestra vida, y no sólo es él quien se tiene que adaptar o “ajustar” e integrar.

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El niño que llega es nuevo y diferente al soñado. Es así para todos los padres sin distinción. Para que este niño nuevo ocupe su sitio físico y en el corazón, es necesario reflexionar y elaborar una despedida con el otro niño que pudo haber sido y que no llegó o no nació.

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Hay que diferenciar lo que es querer de lo que es desear. En el querer podemos pensar en un acto de voluntad, consciente, por el que los padres dan al niño afecto. En el deseo podemos pensar más bien en el lugar simbólico que los padres otorgan al hijo en su linaje y en su relación y entramado familiar.

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Observamos en muchos niños que han sido abandonados de bebés, un sentimiento de culpa (en forma de tristeza y apatía, o rebeldía e hiperactividad, en otros casos) ligado a ese momento por no ser para la madre aquello que es necesario ser en un primer momento de la vida: lo más valioso que ella tiene.

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El niño adoptado puede tardar en dar su cariño. Pondrá pruebas y tendremos que aprender a conocer su ritmo interno. Del mismo modo, será importante valorar los progresos que realice en la casa y en la escuela. (...)

Son niños que tardan tiempo en estar tranquilos, en estar confiados en la familia, en darse. Se muestran pendientes, en estado de alerta, porque temen entregarse del todo a los padres por el miedo a ser abandonados de nuevo.

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En muchos casos, el conocimiento del origen es doloroso, es difícil, pero es necesario para situarse en la vida, en el ordenamiento de las ideas y los deseos del niño. (...)

Lo que resulta insoportable para cualquier niño, más que el abandono es el rechazo. (...)

Todos los niños necesitan dotarse de un origen en el que algo del deseo de vida esté presente. En primer lugar, el deseo de la madre de dar a luz un hijo y el hecho de entregarlo para que alguien lo cuide es dotar al niño de un deseo de vivir. Esto es fundamental, es lo que constituye el primer narcisismo.

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Dice una madre adoptiva que siempre transmitió a sus hijos que sus padres no les habían podido llevar adelante y, por tanto, hicieron un acto de generosidad importantísimo renunciando a ellos para que estuvieran bien.

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La verdad puede doler, pero el misterio asusta. (...)

Hablar de la adopción entre los padres y el niño es el producto de un encuentro de deseos mutuos. Surge y no se prepara. (...)

El decírselo o hablar de la adopción no se realiza de una sola vez; después de una confidencia vendrán preguntas, aclaraciones, y habrá que tener mucha paciencia y comprensión. El hijo puede volver una y otra vez a preguntar con intervalos de tiempo o puede también ignorar lo escuchado o hablado. Será en la relación, en el vínculo entre los padres y el hijo donde podamos situar las cosas que pueden pasar.

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La adopción de un niño de otra raza debe conllevar la adopción de algunos aspectos de su país de origen. (...) El conocimiento y la aceptación de costumbres y características del país de origen facilitará el diálogo sobre algunas cosas que el niño pregunte o quiera conocer. (...) El país de origen es uno y su país es otro.

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Dice una madre adoptiva: “El día que mi hijo me dijo ‘te odio’, pensé: ‘Bueno, ya soy su madre’. Ya no había miedo. Ya me podía decir ‘te odio, te detesto, eres horrible, vete a la ******’. A partir de ese día, pensé, él ya no tendría ningún miedo de que yo le dejara”.

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Cariños!
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#4
Cómo aprovechar la espera

Algunas ideas prácticas para aprovechar y disfrutar mientras esperas la llegada de tu hijo.
Beatriz San Román

(articulo publicado por Sole hace un tiempo...)

He aquí algunas ideas para llenar esta fase de contenido y vivirla plenamente:
- Cuídate. Ponte en forma tanto física como emocionalmente. No permitas que la angustia y la incertidumbre te dejen emocionalmente agotado. Cuando tu hijo llegue a casa, vas a necesitar estar al cien por cien. Si es la primera vez que vas a ser padre o madre, puede que te sorprenda el esfuerzo físico que supone llevar en brazos a un pequeño de nueve kilos o agacharse mil veces al día. Ahora tienes tiempo para hacer deporte o apuntarte al gimnasio.
- Busca información que te ayude a prepararte. Ha llegado el momento de interesarse por esas cuestiones que hasta ahora te parecían un latazo. ¿Qué comen los niños de una determinada edad? ¿Qué trámites hay que seguir para escolarizarlos? Busca libros y artículos sobre la formación del apego y los retos a los que se enfrentan las familias adoptivas.
- Elimina tu lista de "cosas pendientes". Durante la adaptación, te parecerá que el día encoge y las horas vuelan. Aprovecha ahora para ponerte al día de las revisiones médicas (oculista, dentista, ginecólogo, etc.). Si tu situación laboral te lo permite, adelanta trabajo. Reorganiza los armarios, pinta una puerta o haz esos arreglos caseros que llevan meses pendientes. Confeccionar una lista de tareas pendientes ?y llevarlas a cabo? ayuda a eliminar la sensación de "estar a la espera".
- Disfruta de tu tiempo. Saborea la lectura del periódico del domingo, las siestas, las cañitas con los amigos sin estar pendiente del reloj? Muchos de los placeres que ahora te son cotidianos, desaparecerán al menos por un tiempo cuando llegue tu hijo a casa. Aprovecha ahora para ir al cine, al teatro o salir a cenar con los amigos. Si estás en pareja o si tienes hijos, dedícales tiempo ahora y haz planes con ellos.
- Aprende de los demás. Si es tu primer hijo, pasa algún fin de semana con tus sobrinos o con amigos que tengan niños. Te servirá para hacerte una idea más clara de lo que significa convivir con niños y aprender algunos truquillos. Contacta con alguna asociación de familias y pregunta si organizan encuentros o cursillos. Hablar con familias que han pasado por donde tú estás te ayudará a renovar tu entusiasmo y hacer acopio de paciencia.
- No te obsesiones. Es inútil darle mil y una vueltas cuando nada de lo que hagas puede agilizar las cosas. Cuando tenga que ser será y, día que pasa, ¡un día menos que te queda para abrazar a tu hijo!
Cariños!
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#5
Muy buenos!!!!
He leido todo lo que han escrito!!!
Y he aprendido mucho!
Gracias!
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#6
NOMBRES (MERCEDES MONJO)




De un artículo de Mercedes Monjo, psicóloga y psicoanalista:



El nombre del niño adoptado es el único equipaje, en el sentido simbólico del término, que lleva consigo cuando llega a un nuevo hogar. Es algo que lo arropa y lo viste como una segunda piel. Es el nexo de unión entre el antes y el ahora, lo que le da continuidad. (...)

Hay que respetar su historia previa para que pueda hacer “el pase” de un lugar a otro. ¿Cómo va a hacer ese pase si a medio camino le quitamos el nombre que lo identifica? ¿Quién es este niño al que se ha ido a buscar si no se le deja ser él mismo y se le pide que sea otro niño, un niño nuevo, sustituto quizás del hijo idealizado de unos padres que no lo han podido tener biológicamente? (...) Cuanto más se respete su identidad (...), más fuertes y duraderos serán los vínculos paterno-filiales. (...)

Hay también otros motivos por los que los padres adoptivos cambian el nombre de sus hijos: vienen de un país lejano y el nombre es de difícil pronunciación o bien tiene una connotación negativa en nuestra lengua. Pero en este caso podría hacerse, en complicidad con el niño, una modificación del nombre (un diminutivo, acortarlo cuando se le llama familiarmente, etc.) o añadir un nuevo nombre al que ya tiene, como si se tratara de un nombre compuesto: el niño conserva el nombre propio de origen porque le pertenece, y sus padres actuales lo significan con un nuevo nombre, que añaden al anterior, al igual que le dan el apellido.

Modificar o añadir un nuevo nombre no es lo mismo que cambiar. Modificar o añadir implica respetar y aceptar al niño con sus orígenes y su historia y darle al mismo tiempo una abertura hacia un presente y futuro nuevos. Y también dar una oportunidad a que el propio niño o niña escoja cómo quiere que se le llame. (...)

El cambio de nombre de los niños tiene que ver con la inseguridad y los miedos de sus padres adoptivos. Es un intento de “borrar”, olvidar, no saber de sus orígenes. Es no reconocer el hecho diferencial de su nacimiento. Es no querer que nada recuerde a “aquellos” que le pusieron el nombre. Pero esta posición no beneficia a los niños, al revés, puede ser un elemento más de la dificultad en la integración a su nueva familia.

Más allá de las excepciones que pudiera haber y del estudio siempre caso por caso, solamente en niños recién nacidos o bebés de muy pocos meses, que aún no se han identificado con su nombre, podría aceptarse un cambio.

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Cariños!
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#7
Cambiar (o no cambiar) el nombre

¿A partir de que edad un niño reconoce su nombre? ¿Es mejor cambiarles el nombre o conservar el que tenían antes de la adopción?

BEATRIZ SAN ROMÁN


Tal vez en tu familia todos los primogénitos llevan el mismo nombre de pila y te gustaría conservar la tradición. O puede que, desde hace ya mucho tiempo, tuvieras decidido cuál sería el nombre de tu primer hijo, tanto si era niño como si era niña. Sin embargo, cuando al fin llegue a tu vida, vendrá con un nombre que no habrás elegido.

A los pocos meses de nacer, los niños identifican ya su nombre. Casi todos ellos, miran a quien les llama antes de los ocho meses y, a partir de los dieciocho meses, empiezan a tener una noción de sí mismos como seres independientes, ligada a su nombre y a su imagen física. Sin embargo, durante muchos años ha sido práctica habitual cambiarles el nombre en el momento de la adopción.

En la actualidad, los especialistas en adopción y las asociaciones de adoptados (que son muy activas en otros países con mayor tradición en la adopción internacional) invitan a reflexionar sobre esta cuestión teniendo en cuenta el punto de vista del adoptado. Respetar su nombre puede ser una primera muestra de amor y de respeto a su persona. Después de todo, es una de las pocas cosas que les pertenecen y que pueden conservar tras la adopción.

Si el hijo que esperas vendrá de otro país, es posible que su nombre sea difícil de pronunciar o que suene mal en nuestra lengua. O quizás, como decíamos antes, para ti sea importante darle un nombre que le ayude a sentirse incluído en la familia. En estos casos, se aconseja conservar el nombre original como segundo al hacer la inscripción en el Registro Civil (Sara Mei, Carlos Kirill, etc.).

Aunque el nombre original termine cayendo en desuso, el hecho de que esté presente en sus documentos le ayudará cuando crezca a entender que le quieres y le respetas enteramente, con su historia y con los rasgos que no heredó de ti. Y, además, le dará la oportunidad de decidir por sí mismo en el futuro cómo desea ser llamado.
Cariños!
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#8
Las 12 caracterísicas de las personas adoptadas

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Por David Azcona

En la Voix des Adoptes y ahora también en la Voz de los Adoptados, intentamos trabajar entre nosotros sobre la especifidades de la adopción. La Voix de Adoptes lleva ya años trabajando con un estudio hecho por Michelle Bernier y Johanne Lemieux, en el que tratan las 12 características de las personas adoptadas. En la Voz de los Adoptados estamos trabajando cada uno de los doce puntos. Voy a ir escribiendo un breve resumen de cada una de las características según el estudio, y después escribiré una breve reflexión personal de cada una.

“Nuestra experiencia en post-adopción nos ha llevado a identificar ciertas características propias de los niños adoptados. Se trata de características que se aplican sobretodo entre los 0-12 años, aunque algunas pueden permanecer toda la vida, como el hecho de ser frágiles en sus necesidades primarias.

Por otra parte, muchos niños biológicos pueden presentar los mismos comportamientos, pero lo que constatamos en los niños adoptados es la intensidad, la generalización y la frecuencia de estas reacciones.”

Michelle Bernier y Johanne Lemieux

[url]http://www.quebecadoption.net/adoption/postadopt/pieges.html[/url]

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les recomiendo leer también los comentarios que hace David Azona en su blog acerca de cada una de las características descritas en el estudio citado.[/COLOR]

[B]
1. El instinto de supervivencia



Los niños adoptados son todos extraordinarios supervivientes. Desde su concepción, han sobrevivido física y emocionalmente a una serie de obstáculos que desafían a la imaginación cuando uno se detiene a reflexionar un momento sobre ello.

Durante la gestación: Sobrevivieron a un embarazo seguramente difícil: probable malnutrición de la madre biológica, ausencia de seguimiento prenatal, fuertes posibilidades de tensión de la madre en cuanto a su futuro y al futuro del niño, posibilidad de exposición a contaminantes (drogas, alcohol, productos químicos en agricultura y en fábricas), posibilidad de exposición a enfermedades infecciosas (sida, hepatitis y otras enfermedades de transmisión sexual).

En el parto: Las circunstancias del nacimiento, salvo algunos (raros) casos de parto bajo supervisión medica, debieron también ser bastante difíciles, con secuelas tanto para el niño como para la madre: sufrimiento fetal debido a un trabajo demasiado largo, falta de oxígeno…

Primeros días después del nacimiento: ¿Ha estado alimentado y cuidado convenientemente? ¿Ha pasado miedo? ¿Frío o dolor? ¿Cómo ha vivido la separación de su madre, con calma o con violencia?

El momento del abandono: La noche… ¿solo en un lugar público donde se despertó llorando? ¿Cuántas horas estuvo solo, antes de que lo encontraran? La calidad de los cuidados en casa de una familia de acogida o en un orfanato: ¿Había las suficientes cuidadoras para darles un poco de ternura o atención? ¿La comida era suficiente? ¿De buena calidad? ¿Le cuidaron en caso de fiebre, irritación en las nalgas? ¿Le cambiaron regularmente? ¿Ha sufrido “solamente” la negligencia afectiva o, peor, fue golpeado, herido, atacado? ¿Cuánto tiempo pasó en el orfanato? ¿Días? ¿Meses? ¿Años? ¿Por qué fue elegido para ser adoptable? ¿Porque estaba enfermo o porque tenía buena salud? ¿Como ha vivido el primer contacto con sus nuevos padres? ¿Como algo amenazante? ¿Como si le arrancaran de la gente que él quería? Son cuestiones a menudo sin respuesta que nos indican, sin embargo, la increíble carrera de obstáculos que el niño debió cruzar antes de encontrar una familia. Por otra parte, en el mundo de la adopción, se dice que aproximadamente de cada 10 niños que llegan a un orfanato –no se sabe cuantos no llegaron allí–uno solo será finalmente adoptado.

2. El incomparable

Sin querer, los amigos, la familia e incluso algunos profesionales de la salud pueden hacer la vida dura a los nuevos padres comparando siempre el niño adoptado con los hijos biológicos. Tanto en la curva de crecimiento, como en la edad “normal” de la limpieza o de las habilidades psicomotrices, la comparación puede inquietar inútilmente a los padres. Durante los primeros 6 meses después de su llegada, es necesario hacerse a la idea de que será “incomparable“… y en varios sentidos de la palabra. Será incomparable ya que no responderá a lo que un niño de la misma edad, nacido y crecido en nuestro entorno “debe hacer”. Será incomparable, ya que durante los primeros 6 a 12 meses, se desarrollará a un ritmo extraordinario si se tiene en cuenta su estado el primer día de la adopción. Es necesario centrarse y no dejarse herir ni desestabilizar por las observaciones de los otros. Es necesario comparar siempre al niño consigo mismo. Sólo sabemos realmente el camino que ha recorrido desde su adopción.

Nota: recuerden que esto se refiere a adopción europea, esencialmente a adopción internacional

3. Los sueños difíciles

Durante el primer año, y a menudo más tarde, los niños adoptados viven y hacen vivir a sus padres noches difíciles. Se niegan a dormirse, miedos nocturnos, pesadillas frecuentes, sueño agitado… son cosas corrientes y previsibles en adopción. La calidad del sueño de un niño es el reflejo de la salud física y de su estado emotivo. Es por la noche cuando el cerebro y el cuerpo se limpian de sus cansancios y de sus emociones. Los niños adoptados tienen que realizar tareas enormes durante el día: aprender un nuevo idioma, acostumbrarse a nuevos olores, sonidos, colores nuevos, entrar en relación afectiva con nuevas personas, dejarse querer, acercarse… Esta realidad actual se añade a anclajes de su pasado como haber sido abandonado en plena noche, haber oído niños llorar todas las noches en el orfanato, haber tenido hambre, sed o dolor por la noche sin ser consolado o aseado. ¡Un adulto perdería su latín!, como decimos en francés.Todos hemos tenido noches agitadas antes de un examen o una entrevista. Si como adulto nos es difícil controlar las noches agitadas, es muy difícil pedir a un niño que lo haga.

4. El incomparable

Cuando los niños llegan a nuestras vidas, se sitúan generalmente en una de las dos categorías: ¡Teflón o velcro! Es decir, o se cuelgan desesperadamente de nosotros como un bebé koala dentro de la bolsa de su madre o nos ignoran y tienen con nosotros una relación muy utilitaria. Ninguno de estos comportamientos son deseables. El niño Velcro no es una garantía de un apego instantáneo o de una relación sana a largo plazo, y un niño Teflón no es la garantía de que no se apegará nunca a nosotros. Durante el primer año, habrá una ambivalencia entre los dos modelos de funcionamiento: a veces Velcro, a veces Teflón. No es necesario preocuparse durante los primeros meses, sobretodo si el niño ha sido adoptado con más de 12 meses. Por el contrario, si después de un año estos comportamientos perduran de manera muy intensa, será necesario pensar en la posibilidad de que se trate de síntomas de desórdenes más o menos graves del apego.

5. La reproducción de sus modelos de supervivencia

Si tu hijo/a tiene comportamientos que se consideran extraños, fuera de las normas o provocativos o “incomprensibles”, hay muchas posibilidades de que reproduzca una costumbre o comportamiento que le ha ayudado a sobrevivir. Si se mece solo para dormirse, es sin duda la forma en que se automecía cuando nadie lo hacía por él. Si llama la atención con golpes, es muy posible que sólo obtuviera la atención de los adultos cuando estaba fastidiando. Si oculta comida, es porque le faltó y no está seguro de tener mañana. En lugar de ver este comportamiento como una molestia, es necesario acogerlo como una prueba de creatividad de su instinto de supervivencia. Es necesario tranquilizarlo y asegurarle que no tiene por qué hacerlo, que vosotros estáis ahí como padres para responder a sus necesidades, que no está solo para ocuparse de sí mismo.

6. El desarrollo en escalera

El desarrollo físico, emotivo, social y cognitivo de un niño no se hace de forma continua y lineal. Esto es aún mas cierto en el caso de niños adoptados. Hemos constatado, que tienen mas tendencia a desarrollarse por etapas largas donde nada parece ocurrir y “de golpe” se ponen a hablar, andar, dormir bien, manipular objetos con destreza, etc. Algunos padres se inquietarán en este proceso. No deben hacerlo, sobretodo durante los dos años siguientes a la llegada del niño. Como hemos explicado, un niño adoptado llega normalmente muy frágil respecto a las necesidades fundamentales: comer, beber, sentirse seguro físicamente, crear un vínculo de confianza y apego con sus nuevos padres. La respuesta a sus necesidades es prioritaria para estos niños y no puede pasar a otras etapas como el aprendizaje del lenguaje o de la escritura antes de tener seguridad en sus necesidades básicas. Algunos padres lo olvidan y se concentran demasiado pronto en la adquisición de aprendizajes, ya que están impacientes en que el niño llegue a la guardería o al colegio y temen que tenga demasiado “retraso” respecto a los otros niños. Es necesario ser muy paciente y cuidadoso, no dejar que nuestras propias inquietudes nos hagan olvidar lo esencial: la felicidad antes que el resultado.
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7. Las fases de regresión[/COLOR]


Porque muy a menudo se han debilitado en sus necesidades fundamentales (revisar la pirámide de Maslow), los niños adoptados tienen unas fases donde parece que repentinamente pierden lo adquirido. En situaciones de estrés o cambios, vuelven a orinarse en su cama (después de un traslado, por ejemplo).Vuelven a tener crisis de inseguridad espantosas después de una estancia en el hospital. Olvidan cómo escribir aunque estén en segundo curso debido a la llegada de otro niño en la familia. Esto puede desanimar a los padres que han puesto tanto esfuerzo para ayudar al niño a adaptarse. Los padres pueden preguntarse si han fallado, si lo que ellos han hecho no ha servido para nada, etc. Generalmente, estas fases de regresión son un paso atrás para tomar impuso con el fin de “saltar”más lejos. Pero es necesario descifrarlas, comprenderlas y no dejarse abatir.

8. El seductor o el indiferente

Los niños adoptados son a menudo niños muy encantadores, ¡incluso seductores! Saben qué hacer y que decir para ablandar y seducir a los adultos. Podemos suponer que ellos reproducen en el presente una formula ganadora para ellos en el pasado.Así obtuvieron la atención mínima necesaria de parte de sus cuidadoras, por ejemplo. Por el contrario, estos comportamientos pueden ser a veces muy superficiales y el niño puede convertirse en completamente indiferente si el adulto quiere crear demasiado deprisa una verdadera intimidad emocional con él. Si no está dispuesto a vivir esa intimidad, rechazará al adulto o se volverá sencillamente agresivo. Esto puede despistar a un padre o a una persona próxima al niño: pide de manera encantadora que se ocupen de él y les rechaza cuando se ocupan realmente de él. Tenemos que recordar que el niño ha recibido una pequeña cucharada de afecto cada día antes de su adopción, y puede sentirse agobiado o simplemente ahogado si se le ofrece una inmensa jarra de una vez

9. El miedo exagerado al rechazo y el abandono

Una cosa es cierta: la gran mayoría de los adoptados, los grandes y los pequeños, tienen una sensibilidad extrema ante todas las situaciones donde perciben una forma de rechazo o, peor, un riesgo de abandono. Los adultos adoptados muy jóvenes y que han vivido dentro de familias cariñosas nos dan pruebas constantemente de ello. Tienen sueños recurrentes donde una persona querida no llega nunca a recogerlos a la escuela, o después del trabajo, etc. Toda forma de crítica, incluso constructiva, se vive como una censura, un rechazo. Algunos tienen dificultades para confiar y son muy “independientes” en el ámbito emotivo: ¡Si no me acerco no me podrán hacer daño! Otros no llegan nunca a tener relaciones amorosas duraderas ya que, en cuanto la relación resulta muy íntima, prefieren dejarlo enseguida antes que arriesgarse aser heridos algún día. En los niños pequeños, esto se manifiesta por la necesidad de saber siempre a qué hora y quién vendrá a buscarles a laguardería o al colegio. O por la necesidad de insistir en que todos los miembros de la familia estén siempre juntos, en lamisma habitación, en el mismo coche, etc. Esto puede durar meses o años.
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10. La no-permanencia de las cosas[/COLOR]


Todos los seres humanos prevén el futuro a partir de la realidad de su pasado. Por ejemplo un hombre o una mujer que se han equivocado en numerosos enamoramientos tendrán mucha dificultad para creer en el amor y en el compromiso sincero. Una persona mayor, que vivió la gran depresión de los años 30, guardará siempre una parte del dinero debajo de su colchón antes de depositar su dinero en el banco, etc. En el momento de su adopción, el niño ha vivido al menos en dos lugares (a veces en muchos más): con su madre biológica y a continuación en su medio sustituto. En su corta vida, se habituó al menos a ser arrancado de dos lugares. ¡Y ahora está en un tercero! Si el pasado es garantía del futuro, ¡pensará que éste solo es temporal como las otras veces! Hay, pues, un desfase enorme entre el compromiso y la certeza del padre –que esta totalmente convencido que el niño se quedara “siempre” con él–, y la percepción del niño, que espera, con gran probabilidad, ¡volver a partir pronto o algún día! También despista mucho a los padres que por ejemplo el niño pida cada día, sin parar, si ellos le quieren o si está exageradamente aterrorizado cuando lo riñen, aunque sea por una pequeña falta. Esto hace que sean también muy ansiosos ante todos los cambios: traslado, cambio de guardería, cambio de habitación, separación de los padres, etc. Es necesario, pues, meterse constantemente dentro de su piel y entender que nada es permanente para ellos. Es necesario repetir nuestro amor incondicional, diferenciar entre un comportamiento que no queremos y el que queremos, a pesar de sus pequeños desvíos de conducta. Es necesario tener una gran estabilidad en nuestros hábitos, en el modo de cuidarles, los colegios, las casas, etc.
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11. La fragilidad de sus necesidades primarias[/COLOR]


No es necesario desesperarse por ciertos comportamientos que perduran en caso de los niños. Son simplemente la señal de la amplitud de sus heridas invisibles. Ciertos padres se asombran de que un niño de 10 años adoptado a los 18 meses a veces aún esconda la comida. Es sólo la dolorosa confirmación de que tuvo mucha hambre. En lugar de que lo haga a escondidas y con vergüenza, ¿por qué no ofrecerle tener siempre una barra blanda en un cajón de la habitación, por ejemplo?. ¡Así le acogen en su necesidad y evitan también los malos olores y las sorpresas.
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12. El instinto del pequeño salmón[/COLOR]


Las preguntas y la comprensión de los orígenes varían según la edad emotiva y mental del niño y después del adulto. Esta búsqueda no tiene la misma importancia y significación para todos. Una prueba es que, la mayoría de los adoptados en Quebec no solicitan buscar sus orígenes aun cuando desde 1984 la ley se lo permite. Sin embargo, para algunos, esta necesidad de saber se convierte en una búsqueda con un significado enorme. Como el salmón, están dispuestos a romperse las aletas contra las rocas y agotar su energía vital para obtener una respuesta a este instinto de retorno a sus orígenes. Esta necesidad es a menudo interpretado por los padres como una desaprobación de la relación adoptiva, como un fracaso del amor mutuo. Los padres piensan erróneamente que no le han amado bastante, que no repararon suficiente el pasado, que van a perder alguna cosa especial con su hijo si le dejan o le animan a volver a su país.Algunos padres también quieren evitar un sufrimiento a su hijo, que se decepcione si no encuentra las respuestas o el objeto de su deseo. Es necesario, como padres prepararse mentalmente a aceptar esta etapa. La mejor manera es ordenar nuestros contenciosos y nuestra “lógica privada” con los padres biológicos de nuestros hijos (aunque en China, por ejemplo, la posibilidad de referencias de los padres biológicos sea muy escasa). Si consideramos a los padres biológicos como personas que forman parte de nuestras vidas, que han sido y son aún personas significativas para nuestros hijos, no evitaremos el despertar del instinto del “pequeño salmón” y lo viviremos de una manera mucho más constructiva. Una negación de la legitimidad de esta búsqueda puede verdaderamente poner en peligro la calidad de la relación padre-hijo. En cambio, una apertura sincera no puede más que enriquecerla.
Cariños!
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#9
[SIZE="3"]Nuestras urgencias y prioridades, ¿son las suyas?[/SIZE]
[SIZE="1"]Adopcion y Escuela, Reflexiones al sol, retos-y-dificultades —
Beatriz San Román a las 10:54 pm el Domingo, Mayo 31, 2009 [/SIZE]

Esta semana dos madres, que ni siquiera se conocen entre sí, me han dicho que nuestros hijos son “niños de largo recorrido”. Me gusta la expresión, creo que refleja muy bien algo que nos lleva años aprender (al menos en mi caso) y que tendemos a olvidar en el trajín de las prisas cotidianas.

Mi hija llegó a nuestra familia con algo menos de 24 meses. Recuerdo que los primeros dos años (quizás algo más) yo estaba extasiada con la rapidez con la que aprendía cosas nuevas. Como buena madre primeriza, almacenaba en mi cabeza mil y una anécdotas que me reafirmaban en eso de que los niños son como esponjas, y en que mi hija era la más lista del mundo mundial.

Con el tiempo, he ido aprendiendo que sí, que como todos los niños tiene una enorme capacidad de aprender, que a veces parece mucho más madura que otros niños de su edad… pero que también hay algunos aspectos donde su ritmo es más lento, y donde nuestras prisas de adulto plantean exigencias injustas que nos provocan después una falsa sensación de fracaso. A nosotros, pero sobre todo a ella.

Es algo que he ido intuyendo con el tiempo, y que vi con claridad meridiana una Semana Santa. No salimos de vacaciones ni hicimos grandes planes, pero no había deberes, ni madrugones, ni “venga-que-vamos-a-llegar-tarde”. Fue entonces cuando me di cuenta que, al eliminar la presión, mi hija se transformaba. ¡Qué gozada verla canturrear y reír a carcajada limpia de la mañana a la noche! ¡Y que rápido se avanza cuando uno se siente feliz!

Las jornadas de nuestros hijos vienen cargadas de retos y exigencias que marcan los adultos. Y de recordatorios y presiones constantes. Que si no te metas el dedo en la boca o no te muerdas las uñas, que si te tienes que acordar de prepararte la mochila del cole, que si en la mesa no se juega, que si así no se contesta, que si no has hecho aún los deberes, que si te tienes que esforzar más en el cole…

Queremos (por su bien, todo creemos hacerlo por su bien) que aprendan a compartir y a dominar su genio, que mejoren su caligrafía, que sean ordenados y educados, que sigan el ritmo de las clases… Y está bien que eso nos preocupe, porque es parte importante de los aprendizajes que les ayudarán en el futuro a ser personas autónomas e independientes.

Lo que cuestiono (y me cuestiono) es si las prioridades y los plazos que marcamos son adecuados. Tengo la sensación de que a veces nos empecinamos en exigirles más de lo que pueden simplemente porque “se supone” que son cosas que a su edad deberían tener dominadas hace tiempo. Como si ellos hubieran tenido siempre la estimulación, el cariño, la seguridad y la ayuda necesaria para desarrollarse que “se supone” que todo niño tiene en esos primeros años de vida tan fundamentales.

Creo que muchas veces presionamos a nuestros hijos para que se esfuercen en objetivos que están lejos aún de su alcance. Y que, al hacerlo, perdemos un tiempo y una energía preciosos que podríamos centrar en hacerles avanzar en lo que realmente es prioritario. Nuestras metas de adultos (aprobar el control, librarse del pañal nocturno, dejar de morderse las cutículas, etc.) distraen sus esfuerzos y los nuestros en aspectos más prioritarios (aunque quizás menos visibles a los ojos de los que les rodean).

Antes me preocupaba si mi hija aprendía o no las mates al ritmo de sus compañeros, pero ahora he entendido que eso es lo de menos. O que es importante, pero no prioritario. He comprendido que su motivación y su capacidad de tolerar la frustración repercuten mucho más en sus avances que los ejercicios de refuerzo. Que lo prioritario es dedicar el tiempo que pasamos con ellos a que se sientan incondicionalmente queridos y apoyados, y a fomentar el autoconocimiento, el autocontrol y la autoestima. Sin ellos, las otras metas no son estimulantes desafíos, sino pruebas que no superan y que les hacen sentirse inseguros e incompetentes una y otra vez.

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Cariños!
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#10
[SIZE="3"]Llegada de un niño y hábitos de sueño[/SIZE]

Nota: Aunque se refiere a adopción internacional, presenta algunas refelxiones muuuy ineresantes.... desde la llegada de un niño a nuestra casa, por pequeño que sea que ah estado en un hgar o Casa Cuna, o en una Familia Guardadora... en una casa, ambientes, etc... distintos.....

Encuesta: Muchos de los niños que llegan procedentes de Adopción Internacional suelen tener, durante los primeros meses, dificultades para conciliar el sueño. ¿Estas a favor de los métodos para enseñar a dormir a los niños (aunque estén en proceso de adaptación), o consideras que lo más importante es que el niño se sienta tranquilo y seguro, aunque suponga mantener un "mal hábito de sueño"? ¿Con qué profesionales estás de acuerdo?

Total votos: 372 Respuestas nº Votos
Con los que recomiendan mostrase firmes para que el niño aprenda a dormir solo y recomiendan métodos "infalibles" para ello. 59 (16 %)

Con quienes consideran que lo fundamental es afianzar el sentimiento de seguridad del niño, aunque ello suponga dormir al niño en brazos, darle la mano hasta que se duerma, etc... 313(84 %)


Muchos niños que son adoptados, sufren durante los primeros meses alteraciones en su hábito de sueño. Es algo normal, tienen que aprender un montón de cosas nuevas y reciben grandes cantidades de estimulación a todos los niveles, lo que les puede producir elevados niveles de activación. Además, están descubriendo sensaciones maravillosas, están aprendiendo lo que significa el ser atendidos, queridos y aceptados y por nada del mundo desean separarse de esas personas que se lo están proporcionando, porque.... y si al despertarse....¡ya no están!!!!!

Nuestro mundo, nuestras rutinas y un montón de cosas que para nosotros son normales, para los pequeños son estímulos nuevos y experiencias desconocidas y todo eso, a veces, produce un poquito de miedo . Más aún por la noche, cuando pretendemos que se queden solos en su cama. Para ayudarles es esencial, en primer lugar, comprender qué les está pasando, entender qué necesitan e intentar proporcionarles la seguridad y confianza que requieren. Un método rígido para enseñar a dormir, que no tiene en cuenta esas necesidades emocionales, conseguirá que el niño "aprenda a dormir", sí, ¿pero a que coste?

Mantener unos horarios fijos, efectuar un ritual antes de ir a dormir y proporcionar al hijo la presencia física y emocional que necesita son los mejores ingredientes para instaurar un buen hábito de sueño afianzando la seguridad emocional.

Conclusión del especialista: totalmente de acuerdo con los resultados de la encuesta. El sentido común de los papás y los dictados de su corazón son sabios


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#11
Ser adoptado a veces duele

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#12
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#13
RECONOCER LO QUE ‘ES’ EN ADOPCIÓN
Por Marta Hermosilla V.
Octubre 2006

“Tus hijos no son tus hijos, son los hijos de la vida”
Khalil Gibran

Voy a comenzar contándoles una historia real. Una niñita nació y su madre decidió que no podía quedarse con ella y la cedió en adopción. La niña, inconscientemente, decidió no comer. Podríamos decir que sintió que no era querida, que había sido abandonada por la persona que le dio la vida, y decidió no comer, es decir, decidió no ‘tomar’ la vida, decidió morir.

¿Puede un ser humano recién nacido suicidarse? Al parecer sí. ¿De donde proviene esa decisión de no vida? Un terapeuta alemán fenomenólogo, Bert Hellinger, ha desarrollado un método que ha llamado Constelaciones Familiares el que permite a una persona ver, literalmente, los lazos que se dan en su familia (actual y de origen) y la forma en que su situación presente está determinada por dichos lazos, especialmente cuando estos obedecen a un amor ciego o a la exclusión de algunas personas de la familia. La constatación de la capacidad que tenemos todos los seres humanos de resonar unos con otros es uno de los aspectos mas sanadores y sobrecogedores del trabajo que ha desarrollado Hellinger. En una constelación el que consulta debe plantear su problema en forma sucinta (dice Hellinger que todo problema real puede plantearse en a lo máximo tres frases) y después elige al azar personas del público, pues se trabaja generalmente en grupos, para que ‘representen’ a las personas de su grupo familiar y a él mismo.

(....)

Han sido llamadas constelaciones familiares porque dentro de un sistema vincular cada integrante tiene su lugar y sus movimientos inciden en el resto. La técnica se basa en el principio de unidad y considera como sistema, el formado por todos los integrantes actuales y pasados de la familia, más todos los que hayan dado o tomado algo de ella, por ejemplo, los parientes políticos, las personas con las cuales uno de los integrantes se ha vinculado afectivamente o el asesino de algún miembro de este sistema familiar.

Cuando se presenta algún problema, ello implica un desorden, un desequilibrio porque se han infringido los ‘órdenes del amor’ que según Hellinger dentro del sistema tienen la calidad de leyes. A veces, el desorden es producto de la exclusión o del olvido de alguno de sus miembros, o de la compensación inadecuada entre dar y recibir o del juicio de los padres por parte de los hijos o bien de que alguien intenta ocupar el lugar de algunos de los integrantes del sistema familiar para evitarle un dolor. En la atenta observación de los movimientos internos y externos que se presentan en una constelación familiar, la persona comprende el por qué del conflicto que existe, accede al sistema de lealtades que rige en su familia y a la revelación de secretos que en algunos casos se mantuvieron ocultos durante años y que estarían perjudicando el funcionamiento de uno o más miembros de la familia, mientras no se comprendan y compensen. Hellinger plantea que somos parte de una larga cadena viva que se extiende desde el pasado remoto y hacia el futuro. Al permitir que la energía de nuestros ancestros fluya hasta nosotros, nos nutrimos y con dicha energía podremos avanzar en sintonía con nuestro destino individual y grupal.

Hace algunos años la psiquiatra Lola Hoffman, cuando se encontraba enferma, quedó mirando en su casa los cuadros de sus abuelos, y se conectó con la fuerza de ellos, que emanó hacia ella desde su imagen y sus apellidos (que en castellano podían traducirse por arroyo riente y alegría) y sintió un renacer de su energía, mejoró considerablemente de sus males físicos y volvió a trabajar con el entusiasmo que la caracterizaba. Fue tan grande su entusiasmo que llevó a muchos de sus pacientes a trabajar en mirar las fotos de sus antepasados, con la mente orientada positivamente hacia sus cualidades.

Ello tiene una cierta similitud a la tarea que propone Hellinger, de agradecer a los padres, darles la ‘honra’ por la vida entregada. Éste plantea que los seres humanos necesitamos de la bendición de nuestros padres. Menciona que “estrictamente hablando, el ser humano no viene de los padres, sino a través de los padres. La vida viene de ellos y no sabemos qué es aquello. Al mirar hacia allá, entonces no miramos lo cercano, sino el fondo último, sin darle ningún nombre. Por lo tanto si el hijo se inclina con respeto ante su padre, pidiéndole su bendición, se entrega a esa corriente.

Asimismo la bendición no viene exclusivamente de los padres, sino que llega de lejos, a través de ellos”. En el caso de la niña de quien comencé hablando, claramente se han transgredido los “órdenes del amor”. La madre, no sabemos por qué razón, pero tiene que ser una muy poderosa, no ha podido hacerse cargo de su hija. La hija ha sufrido un fuerte dolor, un abandono y lo ha traducido en muerte, se inclina hacia el morir. La niña ha sido excluida de su familia de origen, según Hellinger a los excluidos se les niega el honor, la pertenencia o la igualdad de rango. Y en una familia todos los miembros tienen el mismo derecho de pertenencia, el que sólo se pierde, dice él, cuando una persona se convierte en asesino. Esta niñita, que era sana sin que se le descubriera mal alguno, vivió siendo alimentada por una sonda, estuvo hospitalizada hasta los cinco meses y medio, intentándose hacerla comer, sin resultados. No solo no comía sino que su organismo no respondía a la cantidad de alimentos recibidos a través de la sonda. Desde los cinco y medio meses de edad, estuvo al cuidado de una familia voluntaria, compuesta por padres e hijos ya mayores, quienes se encariñaron con ella. Cuando la niña tenía alrededor de año y medio, una pareja del extranjero quiso adoptarla. Los cuidadores se preocuparon por el efecto que el traslado y el cambio de personas podría ocasionar en la niña. Consultaron al respecto y al darse cuenta de los efectos del abandono y considerando lo que sentían por ella, decidieron adoptarla y al llegar a su casa se dirigieron a ella y le dijeron “Bienvenida a tu familia” y en ese mismo momento, la niña comenzó a comer. Creyó lo que le decían y lo comprendió, no a un nivel cognitivo, ya que era demasiado pequeña para entender lo que significaba, sino a un nivel más profundo, corporal. De acuerdo con Hellinger, sería por la pertenencia al ‘Gran Alma’ común a los seres vivos. La decisión de los cuidadores implicó una total aceptación de la niña, con su problema, el tipo de aceptación incondicional que se espera de los padres, y que no operó en el caso de sus progenitores, por el motivo que sea.

Hasta donde yo sé, esta niñita tiene ahora unos cinco años y se desarrolla bien, va al colegio, tiene amistades, hace una vida totalmente normal. No ha vuelto a tener problemas para comer. Hellinger en general tiene reparos frente a la adopción. Considera que tomar o dar un niño en adopción, sin verdadera necesidad, es una gran culpa, una intromisión en determinados órdenes, “el lugar de los hijos es al lado de sus padres”. Considera que la adopción es justificada cuando los padres murieron y el niño es abandonado. Cuando se presiona a una mujer para que entregue a su hijo, cubriendo la necesidad de padres infértiles, dice Hellinger, se comete una gran injusticia: hacia el niño mismo, hacia los padres que se encuentran en una situación de necesidad y son forzados a la cesión y constituye una falta de respeto al propio destino de la persona al no aceptar su realidad de ser infértiles.

El señala que lo anterior se aplica a las adopciones realizadas a la ligera, cuando una persona o una pareja quiere tener un hijo para si mismo, en vez de socorrerlo en su situación de necesidad. Dice que se opone al abuso en la adopción. “Cuando un hijo adoptivo ve que sus padres carnales no le ofrecen ningún apoyo, puede reconocerlos como sus padres, sabiendo sin embargo, que únicamente puede desarrollarse al lado de sus padres adoptivos. Así honra tanto a sus padres carnales como a los adoptivos” (1, pag. 148). Habla Hellinger de las adopciones honrosas y las peligrosas. Considera que si un niño no puede ser criado por sus padres y necesita de otros padres, la primera búsqueda debe dirigirse a los abuelos, lo que facilita la vuelta a los padres si las condiciones cambian. Solo si no se encontrare a nadie en la familia, pueden buscarse a padres adoptivos o de acogida. Dice Hellinger que “el factor decisivo es la actitud de los padres adoptivos. Si realmente actúan con las mejores intenciones para el niño, la adopción tiene buenas posibilidades de salir bien”. Muchas veces los padres adoptivos tienen más en cuenta sus propios intereses, son parejas que se rebelan contra las limitaciones que les impone la infertilidad. Implícitamente piden a niño que les proteja de la desilusión. Ahí quedarían trastornados tanto la orientación fundamental del dar y tomar como el orden de sus relaciones, incluso antes de comenzar éstas.

Lo anterior concuerda con y justifica los esfuerzos de las instituciones, de investigar profundamente las motivaciones de las parejas que desean adoptar, el hincapié que se hace en las necesidades de apertura, de no mantener secretos en la adopción, de revelar oportunamente el hecho, y desde su interior, poder agradecer a quienes le dieron la vida al niño, de modo que éste también, cuando vaya creciendo, pueda inclinarse ante sus progenitores, sin juzgarlos, agradeciéndoles dicha vida. Justifica también el trabajo que se realiza con las madres biológicas, al hacerlas meditar sobre su decisión, al ayudarlas a quedarse con el hijo. Ello permite que los padres adoptivos puedan asumir su rol, sin culpas, pues no sólo no se ha hecho presión sobre las madres para que cedan sus hijos, sino que se las ha ayudado a que, en muchos casos, se queden con ellos. Meditando sobre los diversos problemas que hay que encarar en la familia adoptiva, tanto por parte de los padres como de los hijos, podemos ver la importancia de los planteamientos de Hellinger y obtener de ellos una guía para prevenir conflictos.

Lo primero que se desprende de dichos planteamientos es la importancia de no tener secretos sobre la adopción. Ello implica que el niño debe saber desde muy temprana edad su realidad adoptiva. La actitud interna que los padres adoptivos tengan hacia los progenitores va a ser captada por los hijos: lo que los padres sienten sobre la adopción será lo que los hijos sientan sobre ella. Y aquí no se puede disimular ni decir lo que no se siente. De acuerdo a lo que Hellinger ha comprobado, los seres humanos perciben la realidad, pero si esta realidad es ambigua, si hay en el fondo desdén y prejuicios hacia los padres biológicos, los hijos lo sentirán, y ello contribuirá a una mala autoestima, a un sentimiento de inferioridad por el abandono y a una mala relación con los padres adoptivos.

Los progenitores son personas a quienes los padres adoptivos debemos agradecer y aceptar junto con tomar y aceptar al hijo. E incluso impetrar su bendición para los niños y para nosotros, que estamos cuidándolos en su lugar. A algunos padres adoptivos les cuesta reconocer que no son los padres biológicos de su hijo, hay una ilusión en la que es fácil caer, ya que los hijos son tan queridos, que cuesta pensar que fueron engendrados por otras personas y sentir que no son míos o nuestros. Es natural no querer pensar en quienes les dieron la vida, pero el grave problema es que así se procede, sin planearlo, a excluir a los progenitores. En forma total al progenitor hombre, ya que es un hecho comprobado que los hijos adoptivos en general no preguntan por él, y en forma parcial a la progenitora, porque es necesario hablar de ella al contarle al hijo de su adopción, los repollos y la cigüeña están en retirada en nuestra cultura. Y se excluye totalmente al sistema familiar de origen del niño.

Creo que para dar al hijo adoptivo confianza en si mismo, aceptación de su realidad, y que no haya conflictos en ello, es necesario aceptar que ese niño pertenece a dos sistemas familiares, que van a entrelazarse en sus influencias inconscientes sobre su psiquis. Creo que es importante que el hijo aprenda a respetar, a honrar y a no juzgar a sus progenitores, que acepte que él viene a través de personas que no conoce, al igual que todos los seres humanos, que conocemos muy poco de todas las generaciones que nos anteceden, pero que podemos recibir de ellos energía, la fuerza necesaria para vivir en buena forma y necesitamos recibir su bendición. Trabajando por casi dos décadas con familias adoptivas, he podido constatar que una gran cantidad de problemas proceden de los secretos, de las cosas que se perciben vagamente, pero de las cuales no se habla, incluso es peligroso el dar mensajes con toda buena fe, que después resultan falsos.
Recuerdo una señora que adoptó dos niñitas, ella era soltera y las convenció que era mejor que ella no estuviera casada pues así podía quererlas más y dedicarles todo su tiempo. Cuando las niñas tenían alrededor de ocho años, ella se reencontró con un viejo amor, y se casó. Las niñitas cayeron en una crisis, la madre las había convencido que era mejor que estuvieran las tres solas, y ahora era muy tarde para convencerlas de lo contrario, perdió credibilidad y las niñitas sufrieron mucho, y por tanto la madre también. Otro caso que recuerdo es el de una pareja que adoptó dos hijos y les contó que eran adoptados, pero les dijeron que ese era un secreto de familia, y nadie tenía por qué saberlo. En su adolescencia una hija supo que una persona amiga lo sabía, e hizo una fuerte crisis que, aumentada por la edad que tenía, creó graves problema de convivencia y llevó a esta chica a conductas extremas y negativas.

Sólo reconociendo con humildad la realidad de la existencia de padres biológicos, nuestra dependencia de su decisión, nuestro agradecimiento por el don de la vida que ellos le dieron y la bendita tarea que asumimos de cuidar al niño, educarlo, quererlo y recibir su amor, podemos pretender llevar esta misión a un final exitoso, que es el de tener hijos sanos, capaces de amar y trabajar.

REFERENCIAS:
- Hellinger, B., ten Hovel, G. (2000); “Reconocer lo que es”; Editorial Herder,
Barcelona.
- Hellinger, B., Bolzman, T. (2003); “Imágenes que solucionan”, Editorial Alma
Lepik. Buenos Aires.
- Hoffman, L. (1979); Comunicación personal.
- Kalawski, A. (2005); Comunicación personal.
- Lauro, Graciela (2006); “La reconciliación con el origen y el destino”; Editorial
Ameba, Buenos Aires.
- Weber, G. (ed)(1999); “Felicidad Dual: Bert Hellinger y su psicoterapia
sistémica”; Editorial Herder, Barcelona.

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Cariños!
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#14
Mamá, papá, en mi mochila tengo algo que quiero pedirles
Columna de Jorge Barudy, psiquiatra Infantil / Maryorie Dantagnan, psicóloga infantil
Adoptar a un niño o una niña es posible por el carácter altruista y amoroso de la especie humana. Este altruismo social es una garantía de supervivencia para todos, porque ninguna persona por muy poderosa que se crea puede sobrevivir sin los cuidados y el afecto de los demás. Esto es aún más válido cuando se trata de las crías humanas. Nacemos habiendo justo alcanzado un desarrollo para sobrevivir fuera del útero materno, el resto depende de los cuidados y la protección que por lo menos un adulto, mujer u hombre, con las capacidades necesarias, puedan brindarnos.

Cuando una persona, una pareja o una familia encuentra por primera vez a su hijo o hija adoptiva, nunca tiene que perder de vista esto, que es también valido para cualquier hijo o hija biológica. La diferencia es que este niño o niña que será parte de vuestra familia, tiene una historia anterior. Nació de una madre y de un padre biológico que no le pudieron criar, o le criaron mal si la adopción es más tardía, porque sus historias de vida y sus condiciones de vida actuales no les permitieron desarrollar las capacidades parentales para hacerlo.

Por lo tanto, el niño o niña que recibirán trae en su mochila imaginaria tres peticiones:

La primera: Cuídenme, trátenme bien y sobre todo edúquenme, para seguir creciendo y aprender a cuidarme y a tratar bien a los demás.

La segunda: Ayúdenme a superar el sufrimiento y a reparar el daño de mi experiencia previa, de mis padres biológicos o de las instituciones en las que viví, porque no les habían enseñado a criar adecuadamente a los niños.

La tercera: Cuando mi cerebro y mi mente hayan madurado lo suficiente gracias a vuestros cuidados y educación y les pregunte sobre mi origen, cuéntenme sin miedo, pero con mucho cariño, que nací de otra mujer y de otro hombre, y ustedes son mis papás ahora.

Ser padre o madre adoptiva es una aventura maravillosa, pero como tal hay que prepararse y dejarse guiar. La parentalidad biológica ya es un desafío importante y sólo se logra “el título” después de hacerlo más o menos bien con el primer hijo. Convertirse en padre o madre adoptiva es un desafío mayor, por lo singular de las tareas enunciadas. Se puede considerar como una especialización o una forma de obtener el titulo Honoris Causa de padre o madre.

Si somos buenas personas, abiertos a ser ayudados y ayudar a los demás, seguro que el proceso que se inicia al recibir nuestro hijo o hija tendrá momentos difíciles, pero un final feliz.

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Cariños!
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#15
fantástico....es tan cierto todo, pero falta tanta información, me he encontrado tantas veces con gente con muchas ganas, pero sin el perfil, sin conocimiento o con muchos mitos, nos falta un gran camino por recorrer y cada uno los que hicimos crecer nuestra familia, con adopción como filiación, estamos llamados a educar, no solo a nuestros hijos, a quienes nos rodean, no con pedantería, ni enojo, con el ejemplo, con el vocabulario, y con la tranquilidad que da el saber, que nos estamos preparando para educar lo mejor posible a nuestros hijos, sin miedos, sin tabúes, de frente con la aceptación de nuestras historias, y la felicidad de nuestros encuentros.
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#16
[SIZE="4"]El duelo en los hijos adoptivos [/SIZE]
[I]“La elaboración del duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida de lo que no está, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta su ausencia.”

Es natural, para la mente de un adulto, hacerse a la idea de que a lo largo de la vida irá enfrentando pérdidas de una u otra índole, es natural - para el adulto-, enfrentar esas pérdidas y replantearse prioridades para continuar viviendo… es natural elaborar un proceso de duelo, en el que se vivan intensamente las emociones que éste provoca… pero, ¿es natural para un niño tener que elaborar un duelo sin tener siquiera idea de lo que esto significa?

Cuando hablamos de adopción, generalmente vemos la parte positiva y sanadora del proceso, hablamos de un encuentro entre corazones que se necesitaban y se amaban sin conocerse, un encuentro entre padres e hijos adoptivos que trae alegría a sus vidas, y ésta visión luminosa de la adopción es la que en ocasiones nos impide observar que para haber llegado a ese punto maravilloso de encuentro, antes se tuvo que haber pasado por un desencuentro terrible.

Se sabe de antemano cuáles podrían ser los duelos que elaborarían los padres adoptivos, la ausencia del hijo biológico, la renuncia a procrear un ser de su propia sangre, desistir en ocasiones de presenciar la primera sonrisa, la primera palabra o los primeros pasos de sus hijos, en caso de haberlos adoptado grandecitos, pero ¿cuáles serían las pérdidas que enfrentan los hijos adoptivos? ¿Hay realmente algo que sanar en ellos?

Situémonos en un panorama común, donde el hijo adoptivo tiene conciencia y uso de razón, donde ha pasado algunos meses o años de su vida en una institución o con alguna familia de acogida, pensemos en ese niño que finalmente llega a casa con sus padres adoptivos y tratemos de entender todas las pérdidas a las que se ha visto sometido:

1. La renuncia a su familia biológica. Ese primer abandono y sentimiento de rechazo de quienes le procrearon y no pudieron o quisieron quedarse con él. El niño se ha enfrentado a su corta edad a perder algo que por naturaleza tendría que haber estado ahí.

2. La pérdida de la seguridad que le da el ambiente previo. Cuando los niños viven institucionalizados, frecuentemente crean mecanismos de defensa que les ayudan a sobrellevar las situaciones antinaturales que están viviendo, entre ellos está el confort que les brinda conocer el lugar en el que viven, saber las reglas, lo que se espera de ellos, las consecuencias de tal o cual acción, incluso los lugares donde refugiarse cuando se tiene miedo o enojo. Al llegar a su nueva casa, el niño se ve privado de ésta seguridad creada por él mismo.

3. La pérdida de figuras importantes. Puede tratarse de un cuidador, de algún maestro o alguien con quien haya generado vínculos afectivos; si se trata de una familia sustituta, el niño puede haber creado lazos en los que inconscientemente se ataba a esa familia como parte de ella. Al momento de ser adoptado, el niño se ve privado también de esta afectividad previa.



Nada de esto significa que la adopción sea dañina para él, por el contrario, la adopción se convertirá en el mejor regalo para el niño, pues además de brindarle todos los beneficios de crecer en un núcleo familiar estable y amoroso, será el catalizador más potente para poder elaborar sus duelos no trabajados.

Cada una de las pérdidas antes mencionadas es importante, cada una deja huella y a medida que el niño crece y comprende con mayor detenimiento su situación, las heridas empiezan a notarse y pueden empezar a lastimarle. Es necesario, por lo tanto, que el niño lleve un proceso de elaboración de duelos, no para que olvide por arte de magia, sino para que pueda hacer soportable el dolor que acarrea esa etapa de su vida.

La realidad es que no podremos cambiar el pasado de nuestros hijos, que las pérdidas a las que han tenido que enfrentarse estarán siempre presentes de una u otra manera, quizá como crisis en algún momento, quizá latentes y pasando desapercibidas la mayor parte del tiempo, pero estarán ahí y si no se trabajan adecuadamente se corre el riesgo de que alguna situación similar a la pérdida original desencadene situaciones de angustia en nuestros niños.



De acuerdo con los expertos en tanatología, todo proceso de duelo debe cubrir 5 etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Sin importar el orden en el que se vivan, el tiempo que dure cada una o si se salta de una a otra en varias ocasiones, es necesario vivirlas para poder sanar.

La forma en que los niños viven estas 5 etapas es muy particular, ya que a diferencia del duelo elaborado por los adultos, los niños no poseen tantas herramientas como nosotros, ellos tienen mayor dificultad para poder nombrar sus sentimientos y manejar las emociones que sus pensamientos les despiertan.

A diferencia de una pérdida por muerte, por ejemplo, en el caso de la adopción no hay un momento que pueda identificarse como el momento preciso de la pérdida, el niño las va acumulando desde el primer abandono (del que no es consciente la mayoría de las veces) y solo percibe la magnitud de la situación hasta muchos años después, lo que va acumulando varios años de reacciones incomprensibles tanto para él como para sus padres.

Es común ver en los niños adoptivos, actitudes de rebeldía o reto que son perfectamente normales, y aparecen por lo general una vez que se han instalado en su nuevo hogar; éstas actitudes se atribuyen a la necesidad de expresar su angustia y su dolor, que al no ser consciente no puede ser manejado de otra manera sino con arranques temperamentales.

Los niños mayores necesitan asegurarse de una u otra forma, que por más que la situación sea grave o crítica ellos no volverán a perder eso que aman (en este caso sus padres), por lo tanto forzan las situaciones a grados extremos en donde si los pierden será pronto, sin haberse encariñado mucho, y si no los pierden en ese momento pueden sentirse seguros de que se quedarán por siempre con ellos.



En casos extremos, donde el niño adoptado ha sido víctima de situaciones traumatizantes como violencia o abandono inhumano, ésta violencia a la que fue sometido se queda grabada en su interior y necesita sacarla y proyectarla en alguien más, es decir, el niño siente que aquellos que deberían haber cuidado de él le han fallado y asimila ese concepto, cuando llega con la familia hará lo imposible por demostrar(se) que ese concepto es real, así que en ocasiones jugará de tal forma que logre discusiones entre sus padres adoptivos y esa situación le generará confianza pues reafirmará su concepción previa “los adultos fallan”.

Es importante conocer estos casos para no caer en el error de etiquetar a los niños como malas personas o inadaptables, al contrario, los niños que muestran este tipo de actitudes están gritando que quieren sanar, que necesitan cambiar ese concepto, que necesitan tener la paz y el amor que sus padres quieren brindarle.

Si estas acciones se viven en casa, no teman, solo dense cuenta que la negación, la tristeza, las rabietas, el enfado que muestran sus hijos son síntomas del dolor que viven y que no podemos ignorar, es importante ayudarles a reconocer ese dolor, a ponerle nombre a lo que sienten, a hablar de lo que les molesta y lo que les lastimó ya que nosotros tenemos las herramientas que quizá ellos no poseen, no teman hablar de su pasado, no evites hablar de su dolor ya que eso no hará que su sufrimiento desaparezca y por el contrario, si logran compartir esta parte tan íntima de su vida con sus padres adoptivos, la relación se fortalecerá.

Tengamos en cuenta que para los niños reconocer el dolor y sanarlo no es una etapa, es un proceso y como tal requiere tiempo y mucho compromiso, y probablemente será imposible imaginar el punto en el que éste termine, pero no significa que no terminará.

Procuremos sanar estas heridas junto a nuestros hijos antes de que hagan un daño consciente, empecemos a trabajar el duelo desde que lleguen a nuestros brazos, el hecho de que un bebé o un niño de 2 años no comprendan conceptos abstractos no significa que no sienta angustia o dolor. Se ha comprobado científicamente que incluso los bebés pueden sentir angustia y sufrir con la pérdida de la madre, el padre o la persona que los cuida. 1

Una forma de saber si nuestros pequeños menores de 3 años están enfrentándose a un momento de pérdidas significativas es la llegada al nuevo hogar ya que al no ser capaces de enfrentar sus sentimientos y expresarlo con palabras, actúan con llantos inexplicables, cambios o problemas en la alimentación y el sueño, rabietas y regresiones.

No olvides que el primer paso para acompañarlos en el proceso de duelo es brindarles mucha paciencia, comprensión y proximidad, respetando siempre su espacio personal.

Los niños tienen, más que cualquier otro ser humano, una habilidad de autocuración impresionante, confía en ellos, confía en la fuerza que tu amor les inyecta y acompáñalos en cada decisión, en cada pregunta y en cada miedo, buscando y protegiendo siempre su bienestar; saber que estas ahí para ellos ayudará a que sus heridas cierren más rápido y los lazos entre ustedes sean irrompibles.



1Cfr. SAN ROMAN, Beatriz “La aventura de convertirse en familia”. Editorial Beybe Diseño y Producción SL, Madrid España
Cariños!
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#17
6ª Conferencia: HABLAR DE ADOPCIÓN
Lila Parrondo, psicóloga y Directora de Adoptantis
Carolina Estrany, Presidenta de la Asociación de Ayuda al Adoptado.

Queridos amigos:

Aunque vuestro corresponsal pueda parecer un poco zángano, al final termina por enviaros la crónica.
La sexta charla, bajo el título "Hablar de Adopción", nos acercaba a la forma de afrontar el tema de la adopción, tanto al hablar con nuestros hijos como con la gente de nuestro entorno e incluso con los desconocidos.

Aunque la propia Lila Parrondo en su libro "Adoptar: otra forma de ser padres" (Ed. Diagonal, 2001) verEnlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos.da un buen ejemplo de cuento para contarle al niño su origen, en la charla se evitaron las recetas concretas: se trataba más bien de conseguir ponernos en situación para que una pregunta de nuestros pequeños, o de cualquier otra persona no nos pille a contrapié sin tener el asunto meditado y seamos capaces de dar a cada cual la información que realmente sea conveniente según el momento.

(El libro de la autora americana Lois Ruskai Melina "Cómo educar al niño adoptado" Ed. Médici, 2001- tiene un amplio capítulo sobre "hablar de adopción" donde se plantean diversas situaciones, con recomendaciones concretas de qué decir, aunque al final tampoco dan la impresión de ser recetas mágicas: me da que cada uno tiene que elaborar su propio discurso.)
Abrió el encuentro Lila Parrondo, dando una visión global sobre los problemas y situaciones que pueden surgir al hablar de adopción.

En primer lugar, recalcó que nunca hay que menospreciar la historia previa que trae cada niño o niña cuando se les adopta: incluso en el caso de los que se han integrado con sólo unos meses a la familia, necesitan tener una explicación racional de toda su historia, de donde surgieron y por qué; cuando hay lagunas en la historia, se lo intentan explicar a través de la fantasía, construyéndose cada uno su mito sobre el origen.

El pasado: hasta hace unos 15 ó 20 años, lo habitual era ocultar el origen al niño y a la sociedad (incluso, muchos profesionales lo recomendaban), llegando a simular embarazos o inventando historias rocambolescas para justificar el nacimiento en lugares o condiciones que resultarían extraños. Por supuesto, siempre se enteraba todo el mundo excepto el protagonista, que era el último.

Motivos:
- Para evitar hablar de esterilidad de los padres.
- Por incomodidad de los padres ante la sociedad.
- Por el “bien del niño”- Esto suele ser un eufemismo que esconde el miedo de los padres a que el niño se aleje de ellos al saber que no son los “verdaderos” padres. Este planteamiento revela inseguridad, incluso respecto a su propia condición de padres (no padres de segunda) de los adoptantes. Al final SIEMPRE se termina sabiendo por la peor vía para el adoptado: la revelación repentina. La revelación hace ver al adoptado que sus padres han estado mintiendo por avergonzarse de este tipo de familia, con lo que se cae la figura familiar y reacciona en contra. (Y pierde la confianza en la sinceridad general de los padres).


En 1989 la Convención Internacional de los Derechos del Niño establece el derecho inalienable de todos a tener conocimiento de su origen. No está tan claro quien debe guardar la información y cuándo y cómo se le debe dar (cada país funciona de una forma, y parece que el nuestro no muy bien).
Hoy en día, sobre todo en las áreas urbanas, la adopción no resulta una práctica extraña, aunque se la siga tratando casi como fenómeno circense en los programas de TV basura.[INDENT] POSTURAS ANTE LA ADOPCIÓN:
[/INDENT]- Hablar con naturalidad desde el principio.
- No contar al principio: buscar el momento adecuado o dejar que el adoptado vaya descubriéndolo.
- No contar nunca (Ocultar).

POR QUÉ HAY QUE CONTARLO:
- Todos necesitamos tener seguridad sobre nuestra identidad y nuestras raíces: a partir de quiénes somos y de dónde venimos construimos qué queremos ser.
- Si no lo contamos y confiamos en la intuición, nos mostraremos incómodos ante sus preguntas, por lo que pensarán que los afectos corren peligro al preguntar y se sentirán inseguros: no preguntarán. De esta forma, pueden terminar inhibiendo su curiosidad y su capacidad de aprender (De problema familiar a problema escolar)

CÓMO HABLAR.
- El discurso depende de la capacidad de asimilación del niño y la familia, pero siempre hay que anticipar las preguntas, porque siempre el niño te pillará desprevenido.
- LOS PADRES SON LOS QUE DEBEN INFORMAR AL NIÑO: hay que tener cuidado con que cosas se cuenta y a quién (por ejemplo, de la asignación), para que el niño no oiga comentarios reveladores por parte de terceros.
- EL ENTORNO MÁS PRÓXIMO DEBE CONOCER CÓMO LO CONTAREMOS: los niños probablemente “cotejarán” la información que les damos con los tíos, abuelos...
- ¿CUÁNDO?: desde el principio. A los niños pequeños, que aún no asimilan las ideas abstractas, se les quedará (y repetirán) lo que les hayamos contado, como un cuento. Luego lo irán entendiendo.
- También les iremos fijando los recuerdos que puedan tener y el relato del encuentro: dónde estaban antes, los preparativos, el acontecimiento que supuso su llegada... (Fotos, recuerdos, álbumes, relatos...)[INDENT] SITUACIONES INDESEABLES (según las definía Lila Parrondo):
[/INDENT]- "El discurso de la crueldad": decir al niño de golpe que es adoptado equivale a decirle que no es como los demás, que es falsa la idea que tiene de sí mismo.
- "La zancadilla" (la más peligrosa): esperar a que pregunte para soltarle la información, que es como informarle a traición. Los adoptados necesitan tener la información asimilada y digerida para cuando tengan que enfrentarla al mundo exterior con sus posibles incomprensiones o simplificaciones burdas.[INDENT] LA PALABRA TRAICIONA (y la actitud también):
[/INDENT]- Tus papás no podían cuidarte, tus verdaderos papás (aplicado el “verdaderos” tanto a los biológicos como a los adoptivos): este tipo de discursos se convierte, queramos o no, en una historia de buenos y malos, y se le transmite al niño que existió un conflicto entre niño y familia biológica (en su ejemplo del libro, Lila sugiere la posibilidad de no referirse a los biológicos como padres, sino un señor y una señora que como se querían mucho te hicieron y la señora te llevó en su tripita...)
- Tener cuidado al introducir los problemas propios, como la esterilidad de los padres. También cuidarse de ocultarlo.
- Cuidado con inventarse historias, como decir que los progenitores han muerto: al final las mentiras no se sostienen y los niños quieren saber (y tienen derecho).
- Cuidado con relatar la adopción como hecho mágico (rezamos mucho y por eso te encontramos...) Esto estimula su fantasía y no podemos controlar la historia que se montará, que al crecer se le frustará.
- Si esperamos que se den cuenta solos (cuando adviertan que no tienen ningún parecido, por ejemplo) estamos dejando a la parte más débil el peso del proceso de asimilación de la realidad: nosotros debemos guiarlos.
- No debemos hablarles un solo día en plan serio ni atosigarles demasiado: sobre todo hay que buscar la naturalidad. Hay que saber que es probable que reaccionen negando su vida anterior a la adopción.[INDENT] LA INFORMACIÓN DEBE SER PROGRESIVA y debe abarcar lo siguiente:
[/INDENT]- Existieron los padres biológicos.
- Contar los motivos de los padres adoptivos (incluso si tuvieron problemas para concebir).
- Cómo y por qué se les dio en adopción.
- DEBEN SABER QUE LA ADOPCIÓN ES UN HECHO IRREVERSIBLE, o sea, que nadie les va a dar nuevamente en adopción, ni por supuesto, ellos podrán elegir una familia más chula.
Hay que observar atentamente cuál es su capacidad de asimilación y acompasar el grado de información a sus posibilidades: deben ir comprendiendo y asimilando lo que se les dice.[INDENT] POR EDADES (Al principio no entenderán qué es la noción de adopción)
[/INDENT]- Hasta los 5 años no entienden (repiten el cuento).
- De 7 a 12 años ya entienden que puede haber distintas formas de familia y se interesan por ellas. Pueden preguntar por su familia biológica. Pueden comprender mal el hecho de la adopción y autoinculparse por no haber sido queridos, o incubar miedos a ser abandonados de nuevo.
- A los 12-13 años entienden que es irreversible y que comporta también una transmisión legal de derechos y obligaciones. Al coincidir la etapa adolescente, con su convulsión en busca de la identidad, es una etapa difícil, donde surgen nuevas preguntas: ¿qué hubiera sido de mí si no me adoptan?, ¿por qué renunciaron a mí? ¿por qué no me cuidaron..? [INDENT] REACCIÓN DE LOS NIÑOS.
Todos se construyen, como lo hacen también los no adoptados, fantasías que les ayuden a tener una visión completa de su propia identidad.
[/INDENT]- Pueden no querer saber.
- Les cuesta preguntar, sacar el tema (por la dificultad que comporta una situación dolorosa).
- Debemos buscar la naturalidad, tanto al integrar el tema en la conversación corriente, sin buscar momentos especiales ni discursos solemnes, como en la propia forma de expresarnos. Debemos sentirnos cómodos: CUIDADO CON LAS ACTITUDES TENSAS QUE PUEDEN REVELAR A LOS NIÑOS LO QUE DE PALABRA NO LES QUEREMOS TRANSMITIR: QUE EL TEMA NOS INCOMODA.
- Los típicos desafíos adolescentes que intentan probar hasta donde aguantará nuestro vínculo con ellos y hasta donde pueden afirmar su independencia, pueden ser aún más agudos. Si nuestra respuesta es violenta, podemos entrar en una espiral que acabe mal. No hay que tener miedo a que en un momento de ofuscación te suelten el famoso “¿y por qué voy a hacer lo que me decís, si no sois mis verdaderos padres?” Hay que mantener la calma y razonarles con firmeza, pero con la mayor empatía posible, que están equivocados, que somos los verdaderos padres y no hay nada que hacer al respecto.
- Hay que estar preparado para las crisis de amor-odio que se pueden producir en cualquier relación y tener armas para saber salir de ellas sin hundirse.

HABLAR DE ADOPCIÓN CON LOS DEMÁS.
Siempre hay que preservar la intimidad del niño: no hay por qué dar explicaciones a los desconocidos, ni siquiera hay por qué informar de los pormenores del pasado del niño a quien lo estimemos inoportuno. Pero hay que hablar con los profesionales que tendrán relación con él, para asegurarnos de que tendrán una actitud positiva: ESCUELA: los profesores, directores, etc., tenemos que ver que son conscientes de las peculiaridades de la adopción, y que acompañan en el proceso de adaptación. No deben ver la adopción como problema y mucho menos como justificación de todas las dificultades que encuentre el niño, pero tienen que acompañar en su adaptación al nuevo medio (tanto en el aspecto social, como de aprendizaje). No deben darle trato de favor, como si fueran un caso especial: hay que normalizarlos. Y cuidado con las actividades que tengan como centro la familia: pocas veces los docentes se acuerdan de que hay familias alternativas, y cada vez en mayor número.

PEDIATRAS: hay que evaluar su complicidad con el proceso y asegurarse de que no tienen prejuicios con respecto a algún aspecto de la adopción. Al referirse a la historia médica del niño, CUIDADO al hablar con el pediatra, por si el niño no debe aún escuchar lo que vamos a decir (aunque pensemos que no lo entiende).
A continuación, intervino Carolina Estrany, Presidenta de la Asociación de Ayuda al Adoptado, que, entre otras labores, acompañan a los adoptados en la búsqueda de sus orígenes. Carolina habló desde su experiencia, como presidenta de la asociación, pero también como adoptada (su historia, conmovedora, fue lo más intenso de la jornada: sus padres le ocultaron que era adoptada, pero en unas vacaciones se lo reveló un paisano de su pueblo. Todavía sus padres se lo negaron varias veces, hasta que una tía suya, teniendo más de 20 años, se lo confirmó. Finalmente se horrorizó al ver que todo el mundo, incluidos los de las tiendas donde compraban, lo sabía excepto ella. Según ella, el cariño hacia sus padres no mermó pero sí su seguridad y confianza en ellos).


[SIZE=2][B]Resumiendo en titulares los temas que tocó:[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2] Por saber que es adoptado el niño no tiene sus problemas resueltos.[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- El deseo de conocer no se puede contener: se buscan los porqués, saber sobre el origen. No satisfacer este deseo puede poner en crisis la confianza en los padres, en uno mismo..., y puede ser causa de disfunciones: depresiones, anorexias...[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- En España se ponen trabas a la búsqueda de los orígenes de los adultos adoptados bajo el franquismo.[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- Hay que acompañar al adoptado en sus intentos por buscar sus orígenes, y no mirarle con desconfianza porque quiera conocer: según Carolina, NO SE BUSCA A LA MADRE, SE BUSCA EL PORQUÉ. (Muchos se quedan tranquilos con ver la foto de la madre y ya no quieren continuar el acercamiento)[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- Cuanto antes se hable, menos dramático es plantearse y responderse las preguntas. Hay que intentar que el adoptado se sienta a gusto hablando de sus sentimientos.[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- La posibilidad de encontrar cerca la información (como en la adopción nacional), crea mayor inquietud y necesidad de saber.[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- No se deben inventar historias.[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- No hay que obligar al niño a acercarse a su cultura de origen: hay que dejarle que el lo decida y, en ese caso, facilitárselo.[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- Si el origen es dramático y lo conocemos, no se lo podemos ocultar. Hay que ir esperando a que lo pueda asimilar y acompañarle en el duelo que le provocará la información, sin quitarle importancia a los sentimientos que le produzca y haciéndole ver que son normales, pero pasarán con el tiempo.[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- Según su experiencia, es preferible conocer tu historia por dura que sea que no saber nada. Si lo ignoras todo sobre tu origen, te montarás una película que te explique, sabiendo que es falsa.[/SIZE][/B]
[B] [SIZE=2]- (También gastó bastante tiempo en explicar los problemas de los que buscan sus datos de nacimiento, de los niños abandonados en los años cincuenta y sesenta, e incluso tuvo su apartado de echar sapos y culebras sobre la tele basura, los programas isabelgémicos donde buscan familias biológicas como indecente espectáculo de masas)[/SIZE][/B]

[B][SIZE=2][SIZE=2][B]Más temas que surgieron en el coloquio:[/SIZE][/B][/SIZE][/B]
[B][SIZE=2][B] [SIZE=2]- El niño no debe avergonzarse: tiene que saber que no es un ser excepcional, que debe acostumbrarse y convivir con el hecho de que su origen sea el que sea: lo que se tapa o se edulcora termina enfermando (también por parte de un tercero- sobre todo, otro niño- que pregunte: cuando no se le responde concretamente su curiosidad y su fantasía se verán excitadas).[/SIZE][/B][/SIZE][/B]
[B][SIZE=2][B] [SIZE=2]- Hay que intentar saber qué siente el niño por ser adoptado (que se pueda hablar libremente de adopción no quiere decir necesariamente que los niños lo vivan como un hecho normal).[/SIZE][/B][/SIZE][/B]
[B][SIZE=2][B] [SIZE=2]- Hay que preparar al niño, y a uno mismo, para defenderse de las opiniones cavernícolas, ya que no vamos a poder fabricarnos un entorno a nuestro gusto: no se puede cambiar la opinión ni la sensibilidad de todos los que nos rodean.[/SIZE][/B][/SIZE][/B]
[B][SIZE=2][B] [SIZE=2]- HAY QUE ERRADICAR LA IDEA DE QUE LA ADOPCIÓN ES UN ACTO CARITATIVO. El niño no puede sentirse como un desgraciado al que recogimos por pena y le salvamos de una vida ruin. (Las dos, Carolina como adoptada y Lila como adoptante, coincidían en que incluso tiene más de egoísta que de caritativo).[/SIZE][/B][/SIZE][/B]
[B][SIZE=2][B][SIZE=2]Y llegados a este punto, el conserje cumplió con su parte del ritual echándonos a la calle, ya que siempre consumimos más tiempo del debido.[/SIZE][/B][/SIZE][/B]
[B][SIZE=2][B][SIZE=2]La semana que viene, más.[/SIZE][/B][/SIZE][/B]
[B][SIZE=2][B][SIZE=2]Un abrazo: [/SIZE][/B][/SIZE][/B]
[B][SIZE=2][B][SIZE=2]Tino.[/SIZE][/B][/SIZE][/B]

[SIZE=2][B][SIZE=2][B]en Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos.
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Cariños!
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#18
Un muy buen artículo
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1. Definición de adopción

Como todo concepto psicológico, existen múltiples definiciones de adopción. En la Unidad de Adopción del ICHTF entendemos la adopción como un “compromiso emocional, psicológico y legal, por parte de los adultos, de establecer una relación de parentalidad con sus hijos adoptivos y un vínculo estrecho, íntimo e indisoluble con ellos”.
Como el lenguaje crea realidades es importante utilizar el término “padres” al referirse a los padres adoptivos, pues ellos efectivamente son los padres de sus hijos: los anhelan, los aman, los cuidan, los miman, los retan, los llevan a nuestras consultas. Quienes los procrearon son los progenitores.

2. Tríada adoptiva

Al trabajar en el tema de la adopción, es importante tener presente a los tres actores de lo que se ha llamado la tríada adoptiva: hijo, padres adoptivos y progenitores. Si bien en terapia uno puede ser consultado por uno o dos de estos actores (generalmente los padres adoptivos con o sin sus hijos), es importante tomar en cuenta “el fantasma” de los progenitores, ya que éstos – en particular la progenitora – siempre forman parte del imaginario de adoptados y adoptantes.
Así los hijos, a partir de la edad escolar y especialmente en la adolescencia, se preguntan ¿quiénes me habrán “fabricado”? ¿por qué no se quedaron conmigo?, ¿me pareceré a ellos en algo?, ¿dónde vivirán? ¿tendré “hermanos biológicos” (“consanguíneos” en términos de Eva Giberti, psicóloga argentina)?
Por su parte, los padres suelen pensar con agradecimiento, ansiedad y cierta ambivalencia en los progenitores. Si bien consideran que es doloroso el hecho de que éstos hayan entregado a sus hijos en adopción, suelen sentir por ellos gran gratitud, pues gracias a esa acción ellos (los adoptantes) pudieron ser padres. Además, en la gran mayoría de los casos, los padres adoptivos, si bien saben que los hijos tienen derecho a desear conocer antecedentes sobre sus orígenes, suelen sentir temor de que ellos deseen saber mucho sobre sus progenitores o incluso quieran conocerlos. El tema de fondo en los padres adoptivos es el temor a no ser reconocidos por sus hijos como sus “verdaderos” y “legítimos” padres.
Con respecto a los progenitores hay menos información disponible. Además, solemos pensar en las progenitoras, quienes efectivamente suelen cargar solas con el embarazo y con la decisión de entregar a su hijo en adopción, olvidando a los progenitores.

3. Adopción en Chile

En Chile, los procesos de adopción actualmente se rigen por la Ley 19.620 promulgada en 1999, la que ha dado un nuevo marco regulador. En este nuevo contexto legal el Servicio Nacional de Menores (SENAME) y las instituciones acreditadas ante él, son las únicas instancias que pueden manejar programas de adopción. Estas instituciones son la Fundación San José para la Adopción Familiar Cristiana y la Fundación Chilena para la Adopción, en la Región Metropolitana, y la Quinta de Tilcoco, en la Sexta Región.
Estas instituciones están a cargo tanto de “primeras adopciones” (adopciones de niños que hasta el momento no han sido adoptados) y de la regularización de “adopciones de hecho” (adopciones informales que para formalizarse deben ajustarse a la nueva ley).
Con respecto a los postulantes, la ley señala que la primera prioridad la tienen los matrimonios chilenos, la segunda los matrimonios extranjeros y la tercera las personas solteras o viudas interesadas en adoptar.
Quienes estén interesados en adoptar o en regularizar una situación de hecho deben seguir el siguiente proceso:
a) acercarse a una de las instituciones que manejan programas de adopción e ir a una primera charla y/o entrevista informativa.
b) asistir a una evaluación psicológica, cuyos resultados pueden ser :
1. aprobados: en este caso la pareja continúa el proceso,
2. aprobados “con reparos”: en este caso uno o ambos miembros de la pareja deben ir a terapia psicológica antes de continuar el proceso,
3. rechazados: en este caso la pareja se considera no apta para optar a la adopción, por presentar problemas psicológicos individuales y/o relacionales graves y de muy difícil solución. Sin embargo, la ley da la posibilidad de volver a postular una vez transcurridos seis meses.
Esta evaluación psicológica sólo puede ser efectuada por psicólogos acreditados para ello, quienes deben ajustarse a un tipo y número de entrevistas y de tests psicológicos, predefinido por cada institución
c) someterse a una evaluación social:
d) ingresar a una lista de espera, tiempo durante el cual las parejas suelen tener acceso a instancias de formación organizadas por las diversas instituciones que coordinan programas de adopción (talleres, charlas);
e) encuentro con el hijo.
En concordancia con la Convención de los Derechos del Niño, el SENAME y las demás instituciones nombradas ponen el acento en salvaguardar el “interés superior del niño”. La idea es buscarle buenos padres a los niños y no buenos niños a los padres.
Un dato importante: si bien hay más postulantes a la adopción de bebés que niños menores de un año en situación de abandono – lo que hace que el proceso para los futuros padres sea muy lento – hay pocos interesados en adoptar niños mayores.
Aun cuando el SENAME y las instituciones acreditadas ante él cuentan con un staff de psicólogos internos así como un equipo de psicólogos externos (acreditados como evaluadores y psicoterapeutas), parece importante que los profesionales de la salud mental en general conozcan este proceso pues circunstancialmente pueden recibir a parejas interesadas en adoptar, a parejas que ya estén en proceso de adopción o a familias adoptivas que hayan pasado por este proceso.

4. Ciclo vital de la familia adoptiva

Más allá de las críticas que se le puedan hacer a los modelos de ciclo vital familiar si consideramos que cada familia es única, que en la actualidad éstas suelen sufrir cambios estructurales importantes en el transcurso del tiempo y que socialmente se reconocen nuevas formas de ser familia, se puede decir que las familias adoptivas atraviesan por las mismas etapas del ciclo vital familiar que diversos autores han descrito para las familias “biológicas” biparentales. Sin embargo en cada una de estas etapas se agregan situaciones y desafíos específicos propios de su calidad de familias adoptivas. De este modo, por ejemplo, la etapa conocida como “matrimonio sin hijos”, suma a sus procesos y complejidades características, la búsqueda infructuosa de un hijo biológico, la aceptación de la infertilidad, la decisión de adoptar y finalmente la concreción de la adopción.

5. Duelos

Se dice que la adopción se apoya en tres duelos importantes: el duelo de los padres por su infertilidad, el duelo de el o los hijos por haber sido abandonados por sus progenitores y por no haber nacido de sus padres adoptivos y el duelo de la progenitora – menos estudiado – por haber dado a su hijo en adopción.

a) Duelo por infertilidad en la pareja de padres adoptivos.

Uno de los duelos importantes en la adopción es el que los padres deben hacer con respecto a su incapacidad de procrear. Son pocos los casos en los que la pareja sabe de inmediato de su infertilidad. En la mayoría, sólo después de meses o años de tratamiento se llega a un diagnóstico definitivo de infertilidad o la misma pareja decide abandonar el camino médico, pues a pesar de no tener una infertilidad concluyente, no logra embarazarse. Como en todo duelo, ambos miembros de la pareja atraviesan por momentos de rabia y dolor.
El duelo por infertilidad tiene varias complejidades:
• Se trata de una pérdida de un proyecto, de un hijo fantaseado e idealizado y no de “un ser de carne y hueso”, lo que puede dificultar la despedida.
• Incluye el duelo de ella y el de él, los que no siempre van al unísono.
• Va acompañado de un particular cansancio porque está compuesto de múltiples microduelos, en la medida en que mes a mes se acumuló frustración por no producirse un embarazo. Además los tratamientos médicos previos a asumir la infertilidad como definitiva suelen ser muy absorbentes.
Cuando uno de los miembros de la pareja es claramente sindicado como infértil, esto puede generarle culpa e inseguridad ante el compañero; por su parte, el fértil puede temer expresar su pena o su rabia para no hacer sentir mal al infértil. La situación suele ser menos compleja cuando ambos aportan a la infertilidad.
Una buena elaboración del duelo por infertilidad implica despedirse definitivamente del proyecto de ser padres biológicos, en otras palabras, “dar vuelta la página para inaugurar otro capítulo”.
Es importante que las parejas logren elaborar este duelo antes de recibir a un hijo en adopción para que efectivamente su energía esté centrada en este hijo. De este modo él será el esperado y no constituirá “un premio de consuelo”.

b) Duelo en los hijos adoptivos

Marta Hermosilla, psicóloga experta en el tema de adopción en Chile, señala que los hijos adoptados atraviesan dos duelos importantes: el de haber sido abandonados y el de no haber sido procreados por sus padres adoptivos. Si bien los niños pueden saber desde muy pequeños que son adoptados, es en la edad escolar donde suelen visualizar que”nacieron de otra señora”, pero después no siguieron junto a ella, esto significa que los abandonó. Esta situación, así como el no haber nacido de sus padres – especialmente si tienen una buena relación con ellos - , suele causarles sentimientos de confusión, rabia y dolor, los que generalmente no son expresados por los niños directamente, sino a través de síntomas (pueden bajar las notas, andar decaídos, ponerse algo rebeldes en la casa y el colegio, etc.).

6. Revelación

Actualmente hay consenso entre los profesionales de la salud mental con respecto a la necesidad de que los padres revelen a sus hijos su calida de adoptados. Hay diversos argumentos al respecto, pero quizás el fundamental es que la base de la confianza es la verdad y todo niño necesita confiar en sus padres. Además, el conocer los orígenes de uno es clave en la conformación de la identidad.
Por otra parte el no revelar implica para los padres cargar con un secreto que les resta libertad y energía psíquica, pues se destina gran parte de ésta a mantener la mentira, con el permanente temor de que la verdad sea descubierta algún día. Por su parte, los niños notan un clima familiar tenso a causa del secreto y captan una serie de vacíos y ambigüedades en su historia.
Es importante considerar la revelación como un proceso continuo y no como un evento único. En este sentido se recomienda que los padres desde los primeros años de la vida le cuenten al hijo que él “nació de otra guatita”, hasta gradualmente llegar a conversaciones más complejas al respecto, en las que al hijo siempre le quede claro que no sólo él 2ganó” una familia, sino que los padres “ganaron” un hijo. La idea es transmitir que dos sistemas en duelo y necesitados (el niño y los papás adoptivos) afortunadamente se encontraron.

7. Terapia con postulantes a la adopción

Como la gran mayoría de los postulantes a la adopción son parejas infértiles, el objetivo de la terapia es ayudarlos a revisar su decisión de adoptar y trabajar con ellos los elementos que pudieran dificultarles el asumir un adecuado rol parental con su hijo adoptivo, siendo muy importante evaluar en qué medida han elaborado el duelo por la infertilidad. Cuando la herida por la incapacidad de procrear está aún abierta es importante brindar un espacio para que cada miembro pueda expresar los sentimientos asociados a la infertilidad y acompañarse en este difícil proceso. También se puede ayudar a la pareja a despedirse a través de cualquier “rito” que para ellos tenga sentido, de su proyecto de hijo biológico que ya no será.
Situaciones infrecuentes aún, pero que implican un nuevo desafío para los terapeutas es realizar terapia a postulantes solteros y/o viudos o parejas que sin ser infértiles, e incluso teniendo hijos biológicos, desean adoptar.


8. Terapia con familias adoptivas con hijos en edad preescolar o escolar

De acuerdo a la experiencia de la Universidad de Adopción del ICHTF, las familias adoptivas con hijos en edad preescolar o escolar, suelen consultar fundamentalmente por los dos motivos siguientes:
a) Padres que necesitan orientación con respecto a cómo abordar el tema de la adopción con el hijo. En este caso los padres pueden pedir ayuda para revelar por primera vez o para saber cómo continuar tocando el tema luego de una primera conversación al respecto con el hijo. En estos casos es importante indagar con respecto a cómo los padres han vivido la experiencia de ser padres adoptivos, pues esto inevitablemente será transmitido a los hijos. Se les puede sugerir a los padres utilizar cuentos, juegos, dibujos y otras técnicas creativas, para explicar al hijo que “él fue fabricado por una pareja que no pudo hacerse cargo de él, por lo que la señora que lo tuvo en su guatita, decidió que lo mejor para él era encontrarse con unos papás que sí pudiesen quererlo y cuidarlo como él se merecía”.
b) Padres preocupados porque el hijo presenta algún síntoma puntual (bajas notas, dificultades conductuales, etc.) que en una primera mirada no se relaciona con la adopción. En este caso es importante que el terapeuta y la familia se den tiempo para descubrir si hay alguna relación entre el síntoma y la adopción (o si se puede construir una hipótesis que los relacione). Es importante en este caso analizar qué ocurre con los duelos y la revelación.

9. Terapia en familias adoptivas con hijos adolescentes

La adolescencia de los hijos es un período especialmente desafiante en las familias adoptivas, ya que además de las complejidades características de esta etapa, los hijos necesitan integrar su raíz adoptiva y su raíz biológica para una adecuada definición de su identidad. Por esto es tan importante que se haya realizado una buena revelación, que le permita al adolescente tener ciertos datos de sus progenitores y que le posibilite hablar loa más libremente posible con sus padres adoptivos acerca de su adopción y acerca de sus inquietudes y fantasías sobre sus progenitores. Además durante la adolescencia se produciría la adopción emocional de los hijos a los padres; es decir son los hijos ahora, al definir su identidad y comenzar a independizarse, quienes – si la adopción ha transcurrido positivamente – se asumen como parte de su familia adoptiva y deciden continuar comprometidos con ésta de por vida.
En la terapia con familias adoptivas con hijos adolescentes, es importante considerar lo recién señalado y ayudar al joven a construir su identidad integrando sus aspectos adoptivos y biológicos, su historia y su prehistoria. Para ello es importante que pueda reconciliarse con sus orígenes y “perdonar” el abandono, reconociendo en sí mismo los aspectos positivos y valiosos provenientes de su raíz biológica.
Nuevamente es necesario revisar con la familia cómo se han vivido las etapas previas, especialmente en lo concerniente a duelos, secretos y revelación. También es relevante analizar cómo los padres están viviendo la gradual autonomía del hijo: ¿existe esta gradual autonomía?,¿se interpreta la independencia del hijo como una amenaza al vínculo?,¿temen los padres que el hijo debe acercarse – simbólica o concretamente a sus orígenes?, etc.

10. Terapia con adultos adoptados

Puede ocurrir también que un terapeuta reciba a adultos adoptados que deseen trabajar este tema o que busquen abordar otros aspectos. En ambos casos parece importante revisar cómo ellos han vivido su adopción, de modo de poder ayudarlos a elaborar posibles conflictos pendientes al respecto y de modo de comprender de qué manera el ser adoptados (como el ser hijo único, hombre, mujer, etc.) tiñe de un tono especial nuestro modo de percibir e interpretar la realidad.
Nuevamente hay palabras clave que seguramente están presentes en la vida de estos pacientes y que es útil poner sobre la mesa en terapia: duelos, secretos y verdad, abandonos y temor al abandono, vínculos, maternidad – paternidad, sexualidad, fertilidad – infertilidad, reparación y perdón, necesidad de amor y contención. Más allá del tema de la adopción, éstas son las palabras que nos suelen acompañar en la vida y en nuestro trabajo. Al recordarlo me siento feliz de ser terapeuta. Yo creo que ustedes también.

Astrid Villouta. Revista Terapias y Familia 8
Cariños!
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#19
Maite Muñoz Guillén
Psicólogo.

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ENCUENTRO ENTRE DOS DUELOS
“Aunque la adopción resulte exitosa, siempre implica algo distinto de lo habitual, tanto para los padres como para el niño”, son palabras de Winnicott que me parecen sugerentes y un buen punto de partida sobre el que poder reflexionar.

La adopción será exitosa en la medida en que los problemas y avatares que conlleva vayan pudiendo solventarse sin un nivel de conflicto mayor que el que la propia situación genere, porque, espero que estemos de acuerdo, adopción exitosa no es aquella que no presenta problemas. Sospechosa sería la ausencia de éstos.

Pero también nos indica Winnicott que la adopción implica algo distinto de lo habitual, lo que nos lleva a preguntarnos por “lo habitual”. Cierto que lo habitual es el modo previsto por la naturaleza para tener hijos. Adoptar, por lo tanto, es plantearse y llevar a cabo la paternidad desde otros presupuestos que no son los biológicos. Desde ahí es “algo distinto” porque no se puede –ni se debe– negar que ese hijo/a ha llegado a esa pareja o a ese padre o madre por un camino diferente, lo que, indudablemente, también va a provocar en los padres vivencias diferentes.

Los padres adoptantes van a vivir el júbilo, la emoción y las ansiedades que comporta la paternidad como cualquier pareja de padres, la vida les va a cambiar como a cualquier pareja de padres. La paternidad remueve todo el mundo interno y los conflictos infantiles no resueltos van a reactualizarse. Esperanzas, expectativas, anhelos y deseos pueden verse colmados o frustrados.

A veces también asumir el hecho de ser padre/madre… la responsabilidad que ello comporta… puede ser fuente de graves descompensaciones psíquicas si el YO no es lo suficientemente fuerte como para poder tramitar el monto de afectos que se desencadenan ante la experiencia de la paternidad. Y todo este movimiento afectivo interno afectará tanto a padres biológicos como a padres adoptantes. Es lo habitual.

Pero en la adopción se dan circunstancias distintas de las habituales. Se es padre y/o madre de un hijo concebido por otras personas, la mayoría de las veces desconocidas. Esto no es habitual.
Hay una ruptura en la continuidad de la cadena generacional en la que ese niño estaría insertado y va a ser incluido en otra biológicamente ajena. Esto no es habitual.

Los hijos adoptados son muy deseados. Los padres tienen que pasar por un largo proceso interno personal y de pareja y también por un largo y costoso proceso de trámites legales, burocráticos, papeleos, etc., lo que está hablando de la fuerza del deseo que les mueve. Pero también, no lo olvidemos, los niños adoptados suelen tener tras de sí una historia de abandono y de rechazo. Se entrecruzan las historias de unos padres que desean fervientemente tener un hijo y unos progenitores que han rechazado su condición de padres. Y las historias convergen en la persona del niño. Esto tampoco es habitual.

La nueva familia empieza a construir su historia en común, pero es una historia en la que no están ausentes las fantasías respecto a los antecedentes biológicos-hereditarios y sociales del niño. Los padres se hacen preguntas y les crea incertidumbre pensar en los posibles factores genéticos que puedan aparecer más adelante. Para el niño, sobre todo en el momento de la pubertad, los padres biológicos pueden ser vividos internamente y a nivel imaginario, idealizados y denigrados. Idealizados porque se recrea la fantasía de haber sido hijo de alguien muy poderoso e importante, como ocurre en algunos cuentos de hadas en donde el pobre campesino resulta ser un príncipe. Pero también los padres biológicos son objeto del odio y la denigración por la vivencia de abandono a que sometieron a su hijo/a. Mencionemos aquí, cómo la agresividad hacia la madre biológica puede servir, incluso, para salvaguardar un mínimo de autoestima narcisista. Me refiero a ese narcisismo necesario que todos tenemos que poner en marcha como preservador de la vida. Sería una defensa frente a los sentimientos dolorosos que produce el pensar que no se ha tenido el suficiente valor afectivo como para haber sido conservado por la madre.

Este narcisismo puede ponerse en marcha como parte del proceso de elaboración de este punto doloroso que, sin duda, configura parte del duelo de partida del niño/a que será entregado en adopción.

La mayoría de las veces la razón por la que una pareja acude a la adopción es a causa de una esterilidad en alguno de los cónyuges y esto supone un primer momento difícil que la pareja tiene que tratar de resolver internamente, para poder acudir a la adopción sin culpas ni resentimientos y con el duelo por la renuncia a la propia capacidad reproductiva lo más elaborado posible.

La adopción no puede presentarse como un tapón que viene a obturar o a tapar, negando maníacamente el sentimiento de castración. Es muy importante, por lo tanto, que las parejas que acudan a la adopción tengan asumida su esterilidad biológica, pues cuando no es así puede condicionar negativamente las relaciones con el hijo adoptado. El deseo frustrado puede ser sublimado por la adopción, cuando ésta no es un recurso para tapar un “agujero”.

El reconocimiento de la propia esterilidad no es fácil tanto para el hombre como para la mujer, pues entran en juego sentimientos muy profundos que chocan con las presiones sociales que ensalzan y fomentan los roles de la paternidad y, sobre todo, de la maternidad.

Para el hombre y la mujer el no ser productivos, biológicamente hablando, puede lesionar gravemente el narcisismo que cuestiona y pone en tela de juicio el orgullo de ser “hembra o varón”. La mujer porque no “da la talla” en el cumplimiento de esa excelsa tarea que se espera de ella de ser transmisora de vida. En el hombre, el sentimiento de inferioridad puede verse aumentado cuando prejuicios sociales o incluso aspectos personales llegan a confundir esterilidad con impotencia, con lo que no es sólo la capacidad reproductiva la que entra en cuestión, sino la sexualidad, cabe decir, el ejercicio de la misma.

¿Esterilidad o infertilidad? Aunque a veces se nos funden estos conceptos en el lenguaje cotidiano, sabemos que no es lo mismo. Es cierto que la esterilidad conlleva la infertilidad, pero no al contrario. La esterilidad se asienta en lo biológico, a veces desde lo violentamente traumático como puede ser una histerectomía. La infertilidad nos remite más a lo psicógeno, a lo que no encuentra justificación desde el campo médico. Son esas parejas que se han hecho todo tipo de exploraciones que no dan cuenta de la ausencia de embarazo. Este punto abre un apasionante campo de reflexión desde el psicoanálisis, que nos puede llevar a la interpretación de la infertilidad como síntoma del conflicto neurótico inconsciente escenificado en el cuerpo, con toda una serie de derivaciones: ¿síntoma conversivo?… ¿psicosomático…?

También acude al pensamiento, ¿cómo no?, el apabullante progreso de la Ciencia que permite manipular el proceso de la fecundación haciendo fértil el útero infecundo y filigranas procreadoras de mayor envergadura con las que, a veces, corremos el riesgo de asentarnos en posicionamientos omnipotentes tratando de enmendarle la plana a la biología.

Quiero conducir estas reflexiones hacia otros derroteros igualmente apasionantes que nos plantea la adopción, sin dejar de lado apuntalar la importancia que tiene el que la pareja haya podido enfrentarse con su vivencia de castración, que, como todos sabemos, no es patrimonio de las parejas infértiles, pero que adquiere rasgo específico en ellas.

La adopción comienza con una separación y pérdida. Comienza con un duelo, lo que es una situación de conflicto, y partir de un conflicto, puede dificultar el posterior desarrollo del proceso consiguiente. En el caso que nos ocupa, puede dar lugar a dificultades de los padres para aceptarse como adoptantes y dificultades del niño para elaborar su condición de adoptado. La elaboración de un duelo –como sabemos– no está exenta de tener que circular por etapas depresivas normales.

El niño adoptado es una conjunción de un “no deseo” de padres biológicos con un “deseo” de padres adoptivos. Es un niño para el que no ha habido lugar, inicialmente. Si, posteriormente, prevaleciera el “no deseo” de origen, pensamos que puede dar lugar a actitudes de resentimiento y hostilidad. Si, en cambio, el “deseo” de los padres es capaz de organizarse con suficiente fuerza, permitirá al niño/a reconciliarse con la vida.
DUELO EN LOS PADRES

La adopción se construye casi siempre sobre el encuentro de dos sufrimientos, supone la confirmación de verse frustrado el ejercicio de una función para la que está preparado el cuerpo de la mujer y, como queda dicho, en el hombre se produce una herida narcisista a la potencia masculina desde unos prejuicios sociales tendentes a identificar virilidad con fertilidad.

La mujer podría llegar a vivir su incapacidad para la procreación como un castigo frente a fantasías infantiles de ataques al cuerpo de la madre durante la infancia. Si adoptar se convierte para ella en un “acto salvador”, cabe pensar en la posibilidad de fantasías reparatorias reactivas de aquellas otras destructivas.

También tienen que enfrentarse los padres con el duelo que supone la pérdida de los proyectos hechos en común, tal como el proyecto de una familia biológica que puede complicarse si hay, a su vez, fuertes expectativas o exigencia con respecto a los propios padres, como por ejemplo, expectativa de “hacerles abuelos”

El duelo bien elaborado transforma la infecundidad biológica en fecundidad afectiva, la madre y el padre adoptivos son fecundos desde el afecto aunque no desde lo biológico.
DUELO DEL NIÑO

El nacimiento es la primera gran carencia, se trata de una separación traumática. Las satisfacciones primarias que brinda el cuerpo de la madre se ven bruscamente interrumpidas. El reencuentro con el cuerpo de la madre neutraliza y apacigua las primeras sensaciones de inseguridad y desprotección. No siempre los niños adoptados han podido tener ese reencuentro corporal inmediato al parto.

El niño adoptado tiene un doble desprendimiento, intra y extrauterino. El vínculo corporal queda definitivamente perdido. Quizá resida aquí la base de mayor sensibilidad en situaciones de separaciones posteriores ante el temor de volver a ser abandonado. Es la gran fractura inicial.

En el niño dado en adopción el “no deseo” ha marcado toda la gestación, no es un embarazo que precede al “bienvenido” sino al “adiós”, es un embarazo de duelo, lo que no deja de ser una expresión contradictoria.

Es también una herida narcisista para el niño. Es un niño abandonado por una mujer que, probablemente, también a su vez fue abandonada por un hombre. Es una historia repetida. El niño debe elaborar el duelo por la separación de su madre biológica y elaborar el tránsito a su madre adoptiva.
Si no ha habido posibilidad de elaboración, estas experiencias traumáticas pueden cristalizarse en un futuro, en fuertes sentimientos de agresión. Si ésta (la agresión) es introyectada generará sentimientos de culpa… fantasías de haber dañado a la madre biológica… desvalorización… miedo a recibir un castigo… o conductas de sometimiento al adulto para encubrir la hostilidad. Si, por el contrario, es proyectada, se produce un alivio de la culpa. Los otros son los “malos” y, por lo tanto, se les puede atacar.

Michel Soulé dice: “Es preciso hablar de la fecundación y mostrar que es esto lo que no se ha podido realizar, pero que las relaciones sexuales de los padres tienen unos vínculos y unas actividades normales. Los padres adoptivos deben saber hablar de su esterilidad, sin mostrar al niño que ellos están heridos aún. Es preciso que esta esterilidad y la herida del amor propio sean superadas, ya que si no, el niño adoptado tendrá siempre la impresión de que está aquí para llenar alguna cosa y no por él mismo”.

Tal vez algo de esto se instala (me refiero a no haber podido resolver el duelo por la infertilidad) en la pareja que no quiere revelar al hijo su condición de adoptado, pretextando que al niño se le evita así un sufrimiento y que “es por su bien”, cuando lo que parece más bien es que silenciando la historia del niño, son los padres los que están tratando de recomponer la herida narcisista que supone para ellos la infertilidad. No informar sobre la adopción significa una dificultad en la aceptación de su carácter de padres adoptivos y un no aceptarse distintos a otros padres.

Eva Giberti dice “Cuando la negativa a informar dimana de los padres adoptantes, dicha negativa constituye un síntoma grave referido a la propia omnipotencia que los lleva a fingir que el niño fue concebido por ellos, negando tanto la esterilidad que padecen como el duelo pendiente y causado por la misma”

Estos padres no van a permitirse ni van a permitirle al hijo recorrer juntos ese camino que va de la pérdida al encuentro y en el que ambos, padres e hijo pueden ayudarse mutuamente. Sólo cuando el duelo está elaborado se fragua un verdadero deseo de paternidad que cristaliza en la adopción. Si no es así, la demanda vendrá cargada de formaciones reactivas y el hijo adoptado será el testimonio actual de la privación anterior. No podrán darle a su hijo el entorno afectivo necesario. Los conflictos no resueltos serán interferencias para poder establecer el vínculo.

Hay algunas diferencias entre las adopciones tempranas y las tardías; lo fundamental es que cuando la adopción se realiza tempranamente los adoptantes son los primeros objetos de amor e identificación. En las tardías, el niño ha acumulado experiencias, ha establecido relaciones objetales bien con la madre o con la figura que la sustituye. En estos casos el desprendimiento y la separación tienen una mayor relevancia que en las tempranas. Hay una discontinuidad en las relaciones objetales y el niño/a atraviesa una doble situación de duelo. En cualquier caso, la adopción es otra forma de ejercer la paternidad que, además. no se circunscribe a parejas estériles. Cada vez son más las parejas que teniendo hijos biológicos aumentan la familia incorporando un hijo o hija adoptado/a. Esto quiere decir que la adopción ya ha dejado de ser una especie de “solución” para estas parejas y se ha transformado en una opción de paternidad. No es un derecho a ejercer por los adultos, sino una restitución al único derecho en el que cabe pensar: el del niño a tener una familia.

Lo que sí se les plantea a los padres como un problema que les llena de ansiedad es el cómo y el cuándo revelar a su hijo/a que ha sido adoptado. Estamos hablando, fundamentalmente, cuando la adopción se ha llevado a cabo con bebés o niños muy pequeños. Aunque también hay que decir que los niños que son adoptados ya mayorcitos, adolescentes incluso, que, naturalmente, saben cual es su historia necesitan la palabra de los padres que venga a llenar los espacios vacíos que han podido formarse a raíz de los interrogantes que se abren para cualquier ser humano que ha sido abandonado y no olvidemos que el sentimiento de pérdida y abandono modela la vida del adoptado.

Esta es la gran herramienta con que cuentan los padres adoptantes para poder construir la historia de esta nueva familia: la palabra. Eva Giberti dice, con una hermosa frase, que los padres adoptantes ponen palabras allí donde los progenitores pusieron óvulo y esperma y Michel Soulé dice que “un padre se hace con el deseo y la determinación con más seguridad que con un espermatozoide”.

Lee M. Silver, catedrático de Biología Molecular, Ecología y Biología Evolutiva: “Al final, el que un niño sea propio o no, está determinado simplemente por la forma de sentir de un padre, independientemente, de dónde o cómo tuvo lugar la diferenciación de gametos o el desarrollo fetal”.

Rosolato, otro autor que ha reflexionado sobre la adopción: “La paternidad es una organización que sólo funciona bien si se basa en la palabra dada, esencialmente la palabra expresada por la madre, según la cual este niño es el que ella ha deseado de este padre.”

El hijo adoptado es hijo del deseo y la palabra de sus padres adoptivos. Unos progenitores engendraron un bebé, son los artífices de una constante biológica pero serán los padres adoptivos los que le den entidad como persona, los que le reciban y le acepten, dándole soporte para constituirse en un ser humano, los que le dan un reconocimiento que implica una pertenencia social a un linaje, una filiación con los lazos afectivos, los deseos y los ideales, los deberes y los derechos.

Para el niño, la filiación es una clave de pertenencia básica, recibe un apellido y un nombre que le van a incluir para siempre en una familia que, a su vez, está inserta en una sociedad con costumbres propias y esta inclusión en la vida de esta familia y, sobre todo, en el deseo de esta pareja, es lo que le va a dar sus señas de identidad.

Los orígenes biológicos también ocupan un lugar en la vida del niño y tiene todo el derecho del mundo a conocerlos. Un niño adoptado al que no se le informe de tal condición, es un niño al que se le está robando algo que le pertenece muy íntimamente y tratar de comenzar una vida sobre una gran mentira no es una buena indicación. El secreto guardado celosamente bloquea la espontaneidad en la relación con el hijo. Lo no dicho siempre estará planeando amenazadoramente sobre esa familia.

Los padres siempre vivirán en un temor continuo a que en cualquier momento pueda serle revelado al niño su verdad y éste pueda pedirles cuentas. Si el silencio sobre el origen del niño es roto bruscamente, la verdad se le presenta al niño como algo violento y dañino. Se produce una inversión en los conceptos. Es la ocultación y la mentira lo que ha funcionado como base de la realidad vivencial, asociada, por lo tanto, a la estabilidad en la que el niño ha vivido hasta ese momento, convirtiéndose entonces lo auténtico y verdadero en elemento de dolor y generador de conflictos.

La confianza del niño hacia sus padres se ve abruptamente resentida, se sentirá traicionado y todo lo que hasta entonces ha servido para sentar las bases de la convivencia, en la confianza de sentirse afectivamente cuidado y protegido podrá ser puesto en cuestión con el consiguiente riesgo de que aumente la ansiedad persecutoria respecto del adulto.

El niño pensará que Unos (los progenitores) lo abandonaron, y Otros (los padres adoptivos) le hicieron crecer en una realidad equivocada. De pronto se da cuenta de que no es quien creía ser. La decepción se instala como un nuevo sentimiento en el mundo infantil frente al que es posible que trate de protegerse transformando esta actitud de los padres adoptivos en una especie de permiso para mentir. Si los padres no han sido capaces de abordar una verdad como ésta ¿qué importancia puede tener que él diga mentiras o haga pequeñas o grandes trampas? La palabra de los padres, esa herramienta tan valiosa, ha quedado inservible.

Los padres que no revelan los orígenes quizá piensan –desde su propia fragilidad narcisista– que la frustración que va a vivir el niño pueda ser peligrosa para su desarrollo. No se dan cuenta de que dificultan seriamente la capacidad del niño de poder desplegar vínculos de confiabilidad que le permitan introyectar buenos objetos internos que van a ser los soportes de una buena estructuración psíquica.
Viven en un continuo estado de ansiedad ante el riesgo de que el niño se pueda enterar por otras personas, lo que configura un clima familiar artificial, lleno de inquietudes y de intranquilidad que, naturalmente, el niño detecta pero no puede codificar. La palabra está negada y él, por lo tanto, tampoco dispone de ella para poder tramitar y metabolizar todo el cúmulo de ansiedades que impregnan el ambiente familiar.

Llevado al extremo puede dar lugar a situaciones tales como cambios continuos de domicilio, ocultación de documentos, etc., que no harán sino aumentar la inestabilidad.

Cuando la preocupación por el ocultamiento impregna la convivencia impide el que padres e hijo puedan encontrarse llevando a cabo una tarea común en la que ambos pueden ayudarse mutuamente aún sin ser conscientes de ello. Es la tarea que parte de la pérdida para concluir en el encuentro. Padres e hijos adoptivos pueden compartir el sentimiento de pérdida por el que pasan ambos. Los padres, la de los hijos biológicos; y los hijos, la de los padres biológicos. Ambos comienzan la andadura en común a partir de un proyecto de vida, de un proyecto de creación de grupo familiar, generador de espacios afectivos a los que vincularse y en los que insertarse, pero en este proceso de acoplamiento mutuo y de integración, en ocasiones tendrán que transitar por etapas depresivas que les remitirán a ese punto de partida enlazado con la pérdida que para el niño siempre va a ser una pérdida múltiple, de padres, de orígenes… Y en caso de adopción internacional también lo va a ser de país y cultura, etc.

En un trabajo de 1982, Rebeca Grinberg establece estrechos puntos de contacto entre la adopción y la migración. El niño adoptado, dice, tiene que emigrar de unos padres a otros, y pasa, por lo tanto, por un proceso de duelo por la pérdida y por un proceso de integración en la nueva realidad. El emigrante busca un país nuevo de acogida en donde, en ocasiones, pueden colocarse funciones protectoras parentales. Para el niño adoptado también hay una nueva pareja/país que le va a acoger. Por cierto que, “tierra de adopción” o “país adoptivo” son expresiones frecuentes utilizadas por las personas cuya vida transcurre fuera de su país de origen.
CUÁNDO

Los padres se preguntan a qué edad se le debe decir a un niño que es adoptado. Desde los primeros momentos los padres pueden expresarle al niño la satisfacción que les produce tenerle con ellos. Disponen de la palabra, y la palabra va cargada de afecto.

Algunos autores cifran hacia los cinco años la edad en la que el niño empieza a entender qué es la adopción. Es entonces cuando puede mentalizar el concepto, cognitivamente hablando. Afectivamente, el camino puede irse preparando y el momento de la revelación no tiene por qué significar el momento del “gran descubrimiento”. Será una puesta en realidad, una constatación de una historia que ha venido diciéndose desde el principio a través de introducir el término “adopción” en el lenguaje cotidiano mediante sinónimos tales como “ir a buscarte” “recogerte” “tenerte con nosotros”, etc., siempre asociados a una expresión de afecto positivo.

No obstante, pienso que es importante que se haya establecido ya la relación objetal con la figura materna y en este sentido hay que decir que el vínculo de apego no depende de que la madre sea, necesariamente, madre biológica. La madre “suficientemente buena” que describe Winnicott no conlleva la exigencia de haber parido al hijo.

La relación objetal se va a ir consolidando en función de la gradual internalización de una imagen constante. Un objeto permanente capaz de recibir y hacerse cargo de las angustias del niño para podérselas devolver convenientemente metabolizadas.

Establecida ya la relación objetal, la madre es ya una figura materna internalizada, es decir, no es ya sólo un objeto externo que puede estar presente o ausente, ahora es ya un objeto interno estable y confiable. Haber introyectado este objeto interno supone que el niño ya se ha estructurado como hijo y como persona en relación a sus padres adoptivos.

Hacia los tres años comienza a surgir en el niño el interés por conocer cosas. Es cuando aparece la curiosidad sexual sublimada en curiosidad intelectual. Sus intereses se dirigen hacia el tema de la procreación y hace preguntas al respecto. Puede ser un buen momento para comenzar a brindar información sobre la adopción.

Cada niño y cada pareja de padres tiene sus propios tiempos de maduración y es importante respetarlos, pero no es prudente prolongar excesivamente el momento en el que encarar la tarea informativa, por ej., esperar a la edad escolar, que podría producir un bloqueo en la función de aprendizaje, que en ese momento debe estar libre y disponible para asimilar los conocimientos escolares.

En general la mayoría de los autores aconsejan abordar el tema de la revelación de los dos/tres años a los cinco que, como ya hemos dicho, es la edad en que el niño empieza a hacerse preguntas sobre su nacimiento. Naturalmente la tarea informativa no se circunscribe al momento de verbalizarlo ya que el niño necesita de cierta madurez para poder asimilar los diferentes aspectos que conforman el proceso de la adopción, es por eso que los padres deben propiciar un sentimiento de apertura que permita la libertad de hacer preguntas y de retomar el tema cuantas veces surja.

La información, y considero este término más adecuado que el de “revelación” que es demasiado solemne, es algo que se va facilitando a través de los años, forma parte de los cauces de comunicación entre adoptantes y adoptados.

También dice Soulé que “esperar a la pubertad para dar la información es un error grave, es durante y sobre todo, después de la pubertad cuando los accidentes son peligrosos, la personalidad está más desarrollada y, en cambio, la posición en la vida está todavía incierta”.
QUIÉN

Respecto a quién debe dar la información, no cabe la menor duda de que los padres son las personas indicadas para ello. Ya hemos dicho que es la palabra de los padres la que aporta al niño confiabilidad y seguridad. Una información que proviniera de otra fuente socavaría profundamente la credibilidad de los padres. El no haber gestado al hijo no les merma sus derechos y deberes como padres.

El hijo adoptado desea que sus padres le demuestren que son sus verdaderos padres y que actúan como tales ofreciéndole la seguridad y el afecto que necesita. Las actuaciones inseguras por parte de los padres adoptivos pueden ser utilizadas por el adoptado para crear enfrentamientos y conflictos utilizando, en ocasiones el hecho de ser adoptado como algo que disminuye los derechos de los padres con frases como “no me puedes regañar porque no eres mi verdadero padre” o “no tengo por qué obedecerte”, etc., es la respuesta que da el hijo a lo que puede ser sentido como la inseguridad de los padres.

Habría que tratar de ver si en una situación así, no es una falta de convicción por parte de los padres lo que se transmite. Tal vez, padres que no se atreven a serlo, que no han podido desprenderse de su culpa por no haber podido engendrar un hijo biológico y se viven a modo de “padres postizos”, que no han comprendido todavía que su infertilidad biológica se puede transformar en fertilidad afectiva o que viven su paternidad con fantasías de robo.

La convicción con la que se manejen los padres es la que les será de gran utilidad en el momento de encarar la tarea de dar la información que forma parte del proceso educativo del niño y es importante para el desarrollo equilibrado de su personalidad.

Es importante no sólo informar sino que todos los miembros de la familia puedan hablar con naturalidad de la adopción.
CÓMO

Con respecto al cómo, la mayoría de los autores coinciden en utilizar la propia historia del niño empleando relatos o cuentos infantiles que sirvan para introducir el tema. Cada pareja de padres podrá encontrar la forma de comenzar el diálogo personalizándolo e imprimiéndole su propio estilo. No hay receta que pueda generalizarse y servir para todos, puesto que cada historia de adopción es diferente.

La “revelación”, por otra parte, implica dos aspectos: la información en torno a la condición de adoptado y la información sobre los orígenes. La mayoría de padres adoptivos asume el primero, no ocurre lo mismo con el segundo, donde también entre los profesionales hay disparidad de opiniones.

Hay algunos trabajos publicados que han tratado de valorar los factores que han ejercido influencia en el deseo de búsqueda de los orígenes por parte de adoptados. Las investigaciones que hay hasta la fecha no permiten generalizar resultados en las áreas que se han tratado de explorar, pero sí ha habido dos rasgos que parecen ser significativos:

1. Las personas que demostraron mayor interés en tratar de encontrar a sus padres biológicos eran aquellas que se mostraron menos satisfechas de los cuidados que habían recibido de sus padres adoptivos y
2. El deseo de búsqueda de los orígenes guardaba relación con el hecho de haber recibido una información traumática. Parece que son los adoptados que no se han sentido suficientemente bien cuidados los que mayor insistencia muestran en buscar a sus padres biológicos.

Tal vez no terminan de entender algo que ya Freud en su “Moisés” apuntaba cuando decía que en todo mito y en toda leyenda, los padres que son descritos como los cuidadores, son de hecho los “verdaderos padres” y que los otros son padres ideales del fantasma a los que se les recubre de una sobrevaloración narcisista.

M. Soulé también manejó la expresión “verdaderos padres” para referirse a los que proporcionan los cuidados y transmiten el afecto por lo que los adoptantes tienen que concederse el derecho de ser “verdaderos padres” puesto que es con ellos con quienes el niño/a va a organizar su Novela Familiar.

La Novela Familiar es esa construcción fantasmática en la que el niño modifica imaginariamente sus lazos con sus padres, sus orígenes. Los padres son inicialmente la única autoridad, la fuente de toda creencia y de mayor quiere ser como ellos. Pero a medida que avanza en su desarrollo intelectual, establece un contacto con los padres menos idealizado, conoce a otros padres y los compara con los suyos, dudando de todas aquellas cualidades únicas que les había adjudicado y sus experiencias de frustración e insatisfacción en relación con los padres le incitan a criticarlos. Cuando el niño se siente menospreciado, que no recibe el pleno amor de sus padres o también que tiene que compartirlo con otros hermanos, elabora la fantasía, con frecuencia recordada conscientemente en épocas posteriores, de que en realidad no es hijo de esos padres, sino adoptado o recogido.

La Novela Familiar sirve, dice Soulé, para poder atravesar el Edipo. Y los niños adoptados construyen también su Novela Familiar igual que los demás niños y no especialmente por ser adoptados. Todos hemos fantaseado con nuestros orígenes ¿quien no ha tenido, de niño, fantasías de haber sido adoptado?, ¿de haber tenido unos padres nobles y ricos?.

Así pues, los verdaderos padres son los padres del Edipo y de la Novela Familiar. Es atravesando los avatares del conflicto edípico donde nos organizamos como personas: contactamos con la angustia de castración, configuramos nuestra conciencia moral, hacemos la renuncia a la bisexualidad infantil, y sobre todo hacemos las identificaciones con las figuras paternas que nos van a permitir incorporar nuestro rol sexual que nos dará, a su vez, la clave de nuestra sexualidad genital adulta. Esto tiene que apuntalar en los padres su convicción de tales, ya que es con ellos con quien el niño vive sus deseos sexuales prohibidos y sus celos y no, con los que le han concebido. Pero cuando se siente poco valorado por los padres que le han acogido, poco incluido en la intimidad familiar, es cuando puede volverse hacia sus padres biológicos idealizados queriendo ver en ellos los padres ideales, poderosos y buenos. Entra en una contradicción insoportable puesto que, contra toda realidad, adjudica virtudes e idealiza a unos genitores que le han rechazado, negado y abandonado.

Algunos trabajos de M. Soulé y Jeanine Noël referidos al tema de los orígenes, concluyen indicando que, en ocasiones, las exigencias de búsqueda y reencuentro con los padres biológicos pueden hacerse acuciantes, y sentirse como una necesidad no exenta de inquietud. Pero que, la búsqueda de los padres biológicos raramente es llevada hasta su término, la mayoría de las veces se abandona cuando está a punto de llegar a su fin y cuando se consigue es a menudo más angustiosa que satisfactoria, siendo excepcional que se extienda a relaciones continuadas y beneficiosas. La confrontación con los padres biológicos idealizados, pero a menudo sórdidos, sin cualidades o simplemente reales y ordinarios, es normalmente dañina.

Pero los niños que han sido adoptados por unos padres que los han deseado y los han querido, han encontrado una reparación narcisista al abandono sufrido y han sentido en sus acogedores a sus verdaderos padres. La idea de padres se teje con el hilo del amor y no de la sangre en la compleja riqueza de los sentimientos cotidianos. Como dice el Dr. José Rallo, los padres afectivos son los padres efectivos.

La revelación de nombres, fechas, lugares, etc. que no han tenido una significación real para el niño no va a constituirse en un elemento estructurante de mayor importancia que la experiencia, esta sí que real, de haber recibido el amor y la aceptación sin reservas de sus padres acogedores, padres que han deseado un niño, no que han tenido necesidad de un niño. El deseo y la necesidad se funden en lo que llamamos un proceso de adopción. El deseo de los padres y la necesidad del niño de tener una pareja parental.

Recordemos que la gestación del niño dado en adopción ha venido marcada por un “no deseo”, por lo que la capacidad de empatía de la madre adoptiva (apoyada por su marido) va a ser fundamental para que se establezca la simbiosis afectiva que permita al niño el cambio del registro del “no deseo” –que puede relacionarse con los sentimientos hostiles a que puede dar lugar en no haber tenido suficiente valor afectivo para la madre biológica– para pasar a ese saberse deseado, que le reconciliará con la vida.

Finalmente, concluimos estas reflexiones señalando una idea que a veces quizás se nos escapa pero que es importante recordar de vez en cuando. Todos somos adoptados, todo ser humano tiene que ser adoptado por sus propios padres para constituirse verdaderamente en “el hijo de…….”

Los hijos biológicos también son hijos adoptados. El hecho de nacer no es suficiente para ser hijo de nuestros padres y el hecho de que tengamos hijos no es suficiente para que nos constituyamos como padres. Hay que dar un paso más trascendiendo a la biología para poder entrar en el terreno del afecto y el amor en el que incluir a ese niño/a.

Todo padre o madre hace un movimiento interno de orden inconsciente por el que –de alguna manera– “adopta” a ese hijo en el momento en el que lo reconoce como propio y lo incluye en su proyecto de vida insertándolo en una trama amorosa que va a ser fuente de satisfacción para ambos.

La madre, lo adopta antes y de una forma muy directa, debido a las particularísimas vivencias que una mujer embarazada va enlazando en su psiquismo a través de su propio cuerpo que se convierte en alojamiento del hijo. El padre sigue otro proceso diferente, que pasa por la palabra de la madre que le dice “este es tu hijo y es el hijo que yo he querido tener contigo” es entonces cuando lo tiene que adoptar y –valga la expresión– hacerlo suyo porque se trata de una adopción en el deseo.

Pero también los padres han de ser adoptados por sus hijos. También el hijo interioriza que éstos son sus padres, no sólo porque le han dado la vida o le han adoptado sino porque se reconoce a sí mismo como hijo de esos padres que son los que él quiere.

Lamentablemente, a veces vemos padres que jamás han adoptado a sus hijos, lo que posteriormente puede dar lugar a conflictos emocionales de mayor o menor envergadura de patología. Se han quedado en lo puramente biológico y creen que tienen hijos, pero no los han adoptado y no se ha podido establecer esa auténtica filiación que configura la urdimbre en la que –como hemos dicho hace un momento– tejer la idea de paternidad.

De la pérdida al encuentro…. La pérdida para el niño… Lo no tenido, para los padres que en alguna parte de su psiquismo se inscribe como pérdida. Ambos (padres e hijo) en proceso de duelo, que puede manifestarse en lo consciente o circular en lo inconsciente. Pero también ambos, con una hermosa tarea por delante en cuya realización van a ir enlazando sus vidas, y el duelo de partida se podrá ir elaborando y finalmente –como en todos los duelos– se podrá dar la reconciliación con lo perdido, que no se habrá transformado en elemento persecutorio sino en elemento propiciador del encuentro. Del encuentro entre dos esperanzas, la de un niño que necesita una familia y la de una familia que desea un niño.

El niño perdió a sus genitores pero recibió de ellos el regalo de la vida. Los padres –los verdaderos padres– reciben de ese hijo el regalo de la paternidad con el que transformar la infecundidad biológica en fecundidad afectiva. Ya no son pareja en interacción dual sino familia donde poder vivir la triangulación edípica con todos y cada uno de los hijos que puedan ir teniendo.

Desde luego que no todas las parejas que adoptan lo hacen por impedimentos biológicos. Hemos visto un significativo número de padres que habiendo procreado uno o varios hijos quieren adoptar. Estos padres no tienen que elaborar duelo por renuncia a hijos biológicos que ya tienen, pero han de recorrer igualmente el camino del encuentro con el nuevo hijo y adoptarlo como también tuvieron que adoptar a sus hijos biológicos para constituirse en verdadera familia y no ser simplemente un grupo de personas que viven junta
Cariños!
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