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Mi padre fue un anónimo donante de semen (pre
#1
Mi padre fue un anónimo donante de semen

  • 15.OCT.2008


“No conocía a mi padre, nunca había oído nada sobre él, ni había visto una fotografía suya. Mi madre nunca me habló de él porque no tenía ninguna pista sobre quién era”.
Katrina Clark es una de las miles de personas nacidas en EE.UU. por inseminación artificial. Y que, debido a las leyes que garantizan el anonimato al donante de semen, creció hasta los 17 años sin saber quién era su padre. Pero sentía una crisis de identidad y empezó a buscar a su padre biológico. Así lo contaba en un artículo publicado hace algún tiempo en The Washington Post (17-12-2006), cuando tenía 18 años.
Katrina se manifiesta enfadada por el hecho de que las leyes sobre fecundación artificial se elaboraran pensando solo en los deseos de los adultos y sin tener en cuenta los derechos de las personas concebidas de ese modo.
“Me molesta que todo lo relativo a la donación de gametos se centre solo en ‘los padres’, es decir, los adultos que pueden tomar decisiones sobre nuestras vidas. Se simpatiza con la madre por querer tener un hijo. El donante consigue garantía de anonimato, así como exención de cualquier responsabilidad sobre el hijo nacido de su donación. Mientras estos adultos sean felices, la concepción por donación es un éxito, ¿no?”.
No es así de simple, contesta ella misma, para recordar acto seguido que los nacidos de manera artificial también son personas. Por eso lucha para que se reconozca su derecho a saber quiénes son sus padres.
Desde el punto de vista emocional -sigue explicando-, muchas de las personas así nacidas sufren en esta situación. “No pedimos nacer de este modo, con las limitaciones y la confusión que implica. Es hipócrita que tanto padres como médicos supongan que a los ‘productos’ del banco de semen no les interesa conocer sus raíces biológicas, cuando es el vehemente deseo de tener descendentes biológicos lo que hace que los clientes recurran a la inseminación artificial”.
La madre de Katrina tuvo que hacer muchos sacrificios para sacar adelante a su hija. Pero las penurias que pasaron juntas las han unido mucho. “Nunca me he enfadado con ella”, afirma Katrina. “Ella me explicó cuando era sólo una cría que yo nunca había tenido un papá, sino tan sólo un padre biológico”, el desconocido donante de semen. A Katrina, al principio no le importaba no tener un padre. Solo de vez en cuando, reconoce, “cuando era pequeña me gustaba soñar con un hombre alto y delgado que me cogía y me balanceaba dando vueltas en el patio, un hombre varonil que estaba encantado con su niña”.


La búsqueda del padre

En su artículo, Katrina explica distintos sucesos que le hicieron añorar la figura de un padre que la cuidase y protegiera. Muchas veces sentía celos de sus amigos que tenían una familia con padre y madre y hermanos. Incluso cuando los padres de sus amigos se divorciaban, ella sentía celos por el cariño y la comprensión que recibían por parte de todos. “A mi nadie me ofreció ese tipo de apoyo y comprensión”.
Finalmente su madre se casó. Un día, su padrastro regañó a Katrina y la madre perdió los nervios. Le empezó a gritar que él no tenía autoridad sobre ella porque no era su padre, porque ella no tenía padre. “En ese momento fue cuando la sensación de vacío cayó sobre mí. Me di cuenta de que, en cierto sentido, era rara. Verdaderamente nunca tendría un padre. Por fin entendí lo que significaba ser concebida por un donante; y lo odié”.
Al cabo de un año vio un programa de televisión sobre una mujer que murió de un ataque al corazón a causa de una enfermedad genética. Sin embargo, la mujer ignoraba su predisposición porque había sido adoptada cuando era pequeña e ignoraba la historia médica de sus padres. Este hecho golpeó a Katrina y la animó a buscar a su padre.
Así que empezó a investigar en Fairfax Cryobank, el banco de esperma de Virginia donde su madre fue inseminada. Con la limitada información que tenía su madre sobre el donante (raza, algunas características físicas, peso, nivel de estudios) fue haciendo averiguaciones. Y tuvo mucha suerte. Solo al cabo de un mes de e-mails y búsquedas en Internet, encontró un donante que podía ser su padre y que aceptó hacerse una prueba de ADN. Los resultados confirmaron que era su padre biológico. “Mi vida cambió desde entonces”, comenta la propia Katrina.
Al poco tiempo de estar en contacto con él, “me di cuenta de que su entusiasmo por desarrollar nuestras relaciones parecía desvanecerse. Cuando le manifesté mis sospechas, me confirmó que estaba un poco cansado de toda aquella historia del donante de semen”. A pesar de todo, Katrina no quiere perderlo. “Todavía hay mucho que quiero saber. Quiero conocerle. Quiero conocer a su familia. Estoy segura de que no se da cuenta del papel tan grande que ha tenido en mi vida a pesar de su ausencia, o precisamente por su ausencia. Si no puedo estar demasiado apegada a él como padre, siempre podré estar apegada al sentimiento de que tengo un padre”.
Katrina piensa también en los sentimientos de otros concebidos por donación de gametos. “Cuando leo lo que dicen algunas mujeres sobre su opción de maternidad, me siento degradada a poco más que una ampolla de semen congelado. Me parece que la mayoría de estas madres y de los donantes apenas piensan en los sentimientos de los hijos que nacerán de sus acciones. No es que sean insensibles, pero no tienen en cuenta lo que pueden pensar sus hijos cuando sean mayores”.
Los nacidos por donación de esperma, concluye Katrina, “llegaremos a ser adultos y a formar nuestra opinión acerca de la decisión de traernos al mundo de un modo que nos priva del derecho básico a saber de dónde venimos, cuál es nuestra historia y quiénes son nuestros dos padres”.


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#2
[h=1]Donación de semen: el padre, un debate pendiente[/h] [h=2]La cantidad de madres solteras crece sin pausa en el mundo occidental. En España el número de mujeres que acuden a centro en busca de esperma de donante se quintuplicó. Y en Argentina la tendencia aumenta en medio de un gran vacío legal. ¿Qué pasa con el padre? Si hay una pareja, ¿el papá es el donante o el que adopta? Si no hay varón y la mujer avanza sola, ¿hay padre?


[/h]Allí donde la naturaleza decía no, la ciencia dice sí y avanza. La infertilidad retrocede a paso lento pero firme y cada vez más parejas y mujeres que no podían concebir, lo hacen. La fecundación con semen de donante es cada vez más frecuente, ya sea por casos de azoospermia (ausencia de espermatozoides) u otros trastornos de la fertilidad masculina, o porque aumenta el número de mujeres que quieren ser mamás sin pareja.

Sólo en España, el número de mujeres que acuden a un centro en busca de esperma de donante se quintumplicó. En Argentina, si bien no hay datos que alumbren el fenómeno, las clínicas coinciden en un mismo diagnóstico. Las consultas por espermodonación crecieron del 10% al 30% en apenas cinco años, y cada vez más mujeres solas y parejas lesbianas recurren a esta opción.
Ocurre en todo el mundo occidental, y sobre todo en Europa. Hasta hay bancos de semen de carácter internacional. El del Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos.tiene un listado de donantes y, bajo contraseña, se puede acceder a información sobre las muestras de semen disponibles, con las características físicas generales (fenotipo) del donante: el objetivo --controvertido para algunos y razonable para otros-- es emparejar lo mejor posible el "aspecto" de donantes y pacientes.
El fenómeno avanza en un marco de vacío legal, con una cierta autorregulación por parte de los centros y bancos de esperma que, en general, no obstaculiza el acceso a este tipo de procedimientos. Las mayores dificultares tienen que ver con los prejuicios y juicios que a una mujer le toca enfrentar al avanzar en esta dirección. El debate social está pendiente y se impone la gran pregunta: ¿hay padre? ¿Quién es? ¿Qué pasa con las responsabilidades legales? ¿Qué decirle a los chicos? Consultamos a especialistas y exploramos la tendencia.


Crecen las consultas y los casos
Los procedimientos se hacen en centros que tienen bancos de semen: esto es, laboratorios donde se guardan, congeladas, muestras de esperma para su posterior utilización. Si bien estos lugares son esquivos a la hora de dar cifras y porcentajes, sus responsables cuentan, off the record, que la mayoría de las muestras son de donantes anónimos, que son utilizadas por parejas o mujeres solas receptoras. También almacenan muestras a pedido de pacientes con cáncer que pueden ver afectada su fertilidad tras los tratamientos y hay casos de hombres que recurren a la criopreservación para diferir la paternidad (aunque son los menos, porque el hombre no siente que vea afectada su fertilidad con el paso del tiempo: desconoce que Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos.).
Pero estos casos son excepcionales: quienes utilizan con mayor frecuencia este servicio son mujeres solas —o en pareja— que no tienen la posibilidad de concebir un hijo con el semen de un conocido.
"La selección de los donantes es muy rígida. Sólo entre el 7 y el 10% de los postulantes terminan siendo aceptados. Tienen que ser mayores de 21 años y tener antecedentes de fertilidad", explica el andrólogo Gastón Rey Valzacchi, y aclara que el 90% de los que acuden a los centros son parejas heterosexuales con problemas en el varón.
En Argentina ninguna ley prohíbe la inseminación artificial de mujeres solas y el consentimiento informado se convierte en el único instrumento contractual del que se dispone. Lo que hacen los centros, en general, es derivar previamente a la mujer a una consulta psicológica, cuyo resultado no es vinculante (es raro que un centro niegue un tratamiento por esta causa).
El donante es anónimo: ni la mujer que recibe la muestra ni el hombre que dona el semen pueden saber nada del otro. Pero, a falta de marco regulatorio, los centros reconocen que el tema queda en suspenso. "Se firma un consentimiento informado que aporta un marco legal para deslindar responsabilidades, pero los datos quedan registrados ante una eventualidad", aclaran los expertos.
Al donante se le pagan unos 150/200 pesos por muestra y quien la recibe abona entre 1.000 y 3.000 pesos (la inseminación o la fertilización in vitro se cobran aparte) por cada intento, aunque la mayoría de los centros ofrece un paquete por varios.


Los donantes
En la Argentina, los tres bancos principales de semen son: Cryobank, Cehusa y Fecunditas, y todos reciben muestras de donantes. Para ser aceptados, tanto las parejas como los donantes deben someterse a un chequeo infectológico y genético para evaluar posibles riesgos (las muestras se congelan seis meses mediante la técnica de criopreservación. Si transcurrido este período el test de VIH vuelve a dar negativo, se las puede usar). Una vez superada esta prueba completan una ficha que incluye color de ojos, color de piel y cabello, estatura y nivel de estudios alcanzado.
Cada muestra de semen se clasifica con un número que se ingresa a un programa que hace un cruzamiento de datos para elegir al donante más compatible en función de las características físicas de la pareja receptora.
Si la mujer es fértil, la inseminación con semen de banco alcanza probabilidades de éxito de entre un 30% y un 70% al tercer intento.


Matching
Como explicamos, si bien no se puede saber nada sobre la identidad, sí se puede pedir que sea parecido a un hombre en particular (llevando fotos) o que tenga un determinado color de ojos o de pelo. En Estados Unidos las preferencias hilan aún más fino y casi se puede elegir un hijo "a la carta": hay catálogos de padres de los más variados y no sólo se pueden ver fotos y videos sino también averiguar qué hobbys tiene y cuál es su coeficiente intelectual (hasta detallan a qué Universidad fue y cuál fue su promedio, o describen para qué tipo de deportes demostró habilidades).
¿Cómo se hace este "matching donante/recipiente (u homologación fenotípica)? Se lleva a cabo teniendo en cuenta los siguientes factores:
1) Estatura
2) Peso
3) Tipo físico
4) Color de piel
5) Color de pelo
6) Color de ojos
7) Raza
8) Grupo sanguíneo y factor Rh


Mujeres solas
En la mayoría de los centros de fertilidad porteños coinciden en que cada vez hay más mujeres que consultan para tener hijos solas. "Hace cuatro años sólo había casos aislados: ahora suman unos diez pacientes por mes. Ya es una tendencia. Las mujeres perdieron los prejuicios y, si no tienen pareja, se inseminan antes de perder la capacidad ovulatoria", explican en el Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (CEGYR). Y en el IVI Buenos Aires tienen datos similares.
La psiquiatra Luisa Barón, directora de la Fundación para la Investigación Médica Psicológica (IMPSI), presentó en la American Society for Reproductive Medicine de los Estados Unidos una investigación sobre "Mujeres solteras que recurren a bancos de esperma. Un seguimiento psicológico en pacientes y niños" (*). En el mismo concluye: "Los chicos que evaluamos tienen una excelente relación con la madre y se están desarrollando bien. No hay ninguna razón para pensar que las cosas puedan salir mal".
Según sus datos:
- El 66% de estas mujeres son divorciadas o separadas. El 20% está en pareja con un hombre casado, 4% son viudas y 6% están solas.
- El 100% hubiera preferido la concepción en pareja, pero se vieron apremiadas por su reloj biológico.
- El 78% prefirieró recurrir a un banco de semen antes que forzar a una pareja ocasional a ser padre.
- El 90% le contó a algún amigo o amiga que se inseminó; el 76% lo compartió con sus hermanas, 54% con su mamá y 0% con sus compañeros de trabajo.
Una de las razones por las que las mujeres prefieren ir a un banco a simular un accidente con un amante ocasional para embarazarse es la cantidad de controles por los que pasan los donantes de semen, a quienes se les practican estudios infectológicos, genéticos e inmunológicos (lo mismo ocurre con los Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos.).


Qué pasa con el padre
Al recurrir a esta técnica, al igual que en el caso de la ovodonación, las parejas comienzan a hacerse varias preguntas sobre quién es el "padre verdadero" del niño. Los expertos aclaran que el donante dona semen y no, paternidad.
"Según la ley, madres es quien pare al bebé, pero no hay reglamentación establecida para el caso de los hombres. De todas maneras, se considera que padre es quien se encarga de criar al niño, quien genera un vínculo con él, ya que es por este aspecto que pasa la paternidad y no por quien aporta la información genética, simplemente", dice la doctora en psicología Leticia Urdapilleta, psicóloga de CEGYR.
Distinto es el caso de las madres solteras, que deciden tener un hijo recurriendo a un banco de esperma. "Las mujeres solas que se acercan al Centro para realizarse un tratamiento de donación de esperma lo hacen bajo el gran anhelo de ser mamás. Y si bien no cuentan con una pareja al momento y saben que deberán llevar a delante la crianza de su hijo solas, creen que la encontrarán a futuro y que allí podrán completar su familia", explica la especialista
En estos casos, la pregunta se impone: ¿hay padre? ¿El niño tiene o no un papá? La respuesta, según Urdapilleta, es NO. Padre es quien se encarga de la crianza del bebé y al no haber figura masculina que ocupe ese lugar, el niño tiene sólo madre.
Por eso es importante el entorno en donde el pequeño se desarrolle, ya que si bien la figura paterna no puede ser suplida, la participación de seres queridos –como abuelos, tíos o amigos- es fundamental para darle contención y cariño, dice.
"En CEGYR realizamos un trabajo psicológico muy específico con estas mujeres para conocer su entorno. Si tiene padres y hermanos, dónde viven, dónde trabajan, y su posición económica, ya que debemos garantizar que el bebe pueda crecer en un ambiente saludable", dice Urdapilleta.


¿Qué decirle al niño?
Ahora bien, tanto para una familia como para las madres solteras, el dilema está en qué decirle al chico sobre su llegada al mundo. El acento está puesto en no mentirle: hay que decirle la verdad desde pequeño, utilizando un lenguaje comprensible y no darle más información que la que por su edad pueda comprender.
"Los niños, desde muy pequeños, hacen preguntas sobre su papá, ya que notan que a diferencia de sus compañeros de colegio, por ejemplo, ellos no tienen uno. Es muy frecuente escuchar a madres decirles que no tienen papá porque murió o está de viaje. Hay que trabajar con ellas para que esto no suceda, asesorarlas antes y después sobre cómo decirles la verdad para que el niño sepa que no tiene un padre, y hacerles entender como madres que la carencia de una figura paterna no lleva al mal desarrollo su hijo", dice Urdapilleta.
Otra de las grandes preocupaciones de padres y madres es que al pasar algunos años, el donante pida ejercer ciertos derechos sobre el niño. El miedo reside en que el donante de semen les reclame la paternidad del niño, "que se lo devuelvan". Pero, en este punto, el donante tiene el mismo miedo a la inversa: su preocupación pasa porque quieran "devolverle" al niño.
A diferencia de Europa, no existe en Argentina una ley que establezca que el donante, al realizar su donación, rescinde de todos los derechos y obligaciones sobre el chico, a fin de brindar seguridad a todas las partes.
Entonces, si el niño decide conocer al donante, ¿puede hacerlo? En nuestro país todavía no hay una ley de reproducción que contemple esto, ni tampoco registros identificatorios de los donantes –que sí hay en otras partes del mundo-. Por eso, la decisión del anonimato o no en nuestro país está a criterio de los jefes o comités de ética de las clínicas.
Sin embargo, según los artículos 7 y 8 de la Convención de los Derechos Humanos del Niño, todas las personas tenemos derecho a conocer nuestra identidad. Por tal motivo, tanto los chicos adoptados como aquellos nacidos por cualquier técnica reproductiva asistida, tienen derecho a acceder a esa información, una vez cumplidos los 18 años.
"Lo ideal sería, como sucede en varios países de Europa, que los donantes dejaran de ser anónimos. En los países del viejo continente, así como en Oceanía, se promulgó una ley que establece la obligatoriedad del encuentro entre donante y receptor antes del inicio del tratamiento. Tienen que tener sesiones de counceling y sesiones con asesores legales y psicológicos, para poder despejar dudas", cuenta Urdapilleta.
"Este hecho ha generado un cambio en el tipo de donantes de semen. De jóvenes universitarios que lo hacían por una cuestión económica, sin involucramiento en la situación, se pasó a padres de familia que lo hacen por cuestiones solidarias y que toman un rol más participativo, tal vez porque conocen gente que ha pasado por esta situación o porque simplemente empatizan", concluye Urdapilleta.
"Las técnicas de fertilidad asistida, como la donación de esperma y la ovodonación, se han vuelto más frecuentes en los últimos años y nos encontramos en un momento de transición. Educar a la sociedad y trabajar sobre las mejores maneras de concientizar acerca de la importancia del entorno en donde un niño crece, poniendo énfasis en su crianza y no en la forma de concepción, es el camino que los responsables han de seguir para lograr mejoras y avances en material de calidad de vida", agrega.
Para la psicoanalista Stella Maris Rivadero, no hay que perder de vista la singularidad de cada caso: "para el psicoanálisis, el padre es una función: el que prohibe gozar de la madre y el que ordena 'todo no se puede' y distribuye legalmente los modos de acceso al goce y al deseo. En consecuencia, habría que ver, en el caso por caso --es decir, en la singularidad de cada-- mujer cómo opera esa función y cómo se la transmite a su hijo, más allá de la no presencia del padre biológico en lo real. Además, es importante subrayar cómo cada una acoge y representa la maternidad en relación a la ley paterna, porque la función de la ley paterna opera tanto para el hijo como para la madre".


* Fuente: Dra. Luisa Barón (IMPSI), estudio realizado entre 1997 y 2000 en mujeres argentinas.

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