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El relato, o cómo contarles su historia
#26


Relatos para niños entre 8 y 12 años

Las niñas y niños de esta edad necesitan saber más cosas, con más datos y concreciones sobre sus orígenes. Necesitan saber las razones por las que las personas mayores abandonan a sus hijos e hijas y los dan en adopción, o por qué las autoridades deciden retirar la patria potestad y entregarlos a otras personas diferentes. Esto significa que muchos niños adoptados y niñas adoptadas van a tener que afrontar que los motivos de adopción radican en una madre y en un padre que tuvieron problemas sociales, familiares y personales.

Necesitan entender el por qué de la pobreza, de las toxicomanías, de la enfermedad mental, del maltrato, de la violencia doméstica, del alcoholismo, de la delincuencia,...Tienen que llegar a entender de una forma libre de prejuicios y bien contextualizada, qué circunstancias se dieron para su adopción.

La técnica del relato a esta edad es más compleja y comprometida para las personas adultas que la gestionen, ya que en esta etapa tienen presente que la adopción ha sido consecuencia de una situación de abandono o de desamparo. Algunas personas adoptantes y profesionales piensan que bastaría decirles: “ Tu madre era muy joven, tu padre tomaba drogas y la maltrataba, un día tu madre te llevó al orfanato y nunca más te volvió a recoger, por eso te adoptaron”.
Habitualmente no nos atrevemos a contar relatos o historias por la dureza de los elementos narrativos presentes, pero para que una persona adoptada comprenda bien su historia y lo que es más importante, para que no haga atribuciones del tipo “ me abandonaron porque soy malo, tengo mal carácter, o no estudio, o soy desobediente y pego a otros niños”, hay que proporcionarle información que le permita entender que la separación fue una solución a una situación claramente insostenible.

Desgraciadamente los temores que pueblan la imaginación de una niña o niño herido emocionalmente superan con creces a la realidad en horror y confusión. En palabras del psiquiatra Boris Cyrulnik: “el horror de lo real siempre tiene un punto de esperanza. El horror de lo imaginario es total”. Por ello, los relatos pueden ayudar a comprender los auténticos motivos de su abandono y ayudarles a elaborar su abandono y a reconciliarse con su suerte.

Veamos un ejemplo de una historia real convertida en un relato.

¿Te has planteado por qué hay niños y niñas que no viven con sus familias? Hay madres y padres que han tenido una vida difícil con muchos problemas, que pueden ser de pobreza, o de enfermedad, o por otras causas. Estas dificultades hacen que no puedan cuidarse a sí mismos ni a otras personas. Tampoco a sus hijos o hijas, a los que a veces maltratan aunque luego puedan arrepentirse.

Esta es la historia de una chica que su familia tenía estos problemas. Su padre era alcohólico y muchos días cuando llegaba a casa

había peleas y gritos. Su madre, pasaba temporadas en el hospital y cuando ella tenía catorce años tuvieron que ingresarla en una residencia. A ella, en la escuela nunca le fue bien, así que cuando tuvo la edad de ir al instituto, abandonó los estudios y se puso a buscar un trabajo. Encontró trabajo en una fábrica y allí conoció a un chico del que se enamoró y se fueron a vivir juntos. Pasado un tiempo, y aunque eran muy jóvenes para ser padre y madre, tuvieron un bebé, un niño guapísimo. Los bebés son seres muy inmaduros y requieren mucha atención, muchas veces lloran y no se sabe por qué: si por frío, por hambre, por sueño,... La verdad es que para cuidar a un bebé hay que tener paciencia, conocimiento y medios, y a esta chica le estaba resultando muy complicado y difícil cuidar a su bebé.

Un día tuvo que llevar al niño al hospital porque tosía mucho y no dejaba de llorar. Le empezaron a hacer preguntas de cómo lo cuidaba y ella les contó lo mal que lo estaba pasando. La pediatra le dijo que estaba siendo muy valiente porque siendo tan joven estaba

intentando hacerse cargo de un bebé, pero que el niño estaba muy por debajo de su talla y peso. Le explicó que si continuaba así podría tener problemas más graves. También le explicó que si ella no podía atenderlo, podía pedir ayuda para que se hicieran cargo del bebé y lo cuidaran. Estaba muy triste porque quería a su bebé, quería que su hijo fuera feliz y estuviera bien cuidado, pero ella no podía hacerlo, y no quería hacerle daño. Finalmente, en la decisión más difícil de su vida, dejó a su hijo al cuidado de una institución para que le buscara una nueva familia y renunció a volver a ser su madre.

Este tipo de relato se acerca más a la realidad, debe ser contado por alguien de confianza, que pueda y sepa responder con sinceridad y entereza a las preguntas. El clima durante el relato debe ser cálido y posibilitar y legitimar la expresión de las emociones. Es una técnica que requiere preparación específica. Este tipo de relatos tienen mucho poder curativo: exculpan al niño o niña y a su familia biológica, hacen de la adopción una salida para el abandono, truncan las explicaciones fantasiosas y facilitan la reconciliación con la propia historia.
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#27
Cómo Hablar con Tu Hijo de Tres a Cinco Años sobre la Adopción

Los niños de 3 a 5 años son curiosos: sus florecientes habilidad cognitivas y lingüísticas son sus instrumentos para conocer el mundo. Sus preguntas nos permiten vislumbrar la importancia que tiene para ellos desarrollar un sentido de pertenencia, ser aceptados, sentirse seguros y a salvo.

Todavía no son capaces de concentrarse en un solo tema durante mucho tiempo, y cambiarán de tema o nos ignorarán en cuanto hayan satisfecho su curiosidad o si la conversación se prolonga en exceso.

La mejor aproximación a las preguntas sobre adopción es limitarse a responder las preguntas del niño de la forma más sencilla posible. Ofrece palabras que le permitan expresar sentimientos y hazle saber a tu hijo que siempre estarás dispuesto a hablar. Habla tranquilamente, con
calma y exponiendo los hechos con naturalidad: así percibirá el mensaje más importante de todos, saber que la adopción es algo positivo y que puede sentirse libre de expresar cualquier duda que se le pase por la cabeza.

Estas son algunas preguntas posibles y algunas respuestas que se pueden ofrecer:

“¿Por qué no salí de tu panza?”
“Tu papá y yo no podíamos hacer un bebé, pero queríamos poder cuidar y querer mucho a un bebé. Tú saliste de la guatita de tu madre de nacimiento, y después papa y yo te adoptamos”. “A mí también me gustaría que tú hubieras salido de mi guatita”.

“¿Por qué me adoptaste?”
“Queríamos un niño al que poder querer y cuidar”.

“¿Por qué mi primera madre no se quedó conmigo?”
“A veces, un hombre y una mujer tienen un niño, pero no pueden cuidarle ni hacerse cargo en ese momento. No tiene nada que ver con el niño. Es por razones de mayores. Por eso encuentran otra familia que pueda cuidar a ese niño”.

“¿Cómo es mi primera mamá?”
“Estás preguntándote cómo es tu madre biológica”. Si conoces su aspecto, descríbela. Si no lo sabes, puedes decir algo como “tiene que ser preciosa si se parece a ti”. Imaginen juntos el aspecto que podría tener, o anima a tu hijo a dibujarla.

“Todos los bebés nacen de un hombre y una mujer”
(Un concepto clave que impartir a esta edad)

“Las familias se forman de dos formas: los bebés pueden vivir con la familia en la que nacieron, o pueden vivir con la familia que les adopta”
“A veces hay mujeres que no pueden tener un bebé, y por eso adoptan un bebé”
“A veces hay papás y mamás que no pueden cuidar al bebé que nace de ellos, por lo que buscan otra familia que lo pueda cuidar”.
“A veces, hay familias que adoptan bebés que vienen de muy lejos



Ten la certeza de saber qué es lo que te está preguntando realmente tu hijo antes de contestar sus preguntas.

Ofrécele formas concretas de expresar sentimientos. Por ejemplo, sugiérele dictarte una carta a su madre biológica para enviarla o ponerla en un sitio especial.

Anímale a hacer un dibujo. Recurre a muñecos para expresar sentimientos y preguntas.

Leed juntos libros sobre familias adoptivas. Leerle un cuento antes de dormir puede ser una experiencia cálida y llena de cariño, un momento en que tu hijo se siente seguro y libre para hacer preguntas.

Refleja y repite lo que dice tu hijo. Repetir sus palabras demuestra que estás poniendo atención y que te interesa lo que expresa.

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#28
La Monito
Escrito el: 09 - Septiembre - 2007 a las 23:06
Me pongo en esa posición, me imagino a mi chinita conversando conmigo acerca de esto y me hace feliz porque sé que sabré llevarla bien Abrazo
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#29

Al adoptar a un niño, los adoptantes se hacen cargo de una criatura que en la mayoría de los casos fue abandonada. Cuando el niño se entera de esto es probable que sienta pena, rabia o desconcierto. El niño sufre porque se da cuenta de que no pudo ser conservado por la persona que lo concibió, por más de que esto fue superado por el vínculo con los padres adoptivos.

Si los padres nunca le dicen la verdad a su hijo, a la larga todas las mentiras terminan siendo descubiertas y la sensación de haber sido engañado es generalmente intolerable para el niño adoptivo.Es fundamental que los padres adoptivos acompañen al niño en sus preguntas y en las inevitables angustias que forman parte de su historia. De este modo se abre la posibilidad de recorrer un camino, un estilo de vínculo en la familia donde hablar no separa, más bien une.El silencio crea la ilusión de un vínculo estrecho. En cambio, la comunicación fortalece los vínculos, por lo que se dice y se informa, y también por la confianza que se brinda al estar dispuesto a escuchar al otro, y ser el sostén de interrogantes e inquietudes que aparecen.

El niño necesita ser aceptado definitivamente como hijo, necesita que se le transmita seguridad y que se le demuestre que se le ama. Necesita crecer con la dedicación y el ejemplo de sus padres, y apoyarse en su confianza.Los padres deben hablar al niño con honestidad para que le permita enfrentarse o desarrollarse mejor en su vida y en nuestra sociedad
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#30


Que debería decirle a mi hijo sobre sus padres biológicos?

Es importante que aclaren vuestros sentimientos sobre los padres biológicos antes de hablar con vuestro hijo. Pueden estar seguros que digan lo que digan, el niño captará vuestros sentimientos. Según la experta Beverly McKay Zimmerman, los padres adoptivos ".... pueden sentirse amenazados, celosos, agradecidos, desaprobación o superiores de esta pareja desconocida ¿pueden imaginarse en semejante situación.?
Zimmerman dice que es crucial examinar este tipo de sentimientos y aceptarlos.

Es mejor no hablar de los padres biológicos como mala gente. Si se perciben a los padres biológicos como malos, el niño deducirá que puede ser malo también. Incluso si fueron muy abusivos, es mejor (y aun verdad) que no podían manejar la situación de ser padres

La meta principal en describir a los padres biológicos debería de ser presentarles como personas reales. Mientras que los niños adoptados pueden tener fantasías que sus padres biológicos eran o maravillosos o emocionantes, o que son drogadictos o criminales, la realidad es que la mayoría de ellos son gente normal. No podrían criar al niño y así escogieron a la adopción. Aunque fuesen abusivos, drogadictos, pobres, demasiado jóvenes o lo que sea - lo principal es que no podían ser los padres del niño.

Si el niño se pregunta por el aspecto de un padre biológico y lo sabéis, decídselo. Puede que tenga una foto que podréis enseñarle al niño preadolescente. Si el niño tiene preguntas y dudáis de las respuestas, podríais encontrar respuestas de la agencia. Muchas agencias ahora ofrecen servicios postadopción para las familias.

Si el niño manifiesta una preocupación por su madre biológica, especulando que puede estar muerta, es mejor asegurar al niño que ella probablemente está bien y a salvo. Es importante tranquilizar al niño que la madre biológica no intentará reclamarle – otro temor común de niños adoptados.

Puede que el niño muestre enfado contra sus padres biológicos. Un niño de 10 años le dijo a su madre adoptiva que estaba muy enfadado con sus padres biológicos por haberle descuidado a él y a sus hermanos que se adoptaron todos juntos más tarde. Ella contestó que sus padres biológicos simplemente no podían ser padres y nunca habían aprendido como serlos. El niño dijo entonces que estaba enfadado con sus abuelos. La madre contestó que a lo mejor tampoco lo habían aprendido ellos. El niño pensó y pensó y luego dijo "Vale, pues. Si había alguien que SABÍA y todavía no enseñó a los demás, es con esa persona que estoy enfadado." Aparentemente esta explicación satisfizo al niño y menguo su enfado.
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#31


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"Los padres consultan buscando palabras o fórmulas mágicas que eviten daños y sufrimiento al chico, pero también porque es muy doloroso para ellos abordar esta tarea y temen perder el amor del hijo. En forma más latente que esta preocupación manifiesta, encontramos temores y ansiedades que aluden a la propia inseguridad en torno a su capacidad para ser padres."
"

ENCUENTRO DE CARENCIAS

La adopción se da por la confluencia de varias carencias y situaciones de vulnerabilidad. La de una madre de origen no protegida por la sociedad, en un muy alto porcentaje sin compañero, que se encuentra enfrentada al nacimiento de un niño no buscado y al que no puede criar. La carencia de una criatura que necesita y tiene derecho a una familia donde crecer y donde construir su identidad. La carencia de una pareja que ha deseado engendrar un hijo y que no pudo lograrlo.

El eje social y psicológico de la adopción reside en el encuentro de estas carencias y las traspasa en la medida que en estos padres legitimados por la ley, se despierta el deseo de un hijo a quien amar y a través del cual poder proyectarse y trascender, aunque no haya sido engendrado por ellos.

LOS PREJUICIOS

Ser informado de sus orígenes y tener una familia forma parte de los derechos del niño establecidos en la Convención de 1989, donde dice: "El niño tiene derecho -entre otros- a un nombre, a una nacionalidad, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos en la medida de lo posible" (art. 7). Hay situaciones en que los padres de origen no pueden cumplir con este requisito y la adopción se instala en favor del bien superior del niño. Para ello no hay reglas, porque cada adopción es distinta, es particular, cada familia tiene características propias, conforme a la historia de cada uno de los integrantes de la pareja y al vínculo que hayan podido construir entre ellos y con el niño.

En la sociedad uruguaya observamos que la adopción continúa siendo un tema tabú, que resulta difícil de entablar con espontaneidad. A esta dificultad contribuye que el niño adoptado carga con varios prejuicios socials, como el de haber sido abandonado por una mujer catalogada de cruel e inhumana, que por lo general desconoce los motivos que la llevaron a tomar la decisión de no criarlo. El peso suele recaer sobre la mujer y queda sin mencionar el hombre, igualmente responsable de ese embarazo. El prejuicio que inspira el imaginario social considera a ese niño como "hijo del pecado."

Los prejuicios también son notorios en cuanto a que los niños adoptivos suelen provenir de un medio socioeconómico carenciado, lo que en general conlleva vivencias de desvalorización que pueden interferir negativamente en la investidura libidinal del niño. A esto se suman los temores en torno a que ese niño traerá consigo una información genética desconocida.

Por todo esto las familias adoptivas y los hijos adoptados portan la marca de lo diferente, de lo extraño. En ciertas situaciones son discriminados por ser catalogados como inferiores. Y a su vez los padres adoptivos, al no haber podido engendrar a su hijo, se ven cuestionados con respecto a su capacidad para cumplir la función de padres.
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#32

Escrito el: 05 - Mayo - 2006 a las 11:55


Tomado de Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos.

Testimonio 1.
Florencia.

"Mi nombre es Florencia. Tengo 23 años. Me adoptaron a los pocos meses después de nacer. Siempre supe la verdad, desde pequeña. No puedo recordar bien cuándo mis papás me contaron acerca de mi adopción. Pero si recuerdo qué fue lo que me dijeron. Me contaron un cuentito muy parecido al relato que propone Eva Giberti.
Además, tengo un hermano tres años más grande que también es adoptado; y no somos hermanos biológicos.
En casa siempre nos hablaron con la verdad. Nunca nos ocultaron absolutamente nada. Me acuerdo que cuando era chica, muchas veces volvía del colegio a mi casa con un montón de preguntas porque mis compañeritas (que sabían acerca de mi origen) me las hacían a mí. Por ejemplo, me cuestionaban si no extrañaba a mi mamá. Yo les decía que a mi mamá la veía todos los días, en mi casa. No sabía explicarles lo que mis padres me habían explicado tan bien a mí.
Nunca hubo engaños ni mentiras. Mamá y papá nos respondían todos nuestros interrogantes. Además, siempre nos decían y nos siguen diciendo que si algún día queremos conocer a nuestros padres biológicos, no nos lo van a impedir. Al contrario, nos van a ayudar en nuestra búsqueda.
La adopción, en mi casa, nunca se vivió como un tema tabú, ni con vergüenza. Tanto con mi familia nuclear como con mi familia extensa siempre tratamos el tema con honestidad y hasta con humor. A veces, hacemos bromas, por ejemplo, diciendo que tenemos suerte de no haber heredado ciertos rasgos del carácter de nuestros papás.
Conozco otras personas a quienes les mintieron desde un principio, y quienes se enteraron de la verdad ya de grandes. Estas personas tienen muchos conflictos que surgieron como consecuencia de este engaño. Son jóvenes que sufren por el hecho de ser adoptados.
Yo creo que deberían ser felices porque tanto a ellos como a mí, nuestros padres, nos buscaron y nos desearon muchísimo. El amor que ellos nos brindaron y nos brindan es inmensamente grande.
Por mi experiencia propia me doy cuenta que lo más importante para que una adopción se lleve a cabo sin problemas es SIEMPRE DECIR LA VERDAD. Hay que enfrentar los miedos y salir adelante. La verdad nos conduce a la felicidad y a una realización plena".


Testimonio 2.
Eduardo.

Eduardo y Clara adoptaron 10 hijos, todos ya estando en la primera o segunda infancia. Sólo a una beba la adoptaron recién nacida.
"La verdad a los hijos adoptivos hay que decírsela desde el primer instante en que los conoces, de la manera que corresponda de acuerdo con la edad que tengan.
En casa, con nuestros hijos adoptivos, siempre hablamos de "cuando te fuimos a buscar a la casa de la señora que te cuidaba" (por el hogar de tránsito), o "cuando llegaste a casa", o "cuando te conocimos". Nunca decimos "cuando vos naciste", ya que no tenemos los detalles de ese momento ni los motivos que llevaron a que los dieran en adopción. Respecto de este momento, no podemos (ni debemos) inventar.
La realidad es lo que sucedió desde el día en que nos conocimos, no podemos contarles algo que no sabes cómo sucedió.
El motivo de decirles la verdad es porque cualquier relación afectiva no puede basarse en una mentira. Si le mentís, ¿con qué autoridad tu hijo te va a creer en todas las otras cosas que quieras enseñarle, si lo fundamental, es decir el origen de nuestra relación padre / hijo, está basada en una mentira?
Eduardo, nuestro hijo adoptivo mayor, un día le dijo a Clara que él hubiera preferido que nosotros le hubiésemos dicho que él había salido de su panza. Clara entonces le preguntó: "¿Si yo te hubiese dicho eso, y luego te hubieras enterado que era mentira, hubieses creído en todas las otras cosas que te contamos y enseñamos sobre la vida?". Contestó: "No". Clara le dijo: "A pesar de que te duela lo que te contamos, ¿no es preferible que te hayamos dicho la verdad?". Contestó: "Sí". Eduardo tiene ahora 10 años y este diálogo fue el año pasado, cuando tenía 9.
Todos nuestros hijos saben su verdad. Algunos preguntan muchos detalles, otros menos, otros nada. En la medida de sus preguntas, respondemos. Pero la verdad se dice aunque no la quieran saber. Los detalles se los contamos si preguntan. Tampoco volvemos sobre el tema si no hay necesidad.
Nuestros hijos adoptivos han llegado en diferentes edades: 5 y 6 meses, 1 año y medio, 2 años y medio, y hasta cuatro años. Por lo cual son distintos los momentos y modos en que se habla del tema.
Más allá de lo que se le contó a cada uno sobre su origen, en casa tengo las fotocopias de los expedientes judiciales que precedieron a la adopción, en donde están todos sus antecedentes a disposición de ellos para cuando sean más grandes.
Es importante que con Clara percibimos que todos están bastante seguros de que la vida de hijos comienza el día que nos conocieron. Más allá de la fecha de su nacimiento.
Creo que el secreto de todo este tema es tomar las cosas con naturalidad; además, que los padres adoptivos sean conscientes de que son eso: adoptivos, y no creerse que son padres biológicos y utilizar a la adopción como un medio para solucionar algún tipo de frustración por no haber podido tener hijos biológicos.
Cuando hay confusión sobre este tema y se quiere creer que es lo mismo, vienen los problemas. Precisamente el tema de la mentira, se presenta en casos en los que se quiere ocultar la realidad. Esa realidad tiene dos aspectos: el del hijo adoptivo, pero también la de los padres adoptivos. Mediante la mentira, no solo se mienten a sus hijos, sino que se mienten a ellos mismos".
Bendiciones!

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#33

Escrito el: 11 - Mayo - 2006 a las 17:14

En

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FLORENCIA. 24 AÑOS

Mi nombre es Florencia. Tengo 24 años. Nací el 14 de junio de 1980.

A veces me pregunto cómo habrá sido mi llegada a este mundo, y no puedo tener una respuesta. A los pocos meses de nacer fui dada en adopción.

Siempre supe que había sido adoptada. La verdad es que debo haber sido tan chica cuando me lo contaron que ni me acuerdo cuándo fue. Sólo tengo recuerdo de un cuentito que me contaron mis papás, el cual no olvidé nunca:

“Yo estaba en el cielo con Jesús, esperando para venir a nacer y vivir con mis papás. Pero como mi mamá no podía tener hijos, Jesús simplemente decidió mandarme a la panza de otra señora, e hizo que mi mamá fuese a buscarme a su casa.”

A partir de ese relato tan simple pude entender mi adopción como algo muy natural. Creo que lo más importante en estos casos es siempre vivirlos con naturalidad, honestidad y sobre todo tratarlos con la verdad. Hay que enfrentar los miedos y así superarlos, porque si no las consecuencias nunca son buenas.

Y si alguien me pregunta hoy si quiero o si alguna vez quise conocer a mi mamá biológica, no les voy a mentir, y mi respuesta es que sí, incontables veces. Supongo que todas las personas adoptadas piensan en sus padres biológicos y tienen muchas fantasías acerca de ellos. Pero es esperable, ¿no? Al fin y al cabo, quienes somos adoptados tenemos un pasado que es parte de nuestra historia, y que nadie nos puede negar. De hacerlo, estarían negando parte de nuestra persona, de nuestra identidad. Habrá quienes deciden tratar de conocer esta historia y habrá quienes deciden no hacerlo. Ambos caminos deben ser respetados y comprendidos. Hay quienes necesitan cerrar esa parte de su vida para seguir adelante, y hay quienes no.

A aquellos padres adoptivos o futuros adoptantes les digo: “No tengan miedo”. El miedo únicamente nos paraliza y perjudica. Por más que cueste entenderlo, para nosotros los adoptados hay una diferencia muy clara entre nuestra madre adoptiva y nuestra madre biológica. Tenemos dos mamás, cuyos roles en nuestras vidas fueron muy distintos, pero ambos muy importantes. Además, en nuestros corazones hay mucho lugar para las dos. Y es muy importante que esos padres que nos acompañaron en nuestro crecimiento nos den siempre su apoyo con respecto a este tema, y que nos hablen siempre con la verdad. Nosotros no nos olvidamos que ellos fueron los que nos llevaron de la mano al ir transitando este camino con tantos obstáculos que es la vida, y queremos que lo sigan haciendo siempre.

Adoptar a un hijo es un acto de amor tan grande que a veces es incomprensible, hasta para mí. Además, hay que tener mucha valentía; pero de la mano del amor y la verdad todo es posible, sobre todo la felicidad.
Bendiciones!

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#34
Escrito el: 03 - Marzo - 2007 a las 07:16

ADOPCIÓN: EL “CLIC” DEL AMOR
El testimonio de Pablo Cajtak y María Dolores Rioseco
Entrevista de Susana Wilson.
Las mellizas María Victoria y María Dolores llegaron a los brazos de sus padres cuando tenían 17 días. Las esperaban con ansias al igual que sus abuelas, tíos y sus 22 primos.
Nicolás llegó tres años después, pero para convertirse inmediatamente en el hermano mayor: "el hombre de la casa". Tenía seis años.

Pablo Cajtak y María Dolores Rioseco (Lola), supieron al año de casados que no podrían tener hijos. Vivían en Viña del Mar y los resultados médicos se los entregaron en Santiago:
"¿Te das cuenta que cuando la pena es tan grande las lágrimas te caen y te caen?", explica ella.

Después de un regreso silencioso a Viña, llegó el desvelo de la noche. Ambos conversaron al respecto, y decidieron adoptar inmediatamente, siempre y cuando fueran varios niños.

En marzo de 1993, cuando llevaban recién dos años de matrimonio, presentaron una solicitud formal a la Fundación Chilena de la Adopción. Mucho antes de lo esperado, el 12 de julio, sonó el teléfono y les comunicaron que unas mellizas nacidas el 26 de junio los esperaban.

"Así empezaron esas coincidencias divinas que te llevan a pensar que todo pasa por algo, cuenta Lola. Porque yo fui melliza y mi hermano murió cuando éramos guaguas. Siempre nos había ilusionado el que yo tuviera esa probabilidad de tener mellizos y ahora, cuando llegaban mis hijos adoptivos, se me cumplía ese sueño".

Al día siguiente debían ir a conocer a las niñas. "Tómenlo con tranquilidad, decidan con libertad", les habían dicho por teléfono.

"Es inevitable impacientarse. El común de las personas tiene nueve meses para prepararse al encuentro con un hijo. Nosotros tuvimos la noche de un lunes".
Fue cuando pensaron en los nombres: María Victoria y María Dolores. "¿Cómo saber cuál es cuál?" pregunta él. "La mayor se llamará María Victoria y la menor María Dolores", deciden.

El día martes una persona de la Fundación Chilena de la Adopción los acompañó hasta la casa donde cuidaban a las mellizas. A María Victoria la estaban mudando. Loli estaba durmiendo. Verlas y quererlas fue inmediato, recuerda Lola.
"Te digo que cuando las vi y las tuve conmigo, se me olvidó completamente todo el cuento del embarazo que no fue, de los temores sobre cómo reaccionaríamos al verlas... Todo. El vínculo fue pleno", dice.

"El ambiente familiar que se creó fue increíble. Todos mis sobrinos esperaban a sus primas. Llegamos de vuelta con un moisés y dos niñitas acostadas en él, una para cada lado. Todo era risas, nervios, mucha, mucha emoción. Es increíble, pero esa noche ellas ya tenían ropa, cuna, de todo... Desde ese día ellas han sido el centro de atención de la familia, eso que fueron las nietas 20 y 21 por el lado mío".

Desde chiquititas ellas han sabido esta historia. Se la contaron tal y cual desde siempre, para que fuera cada vez más fácil hablarlo y explicarlo. "Mamá, cuéntame mi historia", piden ellas, y les ilusiona oír cómo María Victoria estaba siendo mudada la primera vez que la vieron y Loli durmiendo.

La historia de Nico

Cuando las mellizas tenían tres años, Lola recibió un llamado telefónico de una de sus hermanas, que le contó que había sabido de un niño súper despierto y cariñoso de 6 años que necesitaba ser adoptado.


"Mi hermana Fernanda no sabía dónde estaba el niño, y luego de conversarlo con Pablo, llamé a quien se lo había contado a ella, y esta persona me comunicó con otra, y ésta con otra, hasta que finalmente llegué, de nuevo, a la Fundación Chilena de la Adopción. Allí me hablaron más de Nico, y me pidieron que viajáramos a Santiago, un poco sorprendidos porque no es frecuente en Chile la adopción de niños más grandes. Nico estaba en casa de la señora Eugenia, que es la señora que entrevistaron en Hacer Familia hace unos meses atrás, mamá de un futbolista del Colo Colo. Los padres de Nico habían muerto cuando él era más pequeño..."

Pasaron sólo diez días entre esa conversación y el traslado de Nico al hogar de los Cajtak Rioseco.

"El día que conocimos a Nico estábamos los tres muy nerviosos. El era cariñoso y muy despierto y eso nos hizo quererlo junto a nosotros enseguida. Pero no sabíamos qué pensaba él. Fuimos al Mc Donald, le contamos la historia de nuestras mellizas y él las quiso conocer. Al llevarlo de vuelta a la casa de la señora Quena, le dejé una foto nuestra con las mellizas. El me decía ‘tía’ todo el tiempo; yo le dije: ‘Nico, no me digas tía porque en nuestra familia mis sobrinos me dicen Lola’. Y él me dijo ‘¿entonces te puedo decir mamá’. Esa noche él durmió con nuestra foto".

Se quedaron en Santiago y al día siguiente alojaron todos juntos en casa de una hermana de Lola. "Nico estaba muy nervioso y asustado. Yo dormí con él y las mellizas en una cama ancha y Pablo al lado, en saco. Nico se abrazaba de las mellizas. El tenía apenas 6 años y 2 meses, pero las pérdidas y separaciones lo habían marcado y no quería perdernos. Las mellizas, por su parte llevaban tiempo esperando un hermanito, pero siempre imaginaron que sería recién nacido".

"Les explicamos que la vida es así, llena de increíbles y maravillosas sorpresas. Ellas, en vez de una, fueron dos. Y este hermano, en vez de ser una guagüita para cuidar, fue un hermano mayor que las cuidaría a ellas. Nicolás, por su parte, es muy inteligente y fue muy cariñoso desde el comienzo con nosotros. Pablo es quien ha hablado con él ciertos temas, como si quería llevar nuestro apellido, a lo que él accedió de inmediato. Ese cambio para él fue fácil -ríe Lola- en comparación con otros. Un día le dijo: "Papá, yo he tratado de ser de la Católica igual que tú, pero no puedo, mi corazón es del Colo-Colo".

En la historia de Nico también hubo una coincidencia que Lola considera "divina": a través de su certificado de nacimiento se supo que el ginecólogo que se hizo cargo de su cesárea fue su hermano Alonso, que ese día estaba de turno en el hospital de la Universidad Católica. "Eso puso muy feliz a Nico, porque tiene en común con sus primos el haber llegado al mundo ayudado por su tío Alonso".

"Nuestra relación con Nicolás ha sido un proceso de mutua adaptación y crecimiento; si bien no es todo fácil al principio, las satisfacciones y el vínculo de amor van creciendo en la medida que te vas conociendo y entregando. Una anécdota que grafica esto muy bien: al principio las mellizas se referían a Nicolás como ‘el niño’, luego ‘el amigo’. Finalmente fue lo que es, es decir, su hermano".

"Nicolás es nuestro hijo hace sólo tres años y medio... y es impresionante cómo se ha ido desprendiendo de su historia personal para hacer suyo el modo propio de los Cajtak Rioseco. La satisfacción más elocuente de la adaptación de un niño mayor, a diferencia de un recién nacido, es cuando llega un día en que lo abrazas y sientes que el abrazo es fuerte y profundo, y dices qué maravilloso haber tenido el privilegio de encontrarlo".

"Todos los temores que asaltan inevitablemente a quien toma la decisión de adoptar se van aplacando solos. Por un lado, tu vas hablando poco a poco con los niños y diciéndoles siempre la verdad, de modo que no existen tabúes ni secretos. Por otro lado, es tan increíble cómo ellos van adquiriendo el tono familiar, cómo ellos mismos van construyendo ese estilo, que su modo de ser está unido definitivamente a ti".

"En todo lo demás, tenemos las mismas ilusiones y aprensiones que los demás papás del mundo. Yo me comparo con mis hermanos y veo que todos queremos lo mismo para nuestros hijos: que crezcan sanos, cerca de Dios, que comprendan que sus padres también cometemos errores y nos perdonen, que entiendan nuestros caracteres, y que sepan ver todo el cariño que hay en nosotros por ellos".

Nicolás, al medio, es uno más entre sus primos. por una de esas coincidencias divinas, fuE traído al mundo por su tío ginecólogo, quien no podía saber que ese recién nacido se transformaría seis años más tarde en su sobrino.
Las mellizas han acaparado la atención de toda la familia desde que llegaron a la casa. Su mamá cuenta que un Sobrino declaró: "las primas más lindas son las que trajO la Lola".

Como Nico llegó a la familia cuando tenía seis años, muchos temas se conversaron con él, Como tomar los apellidos Cajtak Rioseco. Pero un día le dijo a su papá: "He tratado de ser de la Católica como tú, pero no puedo porque soy colocolino de corazón. ¿Puedo seguir siendo del Colo Colo?"

Prejuicios, miedos y realidades
Por Josefina Schencke
Testimonios maravillosos como el anterior abundan. Pero el proceso de adopción, en todas sus etapas, presenta obstáculos y hay que reconocerlo. No es fácil para las madres que deciden dar a sus guaguas en adopción, y que, además, muchas veces son mal miradas en los hospitales. Tampoco es fácil para los padres adoptivos que se enfrentan a una serie de temores cuando deciden dar el paso. Para qué negarlo, este es un camino empinado donde se necesita mucha ayuda para llegar a la cima.

El castigo a optar por la vida
Aunque parezca absurdo, socialmente se condena mucho más a las mujeres que permiten vivir a sus hijos y los dan en adopción, que aquellas que abortan. Según el doctor Alonso Rioseco, que se desempeña en la sección Urgencia Maternidad del Hospital Clínico de la Universidad Católica, "la tendencia natural es pensar que toda madre debe acoger a su hijo, independiente de cuál sea su situación. Por eso, hay hospitales y personas, donde a las mujeres que darán a su hijo en adopción las miran como mujeres raras, desnaturalizadas y sin sentimientos. Como monstruos. Además de presionarlas a quedarse con su hijo, las tratan con menos compasión que aquellas que llegan con una hemorragia por haberse hecho un aborto. Es irónico que la madre que decidió no hacerse el aborto y entregar a su guagua para que un matrimonio la acoja con cariño, sea tratada peor".

El miedo a la carga genética
El doctor Rioseco cuenta que existe una gama de enfermedades hereditarias, algunas de las cuales no se detectan en un recién nacido, y "por lo tanto los padres adoptivos siempre corren un riesgo". Una preocupación muy frecuente, por ejemplo, es si la dependencia a drogas y alcohol viene en el código genético. La respuesta de los especialistas es que podría existir una predisposición genética, pero jamás algo que se pueda asegurar.
Además, muchos padres temen por la posibilidad de que los comportamientos delictuales sean hereditarios. Al respecto, el doctor Rioseco responde: "Es muy difícil aseverar científicamente que haya un gen que predisponga a alguien hacia conductas delictuales. Se heredan ciertas enfermedades psiquiátricas y formas físicas, pero no está comprobado que la violencia, por ejemplo, se transmita. Lo principal para el futuro de cualquier niño es el medio en el cual se desenvuelve, la familia que lo acoje. Siempre hay excepciones a la regla, pero eso es lo normal, incluso en familias sin antecedentes".

El temor a la diferencia física
"Queremos que se parezca a nosotros". Si bien no es la tónica general, es un hecho que muchos matrimonios que desean adoptar quieren niños que se les asemejen físicamente o, al menos, no sean demasiado distintos a ellos. Si bien a primera vista esto puede sonar superficial o muy prejuicioso, es natural que se busque a niños que parezcan familiares, lo que no obedece a un capricho de los padres, sino a un deseo de los mismos por ver a los hijos integrados plenamente al ambiente social en el que se desarrollarán.
"Los padres buscan que los niños se parezcan a ellos, porque no quieren que sean discriminados en el ambiente donde se mueven si son muy distintos", argumenta Cecilia Violic, psicóloga de la Fundación Chilena de la Adopción. "Hay parejas a las que por su educación o por el ambiente en que han crecido les costaría mucho adoptar un niño distinto. Pero también existen matrimonios a los que no les importa ni el aspecto físico ni los antecedentes genéticos", agrega.
Una pareja nos dio su testimonio al respecto: "Nosotros, cuando adoptamos a nuestra hija, no queríamos hacer un acto de caridad. Queríamos un hijo -ojalá podamos adoptar más- y formar una familia. Por eso pedimos una guagua lo más parecida posible a nosotros, a nuestro medio familiar y social. No buscábamos belleza ni estándares estéticos, sino que se pudiera desenvolver en nuestro medio con naturalidad, sin que chocara ni le supusiera un esfuerzo enorme adaptarse".
"La institución por la cual adoptamos nos entendió absolutamente. Pero nosotros nos sentíamos mal por pedir una guagua parecida. Pensábamos: ‘¿cómo podemos ser así, tan cerrados, tan prejuiciosos?’, pero los mismos profesionales de esa institución nos tranquilizaron, porque la verdad es que queríamos un hijo que pudiera incorporarse totalmente a la familia, a los primos. Hay gente que no exige nada, que no pone ninguna condición. En especial los extranjeros, donde existe una mentalidad más abierta y no importa nada que el niño incluso sea de otra raza".

Los primeros temores de los padres
Los miedos son normales. Así lo asegura la psicóloga Cecilia Violic, para quien "es normal tener miedo a lo que uno no conoce y la adopción es algo desconocido". Nos explica que los matrimonios suelen manejar modelos con respecto a la paternidad biológica, pero generalmente no conocen experiencias de familias que hayan adoptado. "De hecho, cuando las familias que quieren adoptar conocen la experiencia de otra familia que ya ha adoptado, los temores disminuyen".
Nos cuenta que también existe un temor a sufrir y la adopción toca muchos dolores: el tema de la infertilidad de la pareja, el hecho de que el niño no haya podido quedarse con su familia de origen, el querer a ese niño y desear que además fuera hijo biológico. "Hay personas que están bien preparadas para eso, pero creo que en la sociedad occidental en que vivimos le hacemos el quite a las cosas dolorosas. Y la adopción, si bien es un camino de muchas alegrías, también tiene su cuota de dolor".
Aunque pueden ser muy poderosos, estos temores no superan la necesidad de dar cariño a un hijo: "Es tan fuerte el deseo de paternidad, que los miedos pasan a segundo plano", concluye Cecilia.

Los segundos temores de los padres
Mientras el niño va creciendo, aparecen otras aprensiones: se teme a que en algún momento el niño busque su familia de origen, da miedo que sufra y sufrir por las preguntas del niño. "Por ejemplo, la interrogante ‘mamá, ¿yo estuve en tu guatita?’ es muy fuerte porque a los mismos padres les recuerda que no pudieron tener hijos biológicos y que hubieran deseado que ese niño que quieren tanto, lo hubiera sido", explica la psicóloga.
Sin embargo, es optimista al respecto: "Yo creo que los padres van superando esos miedos. Aquí en la Fundación Chilena de la Adopción hacemos talleres con los padres de niños en edad preescolar para que se suelten con el tema, para que se tomen más confianza como padres y puedan conversar abiertamente y con otros papás. Así pueden conversar y compartir con otras familias cuando están en lo mismo".
Un matrimonio, padre de un niño adoptado, tiene confianza: "¿El futuro? Ya veremos, confiamos en la ayuda que nos pueden dar gente que conoce el tema y en el cariño de todos. El mañana está en manos de Dios, igual que el de cualquier persona".

Los miedos de los niños
Los temores de los niños son muchos y muy naturales. En su mayoría, se reducen a las siguientes preguntas o afirmaciones: ‘¿Por qué mis papás (biológicos) me dejaron?’; ‘Quizá yo no era lo suficientemente bueno’; ¿Me querrán menos mis papás adoptivos que si yo fuera su hijo biológico?’. Según la psicóloga de la Fundación Chilena de la Adopción, "a medida que vayan viviendo con sus padres adoptivos van a bajar los temores porque se van a dar cuenta que se han preocupado y que los quieren. Es bueno dejarles en claro que la decisión de los padres biológicos no tuvo nada que ver con el niño, sino con circunstancias particulares. Y es muy importante conversar con los niños los miedos que ellos tengan, y hacerlo abiertamente, porque lo que no se habla y se esconde, se agranda como temor".


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#35

Escrito el: 16 - Agosto - 2007 a las 10:52


miércoles, mayo 03, 2006
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SUE, Trece años>>
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Tomado del Libro: Qué se siente ser Adoptado (Traducción: Oly B.)>>
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Me dijeron que fui adoptada tan pronto tuve edad para comprender lo que ello significaba. Mi hermana y mis dos hermanos, todos mayores, también son adoptados y todos ellos han buscado y encontrado a sus progenitores.>>
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Yo siempre me sentía un poco celosa de ellos y me preguntaba, si algún día tendría la oportunidad de buscarlos también. Mis padres adoptivos me prometieron desde el principio que me ayudarían cuando tuviera suficiente edad, lo cual probablemente sería cuando tuviera 18 años. Cuando tenía 12 años, nos mudamos a Pensylvania a Nueva Jersey y fue la época en la que mi madre escribió a la oficina de estadísticas pidiendo mi partida de nacimiento original.>>
>>
Pensylvania es uno de los pocos estados que muestra sus registros, lo cual significa que los adoptados de 18 años ó más, o sus padres adoptivos, pueden obtener información sobre los progenitores.>>
>>
La mayorías de los padres hoy en día no son lo suficientemente abiertos con sus hijos adoptivos. Como resultado, los adoptados no entienden totalmente lo que es la adopción, y además se confunden acerca si deberían investigar o no. A mí nunca me ocurrió esto, aún cuando yo no era suficientemente madura para buscar a mi madres, y lo quise tan pronto obtuvimos mis papeles.>>
>>
Mi hermana mayor Cindy y su amiga Debbie hicieron el trabajo de detective y localizaron su dirección y número telefónico el 4 de diciembre, dos días antes de mi treceavo cumpleaños. Mi mamá telefoneó a mi progenitora y dijo: >>
"Estoy llamando para un entendimiento amistoso y de amor, por el bien común que compartimos, (nuestra hija nacida el 6 de diciembre de 1968) Ambas lloraron mucho, y cuando regresé a casa de la escuela, esa tarde, mi mamá me abrazó y me contó su conversación.>>
>>
Entonces, en mi treceavo cumpleaños, mi progenitora me llamó y hablamos por quince minutos aproximadamente. Fue duro estar en el teléfono con una persona totalmente extraña y mantener una conversación normal, pero sólo importaba EL HECHO DE QUE ELLA ESTABA AL OTRO LADO DEL TELEFONO; Fue un sentimiento bonito. la única parte fuerte para mí vino después (esperando que me enviara algunas fotos suyas. Me moría por saber cómo era y pienso que se tomó bastante tiempo debido a que estaba preocupada de lucir terrible y de que yo no me sintiera orgurllosa de ella, quería que todo fuera perfecto. >>
El tener que esperar tanto, fue la única cosa que no me gustó después de haberla encontrado, eso realmente me molestó. Cuando escribió, me dijo que había perdido contacto con mi progenitor los últimos dos años, pero que trataría de conseguirlo para mí. Si alguna vez lo contactara, probablemente no sería tan abierto conmigo como lo había sido ella, pues suponía que iba a casarse con ella y no lo hizo, de modo que podría sentirse culpable por ese motivo. Le había dicho a su familia que había entregado una niña en adopción cuando tenía 22 años, así es que cuando la contacté , fue un shock, pero no una complicación, me dijo que se había casado después que yo nací y que ahora estaba divorciada y viviendo con sus otros dos hijos, uno de 14 años y otro de 16. En realidad ella los tuvo cuando se casó por primera vez, a los>>
17 años, antes de que se divorciara y me tuviera a mí. Lo que quiere decir que tengo 4 hermanos. Tengo fotos de mis medio hermanos y todas mis amigas me piden que se los presente. Mi progenitora me llamó de nuevo en navidad y nosotros hemos correspondido dos ó tres veces. Estamos esperando conocerla en Pittsburg este verano.>>
>>
Tengo un vecino que cuando le mostré las fotografías de mi progenitora, me preguntó ¿Te vas a mudar a Florida nuevamente ? Me reí muchísimo y le dije. >>
Esto te viene a demostrar que la gente no entiende : que cuando tu eres adoptado por alguien, esa o esas personas son tus padres. Encontrar a mi progenitora, sólo viene a llenar una laguna que responde a la incógnita de tu origen.>>
>>
El hecho que mis padres me dieran tanto apoyo fue maravilloso para mí. Mi mamá ha estado siempre a favor de que los registros de nacimiento sean abiertos por lo que es natural que yo piense de esta manera. Pero aunque ellos no me hubieran ayudado, estoy segura que yo habría ido en búsqueda de lo mío. No sé cómo lo habría hecho, pero lo habría intentado y buscado otras personas dispuestas a ayudarme. Lo que más me preocupa es que nadie oye a los niños, a sus sentimientos. Son siempre los proegenitore, los padres adoptivos y los adoptados mayores de 18 años los que siempre hablan. La gente piensa que los niños o jóvenes con menos de 18 años no son maduros para entender sus propios sentimientos.>>
>>
Pienso que a los niños adoptados, se les debería permitir investigar, tan pronto estén listos. Ellos necesitan saber de dónde vienen en vez de pensar que vinieron a esta tierra desde el espacio sideral y fueron adoptados por alguien.Necesitan saber su historia médica. Pero la razón principal es porque cada quien atraviesa una crisis de identidad en algún momento, y es necesario saber de dónde proviene uno. Tan pronto como investigué y encontré la información que buscaba, me sentí más importante en el mundo. Antes una parte de mí había estado perdida siempre. Aún si hubiera encontrado alguna cosa desagradable al final de la búsqueda (por ejemplo que su vida fuera un desastre o que estaba muerta) tan sólo sabiendo que había encontrado a la persona que buscaba, era importante para mí. Pero no me malinterpreten, estoy feliz de haberla encontrado y estoy contenta de que esté viva y bien.>>
>>
Pienso que algunas personas están en contra de la búsqueda, porque suponen que las progenitoras no quieren que les recurede que abandonaron a un bebé, pero esta clase de pensamientos, se remonta a viejos día, cuando era considerado un pecado para una jovencita quedar embarazada y por eso todo el mundo guardaba el secreto, ahora ya no es así. Otra razón es que la gente quiere mantener cerrado los libros de registros porque piensan que los padres adoptivos se sentirán amenazados . Ellos piensan que cuando los adoptados encuentren a sus progenitores los dejarán o los amarán menos pero esto simplemente no va a suceder. Para decir la verdad, creo que la relación entre padres adoptivos y adoptados se mejora con registros abiertos, porque el adoptado tendría una mejor actitud, sabiendo que él o ella, realmente pertenecen y que no hay una parte perdida.>>
>>
Ser adoptada ha sido siempre una experiencia muy positiva para mí, desde luego ha habido momentos que no han sido tan buenos, a veces me enojaba mucho con mis padres. Cuando a veces me enojaba con mis padres me provocaba decirles, si ustedes me gritan tanto y si no me quieren entonces porqué me adoptaron, o porqué no me dan en adopción de nuevo? pero esto nunca se lo he dicho, porque sé que los lastimaría; pero si lo he pensado de vez en cuando. >>
Por sobre todas las cosas estoy orgullosa de ser adoptada. Parece extraño decirlo, pero me hace sobresalir del resto de la gente, me hace diferente , no soy común.>>
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He incrementado mi relación con mis profesores, ya que me hacen toda clase de preguntas y se han interesado en mi búsqueda y desde que conozco a mi progenitora ¡Todo ha ido mucho mejor! mis notas han subido.
>>
JOSE_MARICARMEN_MARIMEIFANG_CARLA_XIANGROU>>
GUIZHOU_GUIYANG_ZUNYI_2002_______JIANGXI_NANCHANG_GANZHOU_2005>>
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#36
Sabina
Escrito el: 11 - Septiembre - 2007 a las 19:12

Una historia de adopción
Tal vez la película no sea de las mejores según los críticos de Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos.. Tampoco resultó fascinante para todos los niños, pero seguramente lo fue para muchos.

He aquí un breve resumen de la historia, aquella que a mí me interesa destacar: Ted, el protagonista, exitoso odontólogo en La Florida, recibe la noticia de un testamento. Ante su desconcierto, la madre- el padre no está presente- revela la verdad y explica "Siempre hemos querido decírtelo, pero... Eres adoptado". La madre biológica, Lucy, había muerto y dejaba a su hijo una herencia.Ted emprende un viaje hacia esas lejanas tierras dónde había vivido y fallecido Lucy.


De las palmeras y el mar de Miami a la nieve y los esquimales de Alaska, todo un desafío que el protagonista enfrenta con Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos. y persistencia.Una joven lugareña le habla del mundo de Lucy, pero había jurado no decir nada sobre el padre. Sin embargo Ted, obstinado en conocer su historia, consigue averiguarlo.El encuentro con el padre parece, al principio de lo más frustrante: el hombre reconoce haber pasado una noche con esa mujer- Lucy- sin jamás volver a verla.De regreso a la Florida, la madre adoptiva observa la foto de Lucy y encuentra que ella y el hijo son muy parecidos. El portarretratos cae, se rompe y deja al descubierto otra foto escondida: una que muestra a los padres biológicos con su bebe. ¿Entonces no había sido una sola noche? Deduce Ted.

Ni el Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos. inhóspito de Alaska ni la insistencia del padre en no querer hablar del pasado pudieron impedir el encuentro del hijo con la verdad. La madre adoptiva acompaña al hijo en este segundo viaje y al encontrarse con la amiga de Ted, le confiesa porqué había callado "Temíamos que nos dejara de amar"

Un acto heroico que realiza el hijo salva la vida al padre "Han hecho un buen trabajo contigo..." dice, y decide por fin romper el silencio "... Amaba a esa mujer... éramos espíritus libres... no me hallaba preparado para ser padre... queríamos algo más para ti". El final es feliz como en todas las películas de Disney, pero no es eso lo importante. Lo que a mi juicio tiene un gran valor es la manera en que se trata el tema de la verdad, o las verdades, en este caso en torno a la adopción:

1. La primera verdad: "Eres adoptado"
2. La dificultad para comunicar esa verdad: "Siempre hemos querido decírtelo, pero..."
3. La causa de esa dificultad: "Temíamos que nos dejara de amar"
4. El amor del cual el hijo es el fruto: "Yo amaba a esa mujer..."
5. La imposibilidad afectiva de los padres biológicos de criar al hijo: "No me hallaba preparado para ser padre... Queríamos algo más para ti..."
6. La gratitud hacia los padres adoptivos "Han hecho un buen trabajo contigo..."
7. El reconocimiento y la aceptación del origen del niño adoptado "Son muy parecidos..."

Estos siete puntos deberían estar siempre presentes en la conversación con el niño adoptivo, aunque no viaje a Alaska para conocer a sus padres biológicos, a menudo basta con reconocerlos e imaginar la gratitud recíproca de unos padres hacia otros
Bendiciones!

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#37
Toyita
Escrito el: 27 - Septiembre - 2007 a las 12:42

Hola Chicas.... quiero compartir con ustedes algo que me llegó al leerlo y tiene que ver con decir...." siempre la verdad ", además me sentí identificada con la mujer que quedó embarazada y al contarle a su pareja " desapareció de su vida "...ya que es en resumen la historia de nuestro hijo..antes de que llegara a nuestras vidas..[Imagen: smiley19.gif]

Cuentos : " No Decir "
Texto : Andrea Maturana
Editorial : Alfaguara

Afuera y en ropa interior

La muchacha no acostumbra andar en ropa interior. Menos aún en estos últimos meses. Siempre ha sido más bien pudorosa, a pesar de que en su casa no hay nadie que pueda verla. Sólo su madre, que muchas veces ni siquiera está. De todas formas su cuerpo siempre le ha resultado incómodo; y ahora, encima de todo, se le ha transformado en algo totalmente extraño.

Pero hoy la posibilidad de andar semidesnuda se le figura un alivio, una oportunidad. Ha esperado que la madre salga y ha aprovechado que en la universidad había una actividad extraprogramática para quedarse en casa, levantarse más tarde, sacarse la camisa de dormir, luego la faja que se había puesto temprano para desayunar junto a su madre, y mirarse al espejo.

No se reconoce. Ni en las peores comilonas llegó a tener la panza que su reflejo le revela implacable. Ahora mismo, cuando recién se ha sacado la faja, parece que su vientre se vengara de ella exagerando su tamaño. Imagina que la pequeña criatura, acostumbrada a arrellanarse en un rincón, así lo piensa, un rincón de su redondo interior, se despereza finalmente aliviada y a sus anchas, reconociendo este nuevo espacio que ella ha decidido darle. No es nada usual que se saque la faja de día, y probablemente el bebé ya sabe que sólo de noche puede moverse con libertad.

Se mira de frente. De lado. Se toca, siente los movimientos dentro suyo, como aleteos de mariposa. Algo muy leve. Tiene miedo y al mismo tiempo esa sensación, la de andar acompañada siempre, le resulta conmovedora.

Y así, en ropa interior, cruza el pasillo del departamento, sale a la logia, prende el calefón y, cuando está ya volteando para volver a entrar, una ráfaga de viento helado le desordena el pelo y, en un abrir y cerrar de ojos, el mismo viento empuja la puerta de la logia y la cierra de un portazo.

La muchacha no puede creerlo. La puerta de mier*a. De todas las veces que imaginó que esta puerta, pésimamente concebida, sin forma alguna de ser abierta desde el exterior, pudiera cerrarse dejándola afuera, encerrada afuera, ésta es la peor de todas. Está sola (quien sabe por cuántas horas), está en ropa interior, hace frío, y está embarazada (y nadie lo sabe aún).

Por un momento no puede aceptarlo. Hasta intenta, con un absurdo ejercicio mental, retroceder el tiempo tan sólo un poco, si todo pasó hace apenas un par de segundos, no costaría nada rebobinarlos y hacer las cosas de otra forma, poner un taco para sostener la puerta abierta, por último tardarse dos segundos menos y volver a entrar a la casa antes de que la breve ráfaga de viento desordene su pelo y luego cierre la puerta de golpe. Le parece curioso cómo su cabeza juega con esta posibilidad: la de retroceder el tiempo. Lo mismo le pasó cuando, en el baño, comenzó a ver la delgada línea que indicaba su embarazo en el test casero. Pensó que no costaría nada echar el tiempo atrás apenas un poco y hacerlo de nuevo, pero que esta vez la línea no apareciera. O un poco más y no haberse acostado precisamente esa noche con ese muchacho. Luego la realidad la golpeó en la cara como una cachetada. El embarazo era, era total, irreversible, aquella línea que se formaba era tan indeleble como el cambio que significaría en su vida. Tan irreversible la creación de la vida como la muerte, pensó entonces, y ese pensamiento le pareció extraño, como si fuera en el fondo lo mismo, no hubiera muerte sin creación de la vida, y la única manera de revertir la creación de la vida fuera dar muerte. Esta irreversibilidad, aplicada a la muerte, le había parecido siempre atroz. Si hubiera sido un poco menos irreversible, ella podría haber conocido a su padre, que se había accidentado antes de su nacimiento sin dejar siquiera fotos, cartas, nada. Respecto de la vida, esa irreversibilidad adquiría otros matices. Seguía siendo implacable, misteriosa, pero esta vez con un dejo de interrogante, de sentirse tocada por la mano de algún ser superior y sabio, como si ese alguien la hubiera elegido para crear, y así como esa nueva vida dentro de ella la aterraba (mal que mal no era la mejor de las circunstancias, ella era demasiado joven, estaba estudiando, su madre se iba a enfurecer por su irresponsabilidad y el muchacho no le había durado ni siquiera lo suficiente como para informarle del resultado del test de embarazo), la hacía también sonreír en silencio cuando estaba sola y sentía los aleteos de mariposa. En cierta medida, pensaba, la irreversibilidad de la muerte era reparada por la irreversibilidad de la vida; la ausencia de su padre parecía menos definitiva ante la eventualidad de la presencia de un hijo.

Su lucha contra la puerta no ha dado ningún resultado. Ha tratado de forzarla de todos los modos posibles. Se ha sacado una horquilla del pelo y ha intentado meterla por la cerradura, incluso ha golpeado la puerta lanzándose contra ella de lado, como en las películas, y ya comienza a dolerle el brazo con que la golpeó. Apenas se toca con un dedo siente asomar la promesa de un moretón enorme. Ha considerado la opción de romper la ventana con algún objeto pesado, pero la ventana es alta y ella no podría entrar por ahí, menos en su estado. El aire matinal comienza a ponerle la piel de gallina, y mira a su alrededor en busca de algo para cubrirse. Por un segundo maldice la manía de su madre de ordenar todo a tiempo, su pulcritud algo neurótica; si no fuera por eso, más de alguna prenda seca quedaría colgada en el balcón. Pero nada. Ya entró, planchó y dobló todo. Lo único que parece posible usar es el protector de la lavadora, un forro semiplástico, no muy acogedor, pero que con el frío que tiene de todas formas puede ser. Por otro lado, estar de pie la expone al aire fresco y decide sentarse. De modo que se cubre con el protector y se sienta, apoyada en el bajo muro del balcón, ya casi resignada a tener que ver pasar las horas sin modo alguno de resolver nada.

Así como está, sentada, en ropa interior, afuera, con frío, sola, cubierta apenas con el protector plástico de la lavadora, se siente de pronto enormemente indefensa. Distinto sería si ya hubiera podido compartir con alguien lo de su embarazo. En ese caso estaría esperando sola en el balcón de todas formas, pero no sería tan aterrador pensar que en la tarde, cuando su madre llegue finalmente y ella pueda golpear la puerta para que se la abra, no sólo tendrá que consolarla por todas las horas que ha pasado afuera, sino que se verá obligada a enfrentar lo que ella ha tratado de ocultarle todos estos meses y que resulta a estas alturas tan evidente. Ya ni siquiera sabe por qué no se lo ha dicho. Tal vez porque su madre ha sido siempre tan perfecta, todo controlado en su vida, a pesar de haber tenido que criarla sola, de no haber alcanzado a casarse con su padre, de no tener a nadie que la ayudara. Se ha esforzado y ha trabajado y ha sacado adelante su hogar sin haber ni siquiera podido formar una pareja de nuevo. En el fondo ha priorizado su maternidad por sobre todo lo demás, y ahora la muchacha teme defraudarla: se ha quedado embarazada por un descuido, por una irresponsabilidad, por no haber sido más firme en que el novio se pusiera un preservativo (también tuvo miedo de las otras consecuencias que eso podía traerle, y le temblaron las piernas al ir a buscar los resultados del examen de sangre, pero todo estaba bien), por esa fantasía de que nada nunca podría pasarle. Ella, en el fondo, también ha querido ser la hija ejemplar, no darle dolores de cabeza, rendir en los estudios, ser una profesional y responder a sus cuidados. No es que crea que la madre la va a odiar, ni que la va a echar de la casa; ella tiene grabado con sangre su amor incondicional. Pero la pone triste haber fallado.

Comienza a llorar levemente. Es curioso. Sabe que su encierro terminará, que sólo debe pasar el tiempo, pero le parece una condena eterna, y muy profundamente alberga un cierto temor a que no acabe nunca, a que nadie llegue a abrir la maldita puerta. Se agolpan en su mente escenas terroríficas: un accidente de auto de su madre, ella intentando descolgarse desesperada por el balcón, deshidratándose, muriendo de hambre, hasta pariendo sola afuera, sin salida. Hambre. Ha comenzado a darle hambre y el pequeño parece notarlo porque se mueve muchísimo, como si reclamara por la falta de comida. En el par de horas que han pasado, el sol se ha elevado y ahora le da implacable sobre el cráneo. Se ha sacado el protector de la lavadora pero teme insolarse. En esta ciudad del demonio puedes morir de frío en las mañanas y de calor en las tardes. Intenta cubrirse sólo la cabeza con el plástico, pero el calor es insoportable. Mira a su alrededor por si hay algún rincón de la terraza a resguardo del sol. El pequeño techo sobre la lavadora aún proyecta un pedazo de sombra sobre el suelo, de modo que se sienta ahí, acurrucada.

Al principio quiso, o cree que quiso, deshacerse de la criatura. Leyó por ahí que el agua de manzanilla era abortiva, y tomaba litros a toda hora. Subía y bajaba corriendo las largas escaleras de la facultad; hacía enormes esfuerzos físicos. Hasta pensó en dejarse caer por la escalera, simulando un accidente. Ahí se detuvo. Tuvo la sensación de que no podía ser casual que una criatura estuviera tan firmemente atada a su cuerpo, riéndose del agua de manzanilla y de sus intentos de eliminarla. Fue entonces que decidió quererla, a la criatura, y no le costó nada. No por una cosa de principios; simplemente había estado toda su vida tan sola. Y siempre había querido tener hijos. Tal vez no fuera el mejor momento, o la mejor manera, pero en su caso no era tan terrible, y se sentía capaz. Sólo que no se había atrevido a compartirlo aún. Por la culpa.

El pequeño espacio protegido ha desaparecido ya. El sol apunta desde lo más alto. Ha intentado tenderse a lo largo de una mínima franja de sombra que proyecta el bajo muro del balcón, poniendo el protector de la lavadora debajo de su cuerpo, pero el calor es invivible de todas formas. Ya ha cambiado varias veces de posición, pero su cuerpo deja un charco de sudor sobre el protector sin importar cuánto se mueva. El sol no la deja en paz. El brazo con el que intentó abrir la puerta ha comenzado a amoratarse. Le duele. Sabe que luego se pondrá amarillo, verde, multicolor. De pronto siente voces en el balcón de arriba y piensa que tal vez podría intentar hablar con alguien, decir que llamen a su madre y le digan que ella está ahí, encerrada afuera, pero aguza el oído y nota que las voces son masculinas, dos hombres conversando, y su pudor puede más. Teme que se asomen hacia abajo y la vean, le teme a estar tan expuesta. De modo que se acurruca ahí donde está y trata incluso de no hacer ruido, de desaparecer para todas las dimensiones de los sentidos.

Ha comenzado a tener sed. A apreciar algunas de las cosas que siempre da por sentado y que ahora no puede conseguir.

Si hay algo que lamenta, es el tema del muchacho. No porque fuera ése en particular, sino porque intuye que compartir el amor por un hijo debe ser una experiencia única. Y querría tener a alguien con quien poder hacerlo. No su madre, sino un alguien como ella. Un compañero. Un padre, el que puso la otra mitad, alguien que periódicamente se emocione al ver en su hijo signos de sí mismo, la continuidad de su propia vida. Entonces piensa en su madre; en que ella nunca tuvo eso: un espejo que le devolviera aumentado el amor por la hija, por ella, el cómplice que le indicara que todo estaba bien, que era una buena madre y estaba criando una buena hija, y le da una pena enorme. Es extraño que nunca antes haya tenido esa certeza; que sólo la experiencia de la maternidad por venir le confiera la lucidez suficiente como para intuir lo que se sentirá. Le parece que su cuerpo es otro: es sabio, es animal, es pleno.

Recién cuando el sol ha comenzado a bajar y ya ha pasado la hora de más calor, se da cuenta de que ha sido una tonta: ahí está la lavadora, la llave de agua conectada a las mangueras. Y entonces programa la lavadora y el agua empieza a salir a raudales, ignorante de todo, como si estuviera llena de ropa cuando está vacía, y ella pone sus manos y bebe abundantemente, sintiendo de inmediato el alivio propio y otro alivio, algo tonto, al pensar que tal vez el niño no tenía agua suficiente para moverse en paz, que se secaba adentro de ella y recién puede volver a estirarse. Se moja la cara y los brazos y el pelo y de pronto todo le parece enormemente hermoso. No le sucede muy a menudo, pero aún así tiene el registro interno de haber tenido esa sensación otras veces: como si de un momento a otro, sin razón aparente, su mente se liberara de todo verbo y pudiera ver a cabalidad la belleza circundante, que por cierto siempre ha estado allí. Entonces, aliviada la sed y el calor, observa el sol anaranjarse, y siente la brisa fresca sobre la piel recién mojada, y una enorme emoción la lleva al borde de las lágrimas. No le importa ya el sonido de las micros allá abajo, ni el aspecto sucio del aire; ni siquiera le importa estar encerrada afuera. Le importa ser capaz de oír, ser capaz de oler, de ver. Le importa simplemente la fortuna de estar, de percibir la hermosura a su alrededor.

Es justamente en ese momento, cuando el frescor comienza a ponerle la piel de gallina pero ya no le importa, que ve la luz encenderse en la cocina.

Su madre no sabe que está ahí afuera. Pensará que sigue en la facultad, a pesar de que ha oído su teléfono celular sonando adentro un par de veces y tal vez haya sido su madre intentando ubicarla y ahora esté preocupada. Lo oye sonar otra vez. Quizás ha vuelto a intentar llamarla desde adentro de la casa y se estará preguntando por qué habrá salido dejando olvidado su celular.

Respira un par de bocanadas largas de aire fresco y siente el temor arrellanarse en su vientre. El temor a ser juzgada, a la perfección neurótica de su madre, o simplemente a no saber qué sucederá. Se ha fabricado ya tantas escenas posibles de lo que la madre podría decirle, que está totalmente confundida y, además, segura de que no sucederá nada de lo que ha imaginado sino otra cosa totalmente distinta.
Entonces golpea la puerta de la logia.
Siente a la madre agitarse adentro, probablemente temerosa; no es esperable que alguien golpee desde afuera. La oye acercarse a la puerta conteniendo la respiración.
-Mamá -dice-. Soy yo. Me quedé encerrada afuera.
Entonces oye el sonido del picaporte y el nudo en el estómago se aprieta y ya oscurece un poco y se siente enormemente cansada.
Aparece la madre, le pregunta una cosa tras otra, la ve frágil, la abraza, la siente fría, la entra, la sienta en el sofá, le ofrece hacerle un té, ella acepta, y luego la madre va en busca de una manta y al llegar, antes de ponérsela, recién entonces la ve. Ve su cuerpo, su vientre, su embarazo.
Entonces la muchacha llora y le cuenta todo. Le cuenta del novio que ya no lo es, de su irresponsabilidad, de su miedo, y de lo imperfecta que se siente.
La madre no habla.
Se sienta a su lado.
La abraza.
Espera a que termine de llorar, y ve que está agotada.
Entonces, cuando está a punto de dormirse la muchacha, le susurra en el oído.
-Tu padre no murió. Tu padre supo de mi embarazo y nunca más volví a verlo.
La muchacha alcanza a agitarse, tiene pena y rabia por lo que no ha sabido en tantos años, y ganas de preguntar muchas cosas, pero se siente tan cansada que deja que éstas recorran su cuerpo sin oponer ninguna resistencia, que se conviertan en parte de ella.
Cuando la realidad ya se le confunde con el sueño, se le cruza un pensamiento: tal vez si hubiera conocido la verdad, no habría repetido la historia. Una historia que, absurdamente, repitió sin siquiera conocer. Pero desde su silencio temeroso de todos esos meses, también comprende a la madre, y se siente acompañada porque no es perfecta. Y el hombro de su madre se le figura ahora tanto más acogedor, tanto más tibio, que no siente ninguna urgencia por preguntar; sabe que al otro día podrá hablar con ella.
Y así se duerme. Plácida. Acompañada. Vencida por el agotamiento de haber estado encerrada por tanto tiempo y tan sola. Y, para colmo de males, encerrada afuera.
Bendiciones!

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#38
KUKY
Escrito el: 08 - Agosto - 2007 a las 22:28


yo encontre un par de cartas de la vision de dos niños que fueron adoptados, las voy a agregar aca para que las lean.

Un niño adoptado
Arminda Aberastury

Me llamo Martín, tengo siete años y estoy preocupado
.
 La maestra me puso muy bien en el dibujo del cuaderno, pero también puso una nota para que papá y mamá fueran a hablar con ella. No será para retarme, porque dice "muy bien felicitado".

 Pinté unas naranjas en un árbol de pino, y cuando la maestra me dijo que el pino no tiene naranjas le contesté "se las puse prestadas".
 Estoy seguro que es por eso, porque puse naranjas en un pino.

 Papá y mamá tienen un negocio de juguetería, está pegado a la casa, pero a esta hora es cuando hay más trabajo, y estoy solo en mi cuarto porque sé que no debo molestarlos. Por eso juego solo y me hago preguntas que a veces me contesto y a veces no sé cómo contestaras. Casi siempre son las mismas, pero muy pocas veces me animo a preguntarles a papá y mamá. ¿Un avión azul es el hijo de un avión azul? ¿Un avión rojo, es el hijo de un avión rojo? ¿O un avión es el hijo cuando tiene un piolín para arrastrarlo? Recuerdo una conversación que tuve con un compañero de banco, también a mí me preocupa saber de dónde vienen los chicos, y lo hablé con José, con Enrique y también con Santiago, aunque Santiago es un poco menor.
 Santiago piensa que todos los hijos son iguales a sus padres, pero Gustavo dice que puede a veces no ser así. Por ejemplo, él tiene un amigo que se llama Marcelo y es muy rubio, y los padres no son rubios. A mí también me preocupa saber porqué José tiene diez hermanos y en cambio yo soy único.
 Cuando les pregunté a mis padres, una tarde, si tendría un hermano me contestaron cualquier cosa, cualquier pavada, como si con eso me taparan la boca.

 Estoy cansado de preguntar, pero quiero saber, y tendré que animarme un día y preguntar en serio.

 Busqué en el diccionario que quería decir "hijo" y también que quería "madre". De hijo decía: "Persona o animal respecto de su madre o de su padre". Cerré enojado el libro; sabía menos que antes. Sin embargo, me dije, tengo que saber.   Busqué "madre" y quedé más desconcertado todavía. Decía "Hembra que ha parido", "Hembra respecto de su hijo o hija" .

 Al día siguiente, en el colegio, un chico me dijo que era una hembra, pero no sabía qué era "parido". Tendré que preguntárselo a mi padre. Yo no quise buscar que quería decir "padre" porque tuve miedo.

 Tendría que haber diccionarios escritos para chicos, porque este diccionario es para las personas grandes que ya saben.

 Un día, cuando era más chico, escuché una discusión entre mis padres. Uno de ellos decía - no recuerdo cuál de los dos era- "cuando sea grande se lo diremos, ahora no lo puede comprender". Recuerdo que entré en el cuarto y pregunté qué era eso y porqué no me lo decían ahora, y también me contestaron una pavada.

 Muchas veces he pensado que no son mis padres, que si fueran verdaderamente mis padres me comprenderían. Sin embargo Marcelo también dice que sus padres no le contestan a las preguntas, y Enrique se acordó que un día preguntó de que había muerto su hermano y le hicieron callar. Entonces, no son mis padres los único que no contestan a las preguntas.

 Muchas veces los miro y siento algo muy raro, los quiero mucho, me entienden en muchas cosas y yo también los entiendo, ¿acaso no sé cómo se debe hablarles, esos días en que todo se vuelve contra mí?. Pero también José me dijo que a veces hay día en que sus padres están insoportables, entonces no son sólo mis padres.

 Pero lo que yo siento es distinto, no es que no me entiendan o no me quieran. Me regalan cosas, me llevan a todas partes. Pero no, es algo muy especial y terriblemente difícil de decir.

 A veces miro a mi padre y veo como si otro padre estuviera detrás de él o al lado de él, no es algo que yo puede describir, pero está allí, cuando lo miro.

 A veces cuando yo era chico, casi esperaba que el otro apareciera de repente y fuera verdad que era otro padre y me dijera "yo también soy tu padre". Me hubiera parecido natural.

 Un poco diferente, pero un poco parecido me pasaba con mamá, con ella, es sobre con la voz. Cuando era chico y la escuchaba, me parecía que su voz había sido otra alguna vez, más linda, más fuerte, no sabía si era más linda esa voz o si me gustaba más, pero si estaba seguro que era otra. A veces, ahora, cuando mamá me llama, siento la otra voz pegada a la de mamá y cuando voy a verla me parece raro que sea una sola persona.
 Estos pensamientos, me asustan, pero por suerte me vienen a veces, no me pasa siempre.

 Muchas veces de noche le pido a mamá que se quede junto a mí hasta que esté dormido, tengo miedo que alguien entre y me lleve.
 Otras veces pienso en ladrones. Con Carlos y con Marcos hablamos muchas veces de ladrones. En la casa de ellos entraron y se robaron las cosas de los grandes, no sacaron nada del cuarto de los chicos y esto que tenían cosas importantes: una colección de bolitas y el cuaderno de estampillas del hermano mayor. Pero no era eso lo que yo quería decir; quiero explicar lo que a veces me pasa de noche, y a veces de día también. De golpe me parace que me equivoqué de casa, alguien llega y me dice que ésta no es mi casa sino otra. Pero esto dura muy poco por suerte, porque enseguida me doy cuenta que sé muy bien que ésta es mi casa.

 Muchas veces quiero hablar de todo esto con papá y mamá, porque no sé cómo decírselos; tengo mucho miedo que me hagan callar; o me digan que son pavadas, o me contesten con una pavada.

 Pero ahora me importa mi dibujo y la nota que la maestra me puso en el cuaderno. No sé qué le dirán en el colegio a mis padres.

 A la mañana siguiente fueron a hablar con mi maestra, y ese día empezó algo así como la segunda parte de mi vida, verdaderamente la mejor parte de mi vida. Fue cuando papá y mamá me contaron toda la verdad.

 Empezaron con unos cuentos bastante tontos, me hablaron de la gata que había tenido un hijo pero que después no lo pudo criar, y que entonces otra gata que era amiga de ella lo tomó a ese gato y lo educó como si fuera el hijo, y que eso a veces pasaba también con las personas.
 De golpe me di cuenta que sabía lo que me iban a decir, todo aquello que había pensado era verdad. De todos modos, no los interrumpí, y siguieron contándome que también pasaba con otros animales, que muchas veces un mono tiene un monito y la mamá se muere cuando nace el mono y lo cuida otra mamá, pero es como la verdadera mamá, y ese monito quiere mucho a su segunda mamá, y la mamá lo quiere mucho como si fuera su hijo.
 ¿Y no es su hijo? Les pregunté. Mamá dijo "sí", sí es su hijo, pero es un hijo distinto, es un hijo que no ha estado adentro de la mamá. Es un hijo, pero es un hijo... "¿Es un hijo qué?"

 "Es un hijo adoptado" me dijo mamá. Yo estaba seguro que yo era un hijo adoptado, pero quería que ellos me lo dijeran.

  Mamá se enredó, papá la ayudó, y al final me dijeron "vos sos nuestro hijo, pero nuestro hijo adoptivo". Sentí un gran alivio porque entonces todas esas dudas que yo tenía eran verdad, entonces había una voz que yo escuché antes que la voz de mi mamá, y entonces tengo dos papás. No les conteste nada, pero creo que ellos se dieron cuenta que estaba contento; estaba contento de ellos y de mí.

 Pensé que si ellos no habían podido tener un hijo, como mamá me explicó, así entrecortado, y que papá tenía tantas ganas de tener un hijo, y que ellos no habían podido tenerlo, y que esas cosas pasaban con las personas y a veces con los animales, que querían tener hijos y no podían tener hijos, entonces si yo soy el hijo, yo les hice un regalo, ahora tienen un hijo.

 Les pregunté ¿y ustedes conocieron a mi mamá? ¿Y mi mamá por qué no me pudo tener? Y mi papá ¿ustedes conocieron a mi papá?

 Me dijeron que no, que hay una persona que se ocupa de esas cosas, a la que se le puede pedir... No sé, no entendí muy bien, pero algo así como que cuando se quiere adoptar un chico hay personas que saben cuando hay un chico que la mamá no lo quiso tener; o lo tuvo y que después... no sé, no quiere darle de comer; o no puede vestirlo, o no lo quiere mandar al colegio, o no le podía comprar juguetes, o no lo quería tener en la casa, y que entonces, cuando esa persona sabe que hay un chico que nació y que pasa eso, entonces se junta con la otra persona, que es la persona que quiere tener un chico y... y entonces se lo dan. Pero primero averiguan si esos padres van a ser buenos con el chico; y la verdad es que ellos son muy buenos conmigo, que averiguaron bien, porque ellos son muy buenos.

 ¿Pero por qué estoy un poco triste? Pero no quiero mostrarles que estoy un poco triste, porque si ellos ven que estoy un poco triste se van a apenar. Pero estoy un poco triste, mejor les digo que estoy un poco triste.

  Entonces mi mamá me dijo que era natural que estuviera un poco triste, por que toda esa historia era un poco triste. Pero era también un poco alegre, porque al final era una historia feliz.

 Eran unos padres que no tenían un hijo, y ahora lo tienen, y era un hijo que no tenía padres que lo cuiden y ahora tiene padres.

  Creo que eso es la adopción, como naranjas para un pino.


Revista Argentina de Psicología n°27

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la otra es esta, agrego el link para que no sea tan largo el post.[Imagen: smiley2.gif]

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#39
¿Qué es ser adoptado?.

Es ser un hijo igual que los demás pero con una historia que empieza antes de encontrarse con su mama y su papa.
Cariños!
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#40
Copio del link que dejó la Kuky


[COLOR="Blue"]Esa tarde mi mamá me contó por primera vez la historia de mi adopción.
[/COLOR]

Yo hice muchas preguntas. Hice muchas preguntas porque quería entender.

Y al final entendí. Mi mamá dice que hay cosas que uno va entendiendo de a poquito.
El que no termina de entender las cosas es Felipe. Felipe se pasa el tiempo haciendo preguntas. Y pregunta, y pregunta... Y yo le explico. Pero le cuesta entender.

Alejandro también pregunta a veces, pero Alejandro es mi mejor amigo. Felipe es mi segundo mejor amigo. Podría ser el primero si no hiciera tantas preguntas.

-¿Cómo es ser adoptado?- Me pregunta.

Esa, por ejemplo, es una pregunta tonta. Ser adoptado es ser un hijo, igual que él. Con un papá y una mamá, igual que él. Solamente que los hijos adoptados tenemos además una historia vieja, como dice mi mamá, una historia que viene de antes.

Eso nos pasa a todos los que somos adoptados. Como Alicia, que vive a la vuelta de mi casa y que es adoptada, como yo. Y a un montón de chicos más. Porque hay un montón de chicos adoptados en el mundo.

Dice mi papá que seguro que en la escuela hay unos cuantos. Sólo que nosotros no sabemos que son adoptados porque ellos no se lo andan contando a todo el mundo; se lo cuentan a sus mejores amigos nada más, o capaz que no cuentan nada porque no tienen ganas de contar.

- Pero vos ¿Naciste de panza o no naciste de panza? - sigue preguntando Felipe.

Eso es lo malo de Felipe, que hace preguntas tontas. Yo no sé si explicarle o darle una piña.

Alejandro me dice que mejor le explicamos. Alejandro siempre me ayuda a explicarle a Felipe lo que Felipe no entiende.

Así que le expliqué lo que me explican mis papás cada vez que pregunto. Espero que esta vez haya entendido. Con Felipe nunca se sabe.

Yo nací de la panza de una mujer, como todo el mundo. Sólo que, después de nacer, ella y yo nos tuvimos que separar. Eso fue lo que pasó.

Esa es mi historia vieja. Hubo una mujer que me tuvo en la panza. Y también hubo un hombre, claro, porque ningún bebé puede crecer en una panza si no hay un hombre y una mujer. Eso lo sabe cualquiera...

Esos fueron mis padres biológicos. Y esa palabra no la inventé yo, eh. Ya estaba inventada...

Acá pego un dibujo muy gracioso que hizo Alejandro de la cara que pone Felipe cuando digo yo "padres biológicos". Ya van como cinco veces que se lo explico, pero siempre que digo "biológicos", él pone cara de "bio ¿Qué?". Y yo le tengo que explicar (¡qué paciencia hay que tener con Felipe!)

Los padres biológicos son los que te hacen nacer, los de la panza.

También le mostré el dibujo que me hizo mi papá el año pasado, para ver si me entiende.
Yo de mis papás biológicos no me acuerdo. No los conozco. Nada. No tengo ni una foto.......

Lo único que sé es que se separaron de mí. Que nos tuvimos que separar.

Tampoco sé por qué nos tuvimos que separar. Mi papá y mi mamá tampoco saben.

Siempre que pienso en eso me da no sé qué... Me da como un nudo acá en el estómago. No me gusta mucho pensar en esas cosas.

En lo que me gusta pensar a mí es en esta foto. Esta es la foto más linda del mundo.

* L. Abraham de Cúneo, E: de De la Fuente, F. Riterman, S. Mandelbaum, A. Márquez, D. Felbarg.
Editado por: Libros del Quirquincho.
Cariños!
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#41
En algunos casos, los padres han optado por utilizar la metáfora de que sus hijos/as “nacieron del corazón”. Aún cuando para los jóvenes constituyó una forma de asimilar el tema, al momento de contrastarlo con sus pares (especialmente al ingreso al sistema escolar), pasó a ser un elemento perturbador para ellos y necesitaron volver a contrastarlo con sus padres.

…después capto que del corazón no puede nacer una guagua… el corazón es muy chico, no puede nacer una guagua, así que yo no nací del corazón... entonces ahí tuvimos que hablar con ella y le dijimos que había nacido de la guatita de otra señora y esa otra señora, no la pudo mantener…”

Cualquiera sea la forma de revelación, todos los jóvenes concuerdan en que están agradecidos de sus padres por haber sido honestos con ellos, manifestando que para ellos hubiese sido muy doloroso asumir esta información con mayor edad.

“...prefiero haber sabido desde chica que enterarme por papeles…”
“...no me habría gustado enterarme a la mala o por terceras personas…”
“...estoy contenta de saber porque tengo derecho a saberlo y porque así la relación con mis papás es transparente…”
“...prefiero haber sabido y que no sea un secreto ni algo especial…”
“...no le doy tanto valor al haber estado o no en la guata de mi mamá...no es una verdad que haga tanto daño como para no decirla..., estuve 6 meses de mi vida en un hospital y el resto con mi familia..., que no estuve en su guata...sí, pero ha sido mi mamá…”


Del mismo modo, los padres evalúan que fue positivo contarles a sus hijos/as desde pequeños porque los jóvenes han tenido una buena reacción ante la posibilidad de conocer su verdad. Además, han podido constatar por referencia de otros casos que cuando los jóvenes se enteran tardíamente las reacciones son muy negativas y generan crisis familiares importantes.

Los padres tienen distintas formas de abordar el tema, incluyendo más o menos detalles del momento del encuentro, de su motivación por adoptar, del estilo utilizado en el relato.

Para los jóvenes, independientemente del estilo utilizado o de la precisión de los detalles entregados por sus padres, la atmósfera emocional con que les fue entregada la información es lo que reportan al momento de recordar cómo fueron informados de su adopción.

El niño/a mas que entender lo que se dice, es decir el contenido, capta lo que sienten los padres al momento de decirle su condición de adoptado/a. Por ello es de suma importancia la actitud que tengan los padres respecto al proceso de revelación, puesto que esta influirá en la forma que transmitirán esta información y en la forma en que el niño/a recepcione lo que se le esta transmitiendo. (Santa Maria, 1991).


En: Estudio de seguimiento en jóvenes adoptados en edad temprana Pag. 209
Cariños!
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#42
El derecho a conocer los orígenes

Para poderse sentirse seguros y a gusto consigo mismos, los adoptados necesitan entender y asimilar su historia.

BEATRIZ SAN ROMÁN


La adopción

Todavía hay algunas personas que creen que, si se sienten queridos, los adoptados no necesitarán saber de sus orígenes. Sin embargo, el deseo de saber no tiene nada que ver con el cariño ni con la fortaleza de la relación entre padres e hijos.

Aunque no tengan recuerdos, es lógico y natural que sientan curiosidad sobre lo que ocurrió en su pasado. Preguntas como "¿de dónde vengo?", "¿a quién me parezco?", "¿por qué mis padres biológicos me dieron en adopción?", "¿tendré más hermanos?", "¿qué habrá sido de ellos?" o "¿qué sucedió?" son normales y sanas. Sus orígenes son parte de lo que son y, a medida que crecen y aumenta su capacidad de comprender, necesitan entender con mayor profundidad esa primera etapa de su vida.

El deseo de conocer se manifiesta en los niños desde pequeños, y adquiere una gran importancia en la adolescencia y la edad adulta . Para construir una sana imagen de sí mismos, necesitan entender y asimilar su historia. Como todos, necesitan poder construir un relato de su propia biografía que no se asiente sobre una montaña de interrogantes
Cariños!
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#43
¿Hijos del corazón?

Entre los tres y los cinco años, muchos niños preguntan "mamá, ¿yo estuve en tu barriga?".

B.S.R.



Se dice con frecuencia que los adoptados son "hijos del corazón", porque sus padres los quieren con toda su alma aunque no los engendraran. Sin embargo, cuando se trata de explicar a los niños cómo llegaron a nuestra familia, esta expresión da lugar a malentendidos y provoca confusión.

Cuando Abril le preguntó a su mamá si había estado en su barriga, ésta le respondió: "No, cariño, tu eres hija de mi corazón, no de mi barriga". La pequeña pareció quedarse satisfecha con la respuesta, pero unos meses después volvió sobre el tema y, con esa lógica aplastante que tienen los niños, interrogó de nuevo a su madre: "¿Y por dónde salí del corazón?".

A partir de los tres años, la mente de los niños avanza a pasos agigantados y disfrutan entendiendo cómo funciona el mundo. Entre los tres y los cinco años, es muy posible que te sorprendan con preguntas muy concretas sobre una gran variedad de temas. Los bebés y las barrigas son uno de ellos. En su imparable carrera por entender la realidad, es normal que sus cabecitas traten de relacionar lo que aprenden con su persona.

Cuando un niño pregunta si estuvo en la tripa de mamá, nos está dando una excelente oportunidad de empezar a explicarle su historia, y también de demostrarle que estamos abiertos a sus preguntas también sobre este tema.

Lo mejor a esta edad son las respuestas sencillas y concretas. Todavía no están preparados para asimilar detalles complejos sobre las razones por las que fueron adoptados, pero sí pueden empezar a colocar los cimientos de su historia de una forma natural. "Antes de nacer, estuviste en la barriga de otra mujer, tu madre de nacimiento" es una buena manera de empezar.

No tengas miedo de que tu hijo se confunda. A esta edad, su mente es todavía muy concreta. Saber que antes de nacer estuvo en la barriga de otra mujer no hace que desconfíe de la relación con su mamá, la mamá que le cuida y le quiere todos los días.
Cariños!
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#44
Chicas, hace un tiempo, viendo Superman con Adolfo, justo cuando él y sus papás de la tierra se encuentran, le comenté que a él también lo adoptaron, viste?
Desde entonces, con mucha frecuencia, me pide que le hable de la mamá de superman... yo le pregunto qué quiere saber? y me dice, lo que tú quieras... entonces, yo le hablo de mí, de mis sentimientos antes de encontrarnos, de lo feliz que soy de ser su mamá... pero aunque suene loco, creo que es hasta bueno que tenga como ejemplo de adopción la de un superheroe... o sea, si alguna vez alguien le dice una pesadez, él va a poder decir: para que sepas, a superman también lo adoptaron!!! o sea... qué mejor?
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#45
Concuerdo plenamente con lo ultimo que dice Lorena....nosotros utilizamos la historia de Tarzan... que tambien fue adoptado por la mamá Gorila....esa historia me encanta...Confusedmiley9:
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#46
¿Hijos del corazón?

Entre los tres y los cinco años, muchos niños preguntan "mamá, ¿yo estuve en tu barriga?".

Se dice con frecuencia que los adoptados son "hijos del corazón", porque sus padres los quieren con toda su alma aunque no los engendraran. Sin embargo, cuando se trata de explicar a los niños cómo llegaron a nuestra familia, esta expresión da lugar a malentendidos y provoca confusión.

Cuando Abril le preguntó a su mamá si había estado en su barriga, ésta le respondió: "No, cariño, tu eres hija de mi corazón, no de mi barriga". La pequeña pareció quedarse satisfecha con la respuesta, pero unos meses después volvió sobre el tema y, con esa lógica aplastante que tienen los niños, interrogó de nuevo a su madre: "¿Y por dónde salí del corazón?".

A partir de los tres años, la mente de los niños avanza a pasos agigantados y disfrutan entendiendo cómo funciona el mundo. Entre los tres y los cinco años, es muy posible que te sorprendan con preguntas muy concretas sobre una gran variedad de temas. Los bebés y las barrigas son uno de ellos. En su imparable carrera por entender la realidad, es normal que sus cabecitas traten de relacionar lo que aprenden con su persona.

Cuando un niño pregunta si estuvo en la tripa de mamá, nos está dando una excelente oportunidad de empezar a explicarle su historia, y también de demostrarle que estamos abiertos a sus preguntas también sobre este tema.

Lo mejor a esta edad son las respuestas sencillas y concretas. Todavía no están preparados para asimilar detalles complejos sobre las razones por las que fueron adoptados, pero sí pueden empezar a colocar los cimientos de su historia de una forma natural. "Antes de nacer, estuviste en la barriga de otra mujer, tu madre de nacimiento" es una buena manera de empezar.

No tengas miedo de que tu hijo se confunda. A esta edad, su mente es todavía muy concreta. Saber que antes de nacer estuvo en la barriga de otra mujer no hace que desconfíe de la relación con su mamá, la mamá que le cuida y le quiere todos los días.


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#47
Miren que interesantelo que encontré en otro foro:


Bueno, "a veces madres hay más de una".. . :o)

Todavía no hemos hablado nada de qué le diremos pero creo que lo mejor es decirle que hay personas que no pueden o no saben ser mamás o papás, recuerdo mi sobrina, me lo preguntó unos días antes que nos llamaran para decirnos que ya eramos madres de un niño, pero eso todavía no lo sabíamos, fue hace casi un año, estábamos en la vía verde de Tarragona y visítabamos un museo, mirábamos cuadros preciosos, y mi sobrina me preguntó por qué Dolors y yo íbamos a ser mamás y por qué si el niño o la niña ya tenía una, y le expliqué, "Ves estos cuadros?, a que son bonitos?, ella me dijo que sí, pues a mi me encantaría pintar así, y puedo ir a comprar lienzos y pinturas y puedo ponerme delante de un paisaje y pintarlo, pero me saldrá un churro ( recuerdo que se puso a reir con la palabra churro) y me saldrá fatal porque no soy pintora, no tengo ese don, pues es lo mismo con ser mamá o papá, puedes tener un hijo pero no tener el don para ser su padre o su madre, y a veces quieres pero no sabes, no puedes, y otras veces no quieres y lo tienes, y muchas personas son capaces de decir "yo no tengo el don" y otras no saben decirlo...."

Y entendió algo fuera de muchas veces toda lógica.

No sé cómo se lo explicaré a mi hijo cuando hable y entienda y pregunte, lo único que me preocupa es que no entienda que todos nacemos y venimos a esta mundo por miles de circunstancias y casualidades que nos hacen venir de una manera y no de otra, y ser de una manera y no de otra, y cada uno de nosotros es único e irrepetible, y él lo es, único e irrepetible, y yo bendigo cada circunstancia que lo hizo a él ser y nacer y venir aquí, a casa.

Un saludo.


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#48
Qué buena explicación... ideal tener sobrinos a quienes contestarles preguntas antes que a tus hijos para poder ir practicando.
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#49
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Adopcion

CONSTRUYENDO UN RELATO SOBRE EL ORIGEN

Graciela Montano, María Hughes

Uno de los motivos de consulta más frecuente que plantean los padres adoptivos se centra en sus cavilaciones acerca de informar sobre los orígenes de su hijo. ¿Es conveniente informar? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Alcanza con hacerlo una vez? Y si optan por hablar del tema con el niño, se preguntan acerca de cuál es el mejor momento, en especial si deben esperar que el niño lo pregunte ¿Cómo llegar a una decisión?

En su formación los psicoterapeutas reciben casi como un mandato una consigna: es imprescindible decirle "la verdad" al niño. Pero ¿cuál verdad?

Los padres consultan buscando palabras o fórmulas mágicas que eviten daños y sufrimiento al chico, pero también porque es muy doloroso para ellos abordar esta tarea y temen perder el amor del hijo. En forma más latente que esta preocupación manifiesta, encontramos temores y ansiedades que aluden a la propia inseguridad en torno a su capacidad para ser padres.

ENCUENTRO DE CARENCIAS

La adopción se da por la confluencia de varias carencias y situaciones de vulnerabilidad. La de una madre de origen no protegida por la sociedad, en un muy alto porcentaje sin compañero, que se encuentra enfrentada al nacimiento de un niño no buscado y al que no puede criar. La carencia de una criatura que necesita y tiene derecho a una familia donde crecer y donde construir su identidad. La carencia de una pareja que ha deseado engendrar un hijo y que no pudo lograrlo.

El eje social y psicológico de la adopción reside en el encuentro de estas carencias y las traspasa en la medida que en estos padres legitimados por la ley, se despierta el deseo de un hijo a quien amar y a través del cual poder proyectarse y trascender, aunque no haya sido engendrado por ellos.

LOS PREJUICIOS

Ser informado de sus orígenes y tener una familia forma parte de los derechos del niño establecidos en la Convención de 1989, donde dice: "El niño tiene derecho -entre otros- a un nombre, a una nacionalidad, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos en la medida de lo posible" (art. 7). Hay situaciones en que los padres de origen no pueden cumplir con este requisito y la adopción se instala en favor del bien superior del niño. Para ello no hay reglas, porque cada adopción es distinta, es particular, cada familia tiene características propias, conforme a la historia de cada uno de los integrantes de la pareja y al vínculo que hayan podido construir entre ellos y con el niño.

En la sociedad uruguaya observamos que la adopción continúa siendo un tema tabú, que resulta difícil de entablar con espontaneidad. A esta dificultad contribuye que el niño adoptado carga con varios prejuicios socials, como el de haber sido abandonado por una mujer catalogada de cruel e inhumana, que por lo general desconoce los motivos que la llevaron a tomar la decisión de no criarlo. El peso suele recaer sobre la mujer y queda sin mencionar el hombre, igualmente responsable de ese embarazo. El prejuicio que inspira el imaginario social considera a ese niño como "hijo del pecado."

Los prejuicios también son notorios en cuanto a que los niños adoptivos suelen provenir de un medio socioeconómico carenciado, lo que en general conlleva vivencias de desvalorización que pueden interferir negativamente en la investidura libidinal del niño. A esto se suman los temores en torno a que ese niño traerá consigo una información genética desconocida.

Por todo esto las familias adoptivas y los hijos adoptados portan la marca de lo diferente, de lo extraño. En ciertas situaciones son discriminados por ser catalogados como inferiores. Y a su vez los padres adoptivos, al no haber podido engendrar a su hijo, se ven cuestionados con respecto a su capacidad para cumplir la función de padres.

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Un padre manifiesta: "en el colegio no informamos que es adoptado y nadie lo sabe, salvo los abuelos y ahora usted."

A la madre de una niña adoptada le preguntan: "¿así que Marita es adoptada? Pensar que es tan parecida a vos."

Cuenta un niño en la sesión; "terminé a las piñas porque Francisco me dijo: a vos te regalaron".

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Estos prejuicios que circulan a veces silenciosamente y otras veces en forma explícita, contribuyen a que estas familias no puedan sentir el derecho de hablarlo libremente. En muchos casos lo ocultan por temor y para protegerse de un mayor sufrimiento.

LOS MOTIVOS

Existen motivos manifiestos y motivos latentes que llevan a decidir la adopción de un niño. En la historia de cualquier pareja surge en un momento dado el deseo de un hijo a quien amar, a quien cuidar, hijo que los transforme en padres y que a través de él proyectarse hacia el futuro.

Nos encontramos en la clínica con un alto número de parejas que han decidido adoptar golpeados por la infertilidad, dañados en su narcisismo, y sintiéndose inhabilitados como padres. El desarrollo actual de la ciencia ha permitido lograr alternativas en la fecundación que han hecho tambalear los límites de lo "natural", si bien en el imaginario social lo "natural" sigue manteniendo un lugar de criterio de verdad absoluta. Como efecto de las técnicas de fertilización asistida, la sexualidad y el erotismo de las parejas -que no han podido engendrar en forma "natural"- se ven traumatizados, empobrecidos y disociados y en un cierto porcentaje los tratamientos de fertilización no logran su objetivo porque pesan las causas de índole emocional. En la medida que la pareja vaya elaborando el duelo del proyecto del hijo propio va a encontrarse en mejores condiciones para tener un hijo aunque no lo haya engendrado.

Dice una mujer: "ni siquiera pude embarazarme".

Dice su marido: "el médico nos dijo: y si tanto desean un hijo ¿por qué no adoptan? Yo pienso que adoptar sería tapar."

Esta pareja decidió por el momento no adoptar, tal vez porque comprendieron que el daño narcisista que les provocó no poder engendrar un hijo necesita ser procesado internamente. Si la pareja no ha tenido instancias previas a la adopción donde se elabore este duelo y se preparen emocionalmente para ser padres adoptivos, las heridas narcisistas quedarán abiertas y prontas a sangrar en cualquier momento.

¿HAY UN MOMENTO PARA EMPEZAR A INFORMAR?

Desde los primeros tiempos en que la pareja empieza a pensar en la posibilidad de adoptar un niño, surgen las incógnitas: cómo hacerlo, cuál puede ser la manera más adecuada; la conveniencia de decirle al niño su origen.

A modo de ejemplo citamos a una pareja de padres en la consulta: "cuando le leemos el librito sobre la adopción, a la madre biológica la omitimos…cuando el libro dice que el bebé creció en la barriga de otra mujer, se lo cambiamos. Nos negamos a informarle de la otra mujer. Para nosotros no existe otra persona. No es gracias a ella que lo tenemos."

En este ejemplo se pone en evidencia el mecanismo psíquico de la desmentida. El Prof. Prego Silva planteaba que el hijo adoptivo, si bien llena una falta, también denuncia una falta. "El está haciendo olvidar que esa pareja no pudo tener hijos, pero su presencia es de alguna manera la denuncia de que está en el lugar de lo que no se pudo tener. Por eso es que la relación entre los padres adoptivos y el hijo adoptado es, muchas veces, ambivalente."

En los primeros encuentros con el pequeño adoptivo la desmentida puede ser operativa. No percibiendo la biología ajena, los padres pueden acercarse al bebé y establecer fuertes vínculos con él... aunque este mecanismo deberá dejar lugar al reconocimiento de que este hijo fue gestado en otro vientre. Pensamos que, cuando los padres consideran que es conveniente comenzar a hablar con su hijo sobre su origin, y se encuentran internamente preparados para hacerlo, este momento inaugura la ruptura de la desmentida de la infertilidad.

Con el surgimiento del lenguaje verbal y la capacidad de preguntar, algo se transforma en la relación padres-hijo. El niño adquiere, a través de la palabra, la capacidad de preguntar, de investigar, de querer saber acerca de todo lo que lo rodea; precisa aprender, incorporar, imitar a sus modelos. Comienza a preguntarse acerca de cómo nacen los niños. El lenguaje será también el instrumento que les permitiría a los padres empezar a contarle sobre sus orígenes.

Esta etapa de investigación del niño, que resulta tan gratificante y placentera para el entorno de los adultos, en la pareja de padres adoptivos es un momento cargado de angustia, y el mundo de la palabra les genera una temerosa expectativa porque es el tiempo en que el niño quizá intente saber, aquel en el cual podría empezar a preguntar. Por resurgir las antiguas heridas que habían permanecido latentes durante esos años previos, ese niño corre el riesgo de transformarse en un niño temible, hostil en la fantasmática de los padres, y estas vivencias que angustian a los padres pueden enrarecer el vínculo.

¿ESPERAR A QUE EL NIÑO PREGUNTE?

Un padre comenta: "La psicóloga del jardín nos dijo que debemos informarle que es adoptado, pero dijo que esperemos a que él pregunte."

No podemos pretender que el niño tenga la capacidad de preguntarse si él en realidad es otro; o si fue engendrado por otras personas; o si creció en otra panza. Más aun cuando su saber inconciente pone en riesgo el vínculo con sus padres. No podemos esperar que el pequeño esté en condiciones intelectuales, y menos aun emocionales, para formular alguna pregunta que haga tambalear su identidad. Esperar a que pregunte sería esperar que el niño se haga cargo de algo que no está en condiciones de conceptualizar. Quedarse esperando a que el niño pregunte sería evitar hablar con él de la historia de ellos como pareja, de sus dificultades y frustraciones relativas a su deseo de procrear y del surgimiento del deseo de un hijo adoptivo.

La consulta por Lucía de tres años, se hace porque la niña ha empezado a cantar: "yo tengo dos mamás" o, en presencia de ambos padres adoptivos, les pregunta: "¿Dónde está mamá? ¿Donde está papá?" Los padres entienden que la niña quiere saber y se sienten obligados a informar, tal como la asistente social les indicó cuando le entregaron la niña. Los padres interpretan que la niña está preguntando por sus orígenes y le compraron libritos que hablan de la adopción, pero no saben cómo seguir adelante.

Pero el niño ¿quiere saber? ¿Qué quiere saber? ¿Cuánto quiere saber? Por un lado necesita saber y por otro lado le asusta mucho saber. ¿Acaso ya no sabe? ¿Habrá alguna respuesta que lo alivie de los sentimientos de incertidumbre y extrañeza presentes en la relación entre él y sus padres?

Los niños adoptados por lo general no formulan preguntas directas sobre su adopción. Ellos plantean sus interrogantes empleando rodeos, desplazamientos y sustituciones. Lo hacen, por ejemplo, cuando juegan a que el oso tiene un hijito león o a través de dibujos como el de un manzano que da naranjas, o una jirafa con cabeza de elefante.

Aunque el niño posea una percepción, a nivel inconciente, de su no pertenencia a esta familia, la confirmación de este hecho trastoca su identidad.

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Cuando los padres adoptivos de Melisa (4 años) empezaron a contarle algo sobre su adopción... "empezó a toser, a quejarse de dolor de cabeza, se angustió y se tapó los oídos". Los padres informan que: "Melisa empezó a jugar a sacar ropa del placard y a ponerla en bolsas".

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El tiempo en que el niño empieza a preguntarse por sus orígenes es aquel en que empieza a organizarse la novela familiar: el niño se construye su propia novela. Magdalena dice: "Yo sé lo que pasó. Mi casa se incendió, estábamos todos durmiendo y una vecina nos sacó a mí y a mi hermano. A mis padres no los pudo sacar. Nos llevó al hospital y ahí nos fueron a buscar nuestros padres. Yo me acuerdo, yo tenía dos años".

¿La pregunta sobre los orígenes queda respondida a partir del relato que los padres puedan realizar? Sin duda esto es lo que los padres esperan. Le informemos o no, el dolor generado por la vivencia de abandono y la ruptura de la "continuidad existencial" estarán siempre presentes. El pasaje del vientre materno a los brazos de la madre adoptive, aun cuando se haya podido realizar en las mejores condiciones, implicó en el bebé un corte en la continuidad existencial y cierta vivencia de extrañeza, al dejar de sentir la voz o los latidos del corazón que escuchó durante la vida fetal.

En un trabajo anterior planteábamos que "el niño llega a la adopción con una historia de nueve meses de unión con la mujer que lo gestó". "Esta experiencia queda trunca y comienza otra historia a partir de la brecha de ese corte"... "una vez juntos, madre adoptiva e hijo iniciarán un diálogo sin precedentes". En un comienzo, a ella le puede resultar difícil comprender las necesidades de ese niño no gestado en su interior, a pesar de que también la madre adoptiva se haya preparado emocionalmente para ser madre.

Relata una madre adoptiva: "Cuando la madre me la entregó en mis brazos me miró como preguntando: ¿Me la vas a cuidar? Yo a la vez miré a la beba y pensé: si me sonríe es que me acepta... y me sonrió".

¿QUÉ ACARREARÍA NO INFORMAR?

Cuando en una familia hay "algo no dicho", ello es captado a nivel inconciente por el pequeño y muchas veces se traduce en estados de inquietud o de ansiedad, debido a la falta de palabras que puedan dar un sentido a esas percepciones de extrañeza a las que antes nos referíamos. En todo ser humano el deseo de saber está directamente relacionado con la pregunta sobre el origen, que va introduciéndolo al terreno del aprendizaje.

El niño necesita encontrar respuestas sobre el origen que lo conduzcan a saber y a apropiarse de "su origen". De no encontrarlas, quedará imposibilitado de conocer sus vivencias, de nombrar sus sentimientos; se verá afectada su identidad y obstaculizado el proceso de aprendizaje. Todas aquellas cosas innombrables perturbarán la representación de su relación Yo-mundo.

¿Qué significa conocer el origen? Conocer el origen no solo significa conocer los datos filiatorios de quienes lo engendraron. El origen es constitutivo de la historia de todo ser humano. Poco a poco se irá ampliando, se irá modificando múltiples veces a partir de las vivencias, los recuerdos, los datos aportados por el entorno, el proceso de crecimiento y la elaboración interna.

En el caso del hijo adoptivo podrá existir mayor o menor conocimiento de su historia anterior, pero esto no significará un impedimento para la construcción de un relato propio sobre su origen.

En el origen también se encuentran estos padres que se prepararon para recibirlo; el encuentro de ellos con el bebé y el transcurso de los primeros tiempos juntos.

Si bien durante su gestacion este niño posiblemente no tuvo una madre y un padre que lo pensaran, que lo imaginaran, que lo desearan como su hijo, con la adopción tendrá una nueva oportunidad, la de un encuentro con padres que lo deseen y lo acepten tal como es, dándole un lugar en la familia, un lugar en lo simbólico.

La paternidad adoptiva cumple la función simbólica de constituir a ese pequeño en sujeto, desmitificando de esta forma que solo son padres los que lo traen al mundo. Esto significará no solo quererlo, sino también desearlo como un representante que los podrá trascender.

Al informar buscamos evitar la crueldad que significa que un niño, que durante mucho tiempo se pensó hijo biológico, de pronto se enfrente a una información que lo hiera. Esto no se hace de una vez, sino que implica un proceso, en el que es necesario estar atentos a las señales del niño.

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Un ejemplo de sintonía entre madre e hijo:

"Hay hijos hechos por un papá y una mamá y hay hijos que nacen de otra señora que no los puede cuidar. Entonces vienen otros padres y los hacen sus hijos." Y a esto su hijo le responde: "como yo".

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Las dificultades de aprendizaje y de conducta que algunos chicos adoptados presentan, muchas veces son presentados como causadas por la adopción, lo cual es una generalización que puede llevar a cometer graves errors, provocados por uno de los prejuicios de los que hablábamos al comienzo. No es la adopción la que puede causar diferentes dificultades, sino el silencio y la no elaboración de la situación de adopción. Cuando los padres eluden hablar, promueven en el niño el bloqueo y la inhibición del desarrollo intelectual. El niño evitará investigar en lo que percibe que es conflictivo para sus padres. De esta manera inhibe su curiosidad y su capacidad para preguntar; advertirá que hay algo que "no se debe saber", algo que "no debe entrar en su cabeza". Su pulsión de saber, sus ganas de aprender, de incorporar conocimientos podría ser vivida como peligrosa, por implicarle perder el amor de sus padres. Este conflicto es frecuentemente percibido por los maestros en las escuelas.

Muchas veces los padres se preguntan si es conveniente informar o no a la escuela, y en general lo hacen como cumpliendo con un deber, sin plantearse que tienen el derecho de decidir si informar o no, puesto que es parte de la privacidad de la familia. Es legítimo que se pregunten qué va a hacer la escuela con esa información.

Sería conveniente que cuando los maestros trabajan sobre la familia, o construyen el árbol genealógico, incluyan la alternativa de la familia adoptiva. Así como hay familias en las que el padre y la madre hacen a los hijos, existen otras familias en las que los padres decidieron ir a buscar al niño para hacerlo su hijo.

Una de las formas de empezar a ejercitar a los chicos en la aceptación de la diversidad podría consistir en plantear que ambas familias son igualmente legítimas. Si desde la escuela se actúa preventivamente, se puede estar aliviando los sentimientos de exclusión o de discriminación.

Retomando lo central de este trabajo: La decisión de informar, de elaborar un relato propio puede llevar su tiempo, el tiempo interno de cada uno de los padres para ponerse de acuerdo sobre su conveniencia y encontrar las palabras y el momento propicio. El niño también va a construirse su propio relato, a partir de lo que pueda escuchar del relato de sus padres, que será aquel que hayan podido construir para sí mismos y de lo que él haya recreado imaginariamente.

La información que se brinda al hijo sobre sus orígenes con mayor o menor cantidad de datos de acuerdo con los elementos que los padres posean y consideren adecuado trasmitir, permitirá al hijo la interrogación y el ensayo de diferentes versiones de un relato que construirá, deconstruirá y reconstruirá una identidad en las distintas etapas de su vida.
REFERENCIAS

1- Actas del seminario "La adopción desde un enfoque de Derecho" dictado por la Lic. Eva Giberti. Realizado en el Palacio Legislativo los días 6 y 7 de abril de 2006.
2- Dolto,F. "Seminario de psicoanálisis de niños" Ed. siglo XXI, 1986, cap. 2.
3- Gáspari, R.; Rajnerman,G.; Santos, G. Estructura y acontecimiento. La pregunta por el origen en la familia adoptiva". En Revista de psicología y psicoterapia de grupo. B.A., tomo 17, nº 2, noviembre 1994.
4- Giberti, E. "La adopción"; B. A., Ed. Sudamericana, 1998.
5- Giberti, E.; Blumberg, S.; de Renzi, C.; Gelman, B.; Lipski, G. "Adoptar hoy" B.A., Ed. Paidós 1999.
6- Hughes, M.; Puga, S. "El deseo de maternidad en la madre adoptiva" trabajo presentado en el 3er encuentro internacional y 13º Congreso latinoamericano de FLAPIA, ocubre 2001
7- Prego, L. E. "Adopción y abandono. Las razones latentes", entrevista publicada en Brecha el 7 de octubre de 1988.
8- Prego, L. E.; Montano G. "Reflexiones sobre adopción", trabajo presentado en el 3er encuentro internacional y 13º Congreso latinoamericano de FLAPIA. Octubre 2001.
9- Rotemberg, E. "Adopción: el nido anhelado" B.A., Ed. Lugar, 2001
10- Rozenblum, Sara "Adoptar", Ed. Kargieman B.A. 1990
11- Kancyper, l. "La memoria del rencor y la memoria del dolor", Revista Asociación escuela para graduados Nº 26, 2000.
12- Winnicott, D. W. "Dos niños adoptados" en "Acerca de los niños, B.A., Ed. Paidós, 1998.
13- Winnicott, D.W. "El niño deprivado y cómo compensarlo por la pérdida de una vida familiar" en "Deprivación y delincuencia", B.A., Biblioteca de Psicología profunda, Ed. Paidós, 1991.
Cariños!
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