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El relato, o cómo contarles su historia
#36
Sabina
Escrito el: 11 - Septiembre - 2007 a las 19:12

Una historia de adopción
Tal vez la película no sea de las mejores según los críticos de Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos.. Tampoco resultó fascinante para todos los niños, pero seguramente lo fue para muchos.

He aquí un breve resumen de la historia, aquella que a mí me interesa destacar: Ted, el protagonista, exitoso odontólogo en La Florida, recibe la noticia de un testamento. Ante su desconcierto, la madre- el padre no está presente- revela la verdad y explica "Siempre hemos querido decírtelo, pero... Eres adoptado". La madre biológica, Lucy, había muerto y dejaba a su hijo una herencia.Ted emprende un viaje hacia esas lejanas tierras dónde había vivido y fallecido Lucy.


De las palmeras y el mar de Miami a la nieve y los esquimales de Alaska, todo un desafío que el protagonista enfrenta con Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos. y persistencia.Una joven lugareña le habla del mundo de Lucy, pero había jurado no decir nada sobre el padre. Sin embargo Ted, obstinado en conocer su historia, consigue averiguarlo.El encuentro con el padre parece, al principio de lo más frustrante: el hombre reconoce haber pasado una noche con esa mujer- Lucy- sin jamás volver a verla.De regreso a la Florida, la madre adoptiva observa la foto de Lucy y encuentra que ella y el hijo son muy parecidos. El portarretratos cae, se rompe y deja al descubierto otra foto escondida: una que muestra a los padres biológicos con su bebe. ¿Entonces no había sido una sola noche? Deduce Ted.

Ni el Enlaces habilitados sólo para miembros. Regístrate o Inicia Sesión para verlos. inhóspito de Alaska ni la insistencia del padre en no querer hablar del pasado pudieron impedir el encuentro del hijo con la verdad. La madre adoptiva acompaña al hijo en este segundo viaje y al encontrarse con la amiga de Ted, le confiesa porqué había callado "Temíamos que nos dejara de amar"

Un acto heroico que realiza el hijo salva la vida al padre "Han hecho un buen trabajo contigo..." dice, y decide por fin romper el silencio "... Amaba a esa mujer... éramos espíritus libres... no me hallaba preparado para ser padre... queríamos algo más para ti". El final es feliz como en todas las películas de Disney, pero no es eso lo importante. Lo que a mi juicio tiene un gran valor es la manera en que se trata el tema de la verdad, o las verdades, en este caso en torno a la adopción:

1. La primera verdad: "Eres adoptado"
2. La dificultad para comunicar esa verdad: "Siempre hemos querido decírtelo, pero..."
3. La causa de esa dificultad: "Temíamos que nos dejara de amar"
4. El amor del cual el hijo es el fruto: "Yo amaba a esa mujer..."
5. La imposibilidad afectiva de los padres biológicos de criar al hijo: "No me hallaba preparado para ser padre... Queríamos algo más para ti..."
6. La gratitud hacia los padres adoptivos "Han hecho un buen trabajo contigo..."
7. El reconocimiento y la aceptación del origen del niño adoptado "Son muy parecidos..."

Estos siete puntos deberían estar siempre presentes en la conversación con el niño adoptivo, aunque no viaje a Alaska para conocer a sus padres biológicos, a menudo basta con reconocerlos e imaginar la gratitud recíproca de unos padres hacia otros
Bendiciones!

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#37
Toyita
Escrito el: 27 - Septiembre - 2007 a las 12:42

Hola Chicas.... quiero compartir con ustedes algo que me llegó al leerlo y tiene que ver con decir...." siempre la verdad ", además me sentí identificada con la mujer que quedó embarazada y al contarle a su pareja " desapareció de su vida "...ya que es en resumen la historia de nuestro hijo..antes de que llegara a nuestras vidas..[Imagen: smiley19.gif]

Cuentos : " No Decir "
Texto : Andrea Maturana
Editorial : Alfaguara

Afuera y en ropa interior

La muchacha no acostumbra andar en ropa interior. Menos aún en estos últimos meses. Siempre ha sido más bien pudorosa, a pesar de que en su casa no hay nadie que pueda verla. Sólo su madre, que muchas veces ni siquiera está. De todas formas su cuerpo siempre le ha resultado incómodo; y ahora, encima de todo, se le ha transformado en algo totalmente extraño.

Pero hoy la posibilidad de andar semidesnuda se le figura un alivio, una oportunidad. Ha esperado que la madre salga y ha aprovechado que en la universidad había una actividad extraprogramática para quedarse en casa, levantarse más tarde, sacarse la camisa de dormir, luego la faja que se había puesto temprano para desayunar junto a su madre, y mirarse al espejo.

No se reconoce. Ni en las peores comilonas llegó a tener la panza que su reflejo le revela implacable. Ahora mismo, cuando recién se ha sacado la faja, parece que su vientre se vengara de ella exagerando su tamaño. Imagina que la pequeña criatura, acostumbrada a arrellanarse en un rincón, así lo piensa, un rincón de su redondo interior, se despereza finalmente aliviada y a sus anchas, reconociendo este nuevo espacio que ella ha decidido darle. No es nada usual que se saque la faja de día, y probablemente el bebé ya sabe que sólo de noche puede moverse con libertad.

Se mira de frente. De lado. Se toca, siente los movimientos dentro suyo, como aleteos de mariposa. Algo muy leve. Tiene miedo y al mismo tiempo esa sensación, la de andar acompañada siempre, le resulta conmovedora.

Y así, en ropa interior, cruza el pasillo del departamento, sale a la logia, prende el calefón y, cuando está ya volteando para volver a entrar, una ráfaga de viento helado le desordena el pelo y, en un abrir y cerrar de ojos, el mismo viento empuja la puerta de la logia y la cierra de un portazo.

La muchacha no puede creerlo. La puerta de mier*a. De todas las veces que imaginó que esta puerta, pésimamente concebida, sin forma alguna de ser abierta desde el exterior, pudiera cerrarse dejándola afuera, encerrada afuera, ésta es la peor de todas. Está sola (quien sabe por cuántas horas), está en ropa interior, hace frío, y está embarazada (y nadie lo sabe aún).

Por un momento no puede aceptarlo. Hasta intenta, con un absurdo ejercicio mental, retroceder el tiempo tan sólo un poco, si todo pasó hace apenas un par de segundos, no costaría nada rebobinarlos y hacer las cosas de otra forma, poner un taco para sostener la puerta abierta, por último tardarse dos segundos menos y volver a entrar a la casa antes de que la breve ráfaga de viento desordene su pelo y luego cierre la puerta de golpe. Le parece curioso cómo su cabeza juega con esta posibilidad: la de retroceder el tiempo. Lo mismo le pasó cuando, en el baño, comenzó a ver la delgada línea que indicaba su embarazo en el test casero. Pensó que no costaría nada echar el tiempo atrás apenas un poco y hacerlo de nuevo, pero que esta vez la línea no apareciera. O un poco más y no haberse acostado precisamente esa noche con ese muchacho. Luego la realidad la golpeó en la cara como una cachetada. El embarazo era, era total, irreversible, aquella línea que se formaba era tan indeleble como el cambio que significaría en su vida. Tan irreversible la creación de la vida como la muerte, pensó entonces, y ese pensamiento le pareció extraño, como si fuera en el fondo lo mismo, no hubiera muerte sin creación de la vida, y la única manera de revertir la creación de la vida fuera dar muerte. Esta irreversibilidad, aplicada a la muerte, le había parecido siempre atroz. Si hubiera sido un poco menos irreversible, ella podría haber conocido a su padre, que se había accidentado antes de su nacimiento sin dejar siquiera fotos, cartas, nada. Respecto de la vida, esa irreversibilidad adquiría otros matices. Seguía siendo implacable, misteriosa, pero esta vez con un dejo de interrogante, de sentirse tocada por la mano de algún ser superior y sabio, como si ese alguien la hubiera elegido para crear, y así como esa nueva vida dentro de ella la aterraba (mal que mal no era la mejor de las circunstancias, ella era demasiado joven, estaba estudiando, su madre se iba a enfurecer por su irresponsabilidad y el muchacho no le había durado ni siquiera lo suficiente como para informarle del resultado del test de embarazo), la hacía también sonreír en silencio cuando estaba sola y sentía los aleteos de mariposa. En cierta medida, pensaba, la irreversibilidad de la muerte era reparada por la irreversibilidad de la vida; la ausencia de su padre parecía menos definitiva ante la eventualidad de la presencia de un hijo.

Su lucha contra la puerta no ha dado ningún resultado. Ha tratado de forzarla de todos los modos posibles. Se ha sacado una horquilla del pelo y ha intentado meterla por la cerradura, incluso ha golpeado la puerta lanzándose contra ella de lado, como en las películas, y ya comienza a dolerle el brazo con que la golpeó. Apenas se toca con un dedo siente asomar la promesa de un moretón enorme. Ha considerado la opción de romper la ventana con algún objeto pesado, pero la ventana es alta y ella no podría entrar por ahí, menos en su estado. El aire matinal comienza a ponerle la piel de gallina, y mira a su alrededor en busca de algo para cubrirse. Por un segundo maldice la manía de su madre de ordenar todo a tiempo, su pulcritud algo neurótica; si no fuera por eso, más de alguna prenda seca quedaría colgada en el balcón. Pero nada. Ya entró, planchó y dobló todo. Lo único que parece posible usar es el protector de la lavadora, un forro semiplástico, no muy acogedor, pero que con el frío que tiene de todas formas puede ser. Por otro lado, estar de pie la expone al aire fresco y decide sentarse. De modo que se cubre con el protector y se sienta, apoyada en el bajo muro del balcón, ya casi resignada a tener que ver pasar las horas sin modo alguno de resolver nada.

Así como está, sentada, en ropa interior, afuera, con frío, sola, cubierta apenas con el protector plástico de la lavadora, se siente de pronto enormemente indefensa. Distinto sería si ya hubiera podido compartir con alguien lo de su embarazo. En ese caso estaría esperando sola en el balcón de todas formas, pero no sería tan aterrador pensar que en la tarde, cuando su madre llegue finalmente y ella pueda golpear la puerta para que se la abra, no sólo tendrá que consolarla por todas las horas que ha pasado afuera, sino que se verá obligada a enfrentar lo que ella ha tratado de ocultarle todos estos meses y que resulta a estas alturas tan evidente. Ya ni siquiera sabe por qué no se lo ha dicho. Tal vez porque su madre ha sido siempre tan perfecta, todo controlado en su vida, a pesar de haber tenido que criarla sola, de no haber alcanzado a casarse con su padre, de no tener a nadie que la ayudara. Se ha esforzado y ha trabajado y ha sacado adelante su hogar sin haber ni siquiera podido formar una pareja de nuevo. En el fondo ha priorizado su maternidad por sobre todo lo demás, y ahora la muchacha teme defraudarla: se ha quedado embarazada por un descuido, por una irresponsabilidad, por no haber sido más firme en que el novio se pusiera un preservativo (también tuvo miedo de las otras consecuencias que eso podía traerle, y le temblaron las piernas al ir a buscar los resultados del examen de sangre, pero todo estaba bien), por esa fantasía de que nada nunca podría pasarle. Ella, en el fondo, también ha querido ser la hija ejemplar, no darle dolores de cabeza, rendir en los estudios, ser una profesional y responder a sus cuidados. No es que crea que la madre la va a odiar, ni que la va a echar de la casa; ella tiene grabado con sangre su amor incondicional. Pero la pone triste haber fallado.

Comienza a llorar levemente. Es curioso. Sabe que su encierro terminará, que sólo debe pasar el tiempo, pero le parece una condena eterna, y muy profundamente alberga un cierto temor a que no acabe nunca, a que nadie llegue a abrir la maldita puerta. Se agolpan en su mente escenas terroríficas: un accidente de auto de su madre, ella intentando descolgarse desesperada por el balcón, deshidratándose, muriendo de hambre, hasta pariendo sola afuera, sin salida. Hambre. Ha comenzado a darle hambre y el pequeño parece notarlo porque se mueve muchísimo, como si reclamara por la falta de comida. En el par de horas que han pasado, el sol se ha elevado y ahora le da implacable sobre el cráneo. Se ha sacado el protector de la lavadora pero teme insolarse. En esta ciudad del demonio puedes morir de frío en las mañanas y de calor en las tardes. Intenta cubrirse sólo la cabeza con el plástico, pero el calor es insoportable. Mira a su alrededor por si hay algún rincón de la terraza a resguardo del sol. El pequeño techo sobre la lavadora aún proyecta un pedazo de sombra sobre el suelo, de modo que se sienta ahí, acurrucada.

Al principio quiso, o cree que quiso, deshacerse de la criatura. Leyó por ahí que el agua de manzanilla era abortiva, y tomaba litros a toda hora. Subía y bajaba corriendo las largas escaleras de la facultad; hacía enormes esfuerzos físicos. Hasta pensó en dejarse caer por la escalera, simulando un accidente. Ahí se detuvo. Tuvo la sensación de que no podía ser casual que una criatura estuviera tan firmemente atada a su cuerpo, riéndose del agua de manzanilla y de sus intentos de eliminarla. Fue entonces que decidió quererla, a la criatura, y no le costó nada. No por una cosa de principios; simplemente había estado toda su vida tan sola. Y siempre había querido tener hijos. Tal vez no fuera el mejor momento, o la mejor manera, pero en su caso no era tan terrible, y se sentía capaz. Sólo que no se había atrevido a compartirlo aún. Por la culpa.

El pequeño espacio protegido ha desaparecido ya. El sol apunta desde lo más alto. Ha intentado tenderse a lo largo de una mínima franja de sombra que proyecta el bajo muro del balcón, poniendo el protector de la lavadora debajo de su cuerpo, pero el calor es invivible de todas formas. Ya ha cambiado varias veces de posición, pero su cuerpo deja un charco de sudor sobre el protector sin importar cuánto se mueva. El sol no la deja en paz. El brazo con el que intentó abrir la puerta ha comenzado a amoratarse. Le duele. Sabe que luego se pondrá amarillo, verde, multicolor. De pronto siente voces en el balcón de arriba y piensa que tal vez podría intentar hablar con alguien, decir que llamen a su madre y le digan que ella está ahí, encerrada afuera, pero aguza el oído y nota que las voces son masculinas, dos hombres conversando, y su pudor puede más. Teme que se asomen hacia abajo y la vean, le teme a estar tan expuesta. De modo que se acurruca ahí donde está y trata incluso de no hacer ruido, de desaparecer para todas las dimensiones de los sentidos.

Ha comenzado a tener sed. A apreciar algunas de las cosas que siempre da por sentado y que ahora no puede conseguir.

Si hay algo que lamenta, es el tema del muchacho. No porque fuera ése en particular, sino porque intuye que compartir el amor por un hijo debe ser una experiencia única. Y querría tener a alguien con quien poder hacerlo. No su madre, sino un alguien como ella. Un compañero. Un padre, el que puso la otra mitad, alguien que periódicamente se emocione al ver en su hijo signos de sí mismo, la continuidad de su propia vida. Entonces piensa en su madre; en que ella nunca tuvo eso: un espejo que le devolviera aumentado el amor por la hija, por ella, el cómplice que le indicara que todo estaba bien, que era una buena madre y estaba criando una buena hija, y le da una pena enorme. Es extraño que nunca antes haya tenido esa certeza; que sólo la experiencia de la maternidad por venir le confiera la lucidez suficiente como para intuir lo que se sentirá. Le parece que su cuerpo es otro: es sabio, es animal, es pleno.

Recién cuando el sol ha comenzado a bajar y ya ha pasado la hora de más calor, se da cuenta de que ha sido una tonta: ahí está la lavadora, la llave de agua conectada a las mangueras. Y entonces programa la lavadora y el agua empieza a salir a raudales, ignorante de todo, como si estuviera llena de ropa cuando está vacía, y ella pone sus manos y bebe abundantemente, sintiendo de inmediato el alivio propio y otro alivio, algo tonto, al pensar que tal vez el niño no tenía agua suficiente para moverse en paz, que se secaba adentro de ella y recién puede volver a estirarse. Se moja la cara y los brazos y el pelo y de pronto todo le parece enormemente hermoso. No le sucede muy a menudo, pero aún así tiene el registro interno de haber tenido esa sensación otras veces: como si de un momento a otro, sin razón aparente, su mente se liberara de todo verbo y pudiera ver a cabalidad la belleza circundante, que por cierto siempre ha estado allí. Entonces, aliviada la sed y el calor, observa el sol anaranjarse, y siente la brisa fresca sobre la piel recién mojada, y una enorme emoción la lleva al borde de las lágrimas. No le importa ya el sonido de las micros allá abajo, ni el aspecto sucio del aire; ni siquiera le importa estar encerrada afuera. Le importa ser capaz de oír, ser capaz de oler, de ver. Le importa simplemente la fortuna de estar, de percibir la hermosura a su alrededor.

Es justamente en ese momento, cuando el frescor comienza a ponerle la piel de gallina pero ya no le importa, que ve la luz encenderse en la cocina.

Su madre no sabe que está ahí afuera. Pensará que sigue en la facultad, a pesar de que ha oído su teléfono celular sonando adentro un par de veces y tal vez haya sido su madre intentando ubicarla y ahora esté preocupada. Lo oye sonar otra vez. Quizás ha vuelto a intentar llamarla desde adentro de la casa y se estará preguntando por qué habrá salido dejando olvidado su celular.

Respira un par de bocanadas largas de aire fresco y siente el temor arrellanarse en su vientre. El temor a ser juzgada, a la perfección neurótica de su madre, o simplemente a no saber qué sucederá. Se ha fabricado ya tantas escenas posibles de lo que la madre podría decirle, que está totalmente confundida y, además, segura de que no sucederá nada de lo que ha imaginado sino otra cosa totalmente distinta.
Entonces golpea la puerta de la logia.
Siente a la madre agitarse adentro, probablemente temerosa; no es esperable que alguien golpee desde afuera. La oye acercarse a la puerta conteniendo la respiración.
-Mamá -dice-. Soy yo. Me quedé encerrada afuera.
Entonces oye el sonido del picaporte y el nudo en el estómago se aprieta y ya oscurece un poco y se siente enormemente cansada.
Aparece la madre, le pregunta una cosa tras otra, la ve frágil, la abraza, la siente fría, la entra, la sienta en el sofá, le ofrece hacerle un té, ella acepta, y luego la madre va en busca de una manta y al llegar, antes de ponérsela, recién entonces la ve. Ve su cuerpo, su vientre, su embarazo.
Entonces la muchacha llora y le cuenta todo. Le cuenta del novio que ya no lo es, de su irresponsabilidad, de su miedo, y de lo imperfecta que se siente.
La madre no habla.
Se sienta a su lado.
La abraza.
Espera a que termine de llorar, y ve que está agotada.
Entonces, cuando está a punto de dormirse la muchacha, le susurra en el oído.
-Tu padre no murió. Tu padre supo de mi embarazo y nunca más volví a verlo.
La muchacha alcanza a agitarse, tiene pena y rabia por lo que no ha sabido en tantos años, y ganas de preguntar muchas cosas, pero se siente tan cansada que deja que éstas recorran su cuerpo sin oponer ninguna resistencia, que se conviertan en parte de ella.
Cuando la realidad ya se le confunde con el sueño, se le cruza un pensamiento: tal vez si hubiera conocido la verdad, no habría repetido la historia. Una historia que, absurdamente, repitió sin siquiera conocer. Pero desde su silencio temeroso de todos esos meses, también comprende a la madre, y se siente acompañada porque no es perfecta. Y el hombro de su madre se le figura ahora tanto más acogedor, tanto más tibio, que no siente ninguna urgencia por preguntar; sabe que al otro día podrá hablar con ella.
Y así se duerme. Plácida. Acompañada. Vencida por el agotamiento de haber estado encerrada por tanto tiempo y tan sola. Y, para colmo de males, encerrada afuera.
Bendiciones!

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#38
KUKY
Escrito el: 08 - Agosto - 2007 a las 22:28


yo encontre un par de cartas de la vision de dos niños que fueron adoptados, las voy a agregar aca para que las lean.

Un niño adoptado
Arminda Aberastury

Me llamo Martín, tengo siete años y estoy preocupado
.
 La maestra me puso muy bien en el dibujo del cuaderno, pero también puso una nota para que papá y mamá fueran a hablar con ella. No será para retarme, porque dice "muy bien felicitado".

 Pinté unas naranjas en un árbol de pino, y cuando la maestra me dijo que el pino no tiene naranjas le contesté "se las puse prestadas".
 Estoy seguro que es por eso, porque puse naranjas en un pino.

 Papá y mamá tienen un negocio de juguetería, está pegado a la casa, pero a esta hora es cuando hay más trabajo, y estoy solo en mi cuarto porque sé que no debo molestarlos. Por eso juego solo y me hago preguntas que a veces me contesto y a veces no sé cómo contestaras. Casi siempre son las mismas, pero muy pocas veces me animo a preguntarles a papá y mamá. ¿Un avión azul es el hijo de un avión azul? ¿Un avión rojo, es el hijo de un avión rojo? ¿O un avión es el hijo cuando tiene un piolín para arrastrarlo? Recuerdo una conversación que tuve con un compañero de banco, también a mí me preocupa saber de dónde vienen los chicos, y lo hablé con José, con Enrique y también con Santiago, aunque Santiago es un poco menor.
 Santiago piensa que todos los hijos son iguales a sus padres, pero Gustavo dice que puede a veces no ser así. Por ejemplo, él tiene un amigo que se llama Marcelo y es muy rubio, y los padres no son rubios. A mí también me preocupa saber porqué José tiene diez hermanos y en cambio yo soy único.
 Cuando les pregunté a mis padres, una tarde, si tendría un hermano me contestaron cualquier cosa, cualquier pavada, como si con eso me taparan la boca.

 Estoy cansado de preguntar, pero quiero saber, y tendré que animarme un día y preguntar en serio.

 Busqué en el diccionario que quería decir "hijo" y también que quería "madre". De hijo decía: "Persona o animal respecto de su madre o de su padre". Cerré enojado el libro; sabía menos que antes. Sin embargo, me dije, tengo que saber.   Busqué "madre" y quedé más desconcertado todavía. Decía "Hembra que ha parido", "Hembra respecto de su hijo o hija" .

 Al día siguiente, en el colegio, un chico me dijo que era una hembra, pero no sabía qué era "parido". Tendré que preguntárselo a mi padre. Yo no quise buscar que quería decir "padre" porque tuve miedo.

 Tendría que haber diccionarios escritos para chicos, porque este diccionario es para las personas grandes que ya saben.

 Un día, cuando era más chico, escuché una discusión entre mis padres. Uno de ellos decía - no recuerdo cuál de los dos era- "cuando sea grande se lo diremos, ahora no lo puede comprender". Recuerdo que entré en el cuarto y pregunté qué era eso y porqué no me lo decían ahora, y también me contestaron una pavada.

 Muchas veces he pensado que no son mis padres, que si fueran verdaderamente mis padres me comprenderían. Sin embargo Marcelo también dice que sus padres no le contestan a las preguntas, y Enrique se acordó que un día preguntó de que había muerto su hermano y le hicieron callar. Entonces, no son mis padres los único que no contestan a las preguntas.

 Muchas veces los miro y siento algo muy raro, los quiero mucho, me entienden en muchas cosas y yo también los entiendo, ¿acaso no sé cómo se debe hablarles, esos días en que todo se vuelve contra mí?. Pero también José me dijo que a veces hay día en que sus padres están insoportables, entonces no son sólo mis padres.

 Pero lo que yo siento es distinto, no es que no me entiendan o no me quieran. Me regalan cosas, me llevan a todas partes. Pero no, es algo muy especial y terriblemente difícil de decir.

 A veces miro a mi padre y veo como si otro padre estuviera detrás de él o al lado de él, no es algo que yo puede describir, pero está allí, cuando lo miro.

 A veces cuando yo era chico, casi esperaba que el otro apareciera de repente y fuera verdad que era otro padre y me dijera "yo también soy tu padre". Me hubiera parecido natural.

 Un poco diferente, pero un poco parecido me pasaba con mamá, con ella, es sobre con la voz. Cuando era chico y la escuchaba, me parecía que su voz había sido otra alguna vez, más linda, más fuerte, no sabía si era más linda esa voz o si me gustaba más, pero si estaba seguro que era otra. A veces, ahora, cuando mamá me llama, siento la otra voz pegada a la de mamá y cuando voy a verla me parece raro que sea una sola persona.
 Estos pensamientos, me asustan, pero por suerte me vienen a veces, no me pasa siempre.

 Muchas veces de noche le pido a mamá que se quede junto a mí hasta que esté dormido, tengo miedo que alguien entre y me lleve.
 Otras veces pienso en ladrones. Con Carlos y con Marcos hablamos muchas veces de ladrones. En la casa de ellos entraron y se robaron las cosas de los grandes, no sacaron nada del cuarto de los chicos y esto que tenían cosas importantes: una colección de bolitas y el cuaderno de estampillas del hermano mayor. Pero no era eso lo que yo quería decir; quiero explicar lo que a veces me pasa de noche, y a veces de día también. De golpe me parace que me equivoqué de casa, alguien llega y me dice que ésta no es mi casa sino otra. Pero esto dura muy poco por suerte, porque enseguida me doy cuenta que sé muy bien que ésta es mi casa.

 Muchas veces quiero hablar de todo esto con papá y mamá, porque no sé cómo decírselos; tengo mucho miedo que me hagan callar; o me digan que son pavadas, o me contesten con una pavada.

 Pero ahora me importa mi dibujo y la nota que la maestra me puso en el cuaderno. No sé qué le dirán en el colegio a mis padres.

 A la mañana siguiente fueron a hablar con mi maestra, y ese día empezó algo así como la segunda parte de mi vida, verdaderamente la mejor parte de mi vida. Fue cuando papá y mamá me contaron toda la verdad.

 Empezaron con unos cuentos bastante tontos, me hablaron de la gata que había tenido un hijo pero que después no lo pudo criar, y que entonces otra gata que era amiga de ella lo tomó a ese gato y lo educó como si fuera el hijo, y que eso a veces pasaba también con las personas.
 De golpe me di cuenta que sabía lo que me iban a decir, todo aquello que había pensado era verdad. De todos modos, no los interrumpí, y siguieron contándome que también pasaba con otros animales, que muchas veces un mono tiene un monito y la mamá se muere cuando nace el mono y lo cuida otra mamá, pero es como la verdadera mamá, y ese monito quiere mucho a su segunda mamá, y la mamá lo quiere mucho como si fuera su hijo.
 ¿Y no es su hijo? Les pregunté. Mamá dijo "sí", sí es su hijo, pero es un hijo distinto, es un hijo que no ha estado adentro de la mamá. Es un hijo, pero es un hijo... "¿Es un hijo qué?"

 "Es un hijo adoptado" me dijo mamá. Yo estaba seguro que yo era un hijo adoptado, pero quería que ellos me lo dijeran.

  Mamá se enredó, papá la ayudó, y al final me dijeron "vos sos nuestro hijo, pero nuestro hijo adoptivo". Sentí un gran alivio porque entonces todas esas dudas que yo tenía eran verdad, entonces había una voz que yo escuché antes que la voz de mi mamá, y entonces tengo dos papás. No les conteste nada, pero creo que ellos se dieron cuenta que estaba contento; estaba contento de ellos y de mí.

 Pensé que si ellos no habían podido tener un hijo, como mamá me explicó, así entrecortado, y que papá tenía tantas ganas de tener un hijo, y que ellos no habían podido tenerlo, y que esas cosas pasaban con las personas y a veces con los animales, que querían tener hijos y no podían tener hijos, entonces si yo soy el hijo, yo les hice un regalo, ahora tienen un hijo.

 Les pregunté ¿y ustedes conocieron a mi mamá? ¿Y mi mamá por qué no me pudo tener? Y mi papá ¿ustedes conocieron a mi papá?

 Me dijeron que no, que hay una persona que se ocupa de esas cosas, a la que se le puede pedir... No sé, no entendí muy bien, pero algo así como que cuando se quiere adoptar un chico hay personas que saben cuando hay un chico que la mamá no lo quiso tener; o lo tuvo y que después... no sé, no quiere darle de comer; o no puede vestirlo, o no lo quiere mandar al colegio, o no le podía comprar juguetes, o no lo quería tener en la casa, y que entonces, cuando esa persona sabe que hay un chico que nació y que pasa eso, entonces se junta con la otra persona, que es la persona que quiere tener un chico y... y entonces se lo dan. Pero primero averiguan si esos padres van a ser buenos con el chico; y la verdad es que ellos son muy buenos conmigo, que averiguaron bien, porque ellos son muy buenos.

 ¿Pero por qué estoy un poco triste? Pero no quiero mostrarles que estoy un poco triste, porque si ellos ven que estoy un poco triste se van a apenar. Pero estoy un poco triste, mejor les digo que estoy un poco triste.

  Entonces mi mamá me dijo que era natural que estuviera un poco triste, por que toda esa historia era un poco triste. Pero era también un poco alegre, porque al final era una historia feliz.

 Eran unos padres que no tenían un hijo, y ahora lo tienen, y era un hijo que no tenía padres que lo cuiden y ahora tiene padres.

  Creo que eso es la adopción, como naranjas para un pino.


Revista Argentina de Psicología n°27

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la otra es esta, agrego el link para que no sea tan largo el post.[Imagen: smiley2.gif]

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#39
¿Qué es ser adoptado?.

Es ser un hijo igual que los demás pero con una historia que empieza antes de encontrarse con su mama y su papa.
Cariños!
Responder
#40
Copio del link que dejó la Kuky


[COLOR="Blue"]Esa tarde mi mamá me contó por primera vez la historia de mi adopción.
[/COLOR]

Yo hice muchas preguntas. Hice muchas preguntas porque quería entender.

Y al final entendí. Mi mamá dice que hay cosas que uno va entendiendo de a poquito.
El que no termina de entender las cosas es Felipe. Felipe se pasa el tiempo haciendo preguntas. Y pregunta, y pregunta... Y yo le explico. Pero le cuesta entender.

Alejandro también pregunta a veces, pero Alejandro es mi mejor amigo. Felipe es mi segundo mejor amigo. Podría ser el primero si no hiciera tantas preguntas.

-¿Cómo es ser adoptado?- Me pregunta.

Esa, por ejemplo, es una pregunta tonta. Ser adoptado es ser un hijo, igual que él. Con un papá y una mamá, igual que él. Solamente que los hijos adoptados tenemos además una historia vieja, como dice mi mamá, una historia que viene de antes.

Eso nos pasa a todos los que somos adoptados. Como Alicia, que vive a la vuelta de mi casa y que es adoptada, como yo. Y a un montón de chicos más. Porque hay un montón de chicos adoptados en el mundo.

Dice mi papá que seguro que en la escuela hay unos cuantos. Sólo que nosotros no sabemos que son adoptados porque ellos no se lo andan contando a todo el mundo; se lo cuentan a sus mejores amigos nada más, o capaz que no cuentan nada porque no tienen ganas de contar.

- Pero vos ¿Naciste de panza o no naciste de panza? - sigue preguntando Felipe.

Eso es lo malo de Felipe, que hace preguntas tontas. Yo no sé si explicarle o darle una piña.

Alejandro me dice que mejor le explicamos. Alejandro siempre me ayuda a explicarle a Felipe lo que Felipe no entiende.

Así que le expliqué lo que me explican mis papás cada vez que pregunto. Espero que esta vez haya entendido. Con Felipe nunca se sabe.

Yo nací de la panza de una mujer, como todo el mundo. Sólo que, después de nacer, ella y yo nos tuvimos que separar. Eso fue lo que pasó.

Esa es mi historia vieja. Hubo una mujer que me tuvo en la panza. Y también hubo un hombre, claro, porque ningún bebé puede crecer en una panza si no hay un hombre y una mujer. Eso lo sabe cualquiera...

Esos fueron mis padres biológicos. Y esa palabra no la inventé yo, eh. Ya estaba inventada...

Acá pego un dibujo muy gracioso que hizo Alejandro de la cara que pone Felipe cuando digo yo "padres biológicos". Ya van como cinco veces que se lo explico, pero siempre que digo "biológicos", él pone cara de "bio ¿Qué?". Y yo le tengo que explicar (¡qué paciencia hay que tener con Felipe!)

Los padres biológicos son los que te hacen nacer, los de la panza.

También le mostré el dibujo que me hizo mi papá el año pasado, para ver si me entiende.
Yo de mis papás biológicos no me acuerdo. No los conozco. Nada. No tengo ni una foto.......

Lo único que sé es que se separaron de mí. Que nos tuvimos que separar.

Tampoco sé por qué nos tuvimos que separar. Mi papá y mi mamá tampoco saben.

Siempre que pienso en eso me da no sé qué... Me da como un nudo acá en el estómago. No me gusta mucho pensar en esas cosas.

En lo que me gusta pensar a mí es en esta foto. Esta es la foto más linda del mundo.

* L. Abraham de Cúneo, E: de De la Fuente, F. Riterman, S. Mandelbaum, A. Márquez, D. Felbarg.
Editado por: Libros del Quirquincho.
Cariños!
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#41
En algunos casos, los padres han optado por utilizar la metáfora de que sus hijos/as “nacieron del corazón”. Aún cuando para los jóvenes constituyó una forma de asimilar el tema, al momento de contrastarlo con sus pares (especialmente al ingreso al sistema escolar), pasó a ser un elemento perturbador para ellos y necesitaron volver a contrastarlo con sus padres.

…después capto que del corazón no puede nacer una guagua… el corazón es muy chico, no puede nacer una guagua, así que yo no nací del corazón... entonces ahí tuvimos que hablar con ella y le dijimos que había nacido de la guatita de otra señora y esa otra señora, no la pudo mantener…”

Cualquiera sea la forma de revelación, todos los jóvenes concuerdan en que están agradecidos de sus padres por haber sido honestos con ellos, manifestando que para ellos hubiese sido muy doloroso asumir esta información con mayor edad.

“...prefiero haber sabido desde chica que enterarme por papeles…”
“...no me habría gustado enterarme a la mala o por terceras personas…”
“...estoy contenta de saber porque tengo derecho a saberlo y porque así la relación con mis papás es transparente…”
“...prefiero haber sabido y que no sea un secreto ni algo especial…”
“...no le doy tanto valor al haber estado o no en la guata de mi mamá...no es una verdad que haga tanto daño como para no decirla..., estuve 6 meses de mi vida en un hospital y el resto con mi familia..., que no estuve en su guata...sí, pero ha sido mi mamá…”


Del mismo modo, los padres evalúan que fue positivo contarles a sus hijos/as desde pequeños porque los jóvenes han tenido una buena reacción ante la posibilidad de conocer su verdad. Además, han podido constatar por referencia de otros casos que cuando los jóvenes se enteran tardíamente las reacciones son muy negativas y generan crisis familiares importantes.

Los padres tienen distintas formas de abordar el tema, incluyendo más o menos detalles del momento del encuentro, de su motivación por adoptar, del estilo utilizado en el relato.

Para los jóvenes, independientemente del estilo utilizado o de la precisión de los detalles entregados por sus padres, la atmósfera emocional con que les fue entregada la información es lo que reportan al momento de recordar cómo fueron informados de su adopción.

El niño/a mas que entender lo que se dice, es decir el contenido, capta lo que sienten los padres al momento de decirle su condición de adoptado/a. Por ello es de suma importancia la actitud que tengan los padres respecto al proceso de revelación, puesto que esta influirá en la forma que transmitirán esta información y en la forma en que el niño/a recepcione lo que se le esta transmitiendo. (Santa Maria, 1991).


En: Estudio de seguimiento en jóvenes adoptados en edad temprana Pag. 209
Cariños!
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#42
El derecho a conocer los orígenes

Para poderse sentirse seguros y a gusto consigo mismos, los adoptados necesitan entender y asimilar su historia.

BEATRIZ SAN ROMÁN


La adopción

Todavía hay algunas personas que creen que, si se sienten queridos, los adoptados no necesitarán saber de sus orígenes. Sin embargo, el deseo de saber no tiene nada que ver con el cariño ni con la fortaleza de la relación entre padres e hijos.

Aunque no tengan recuerdos, es lógico y natural que sientan curiosidad sobre lo que ocurrió en su pasado. Preguntas como "¿de dónde vengo?", "¿a quién me parezco?", "¿por qué mis padres biológicos me dieron en adopción?", "¿tendré más hermanos?", "¿qué habrá sido de ellos?" o "¿qué sucedió?" son normales y sanas. Sus orígenes son parte de lo que son y, a medida que crecen y aumenta su capacidad de comprender, necesitan entender con mayor profundidad esa primera etapa de su vida.

El deseo de conocer se manifiesta en los niños desde pequeños, y adquiere una gran importancia en la adolescencia y la edad adulta . Para construir una sana imagen de sí mismos, necesitan entender y asimilar su historia. Como todos, necesitan poder construir un relato de su propia biografía que no se asiente sobre una montaña de interrogantes
Cariños!
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#43
¿Hijos del corazón?

Entre los tres y los cinco años, muchos niños preguntan "mamá, ¿yo estuve en tu barriga?".

B.S.R.



Se dice con frecuencia que los adoptados son "hijos del corazón", porque sus padres los quieren con toda su alma aunque no los engendraran. Sin embargo, cuando se trata de explicar a los niños cómo llegaron a nuestra familia, esta expresión da lugar a malentendidos y provoca confusión.

Cuando Abril le preguntó a su mamá si había estado en su barriga, ésta le respondió: "No, cariño, tu eres hija de mi corazón, no de mi barriga". La pequeña pareció quedarse satisfecha con la respuesta, pero unos meses después volvió sobre el tema y, con esa lógica aplastante que tienen los niños, interrogó de nuevo a su madre: "¿Y por dónde salí del corazón?".

A partir de los tres años, la mente de los niños avanza a pasos agigantados y disfrutan entendiendo cómo funciona el mundo. Entre los tres y los cinco años, es muy posible que te sorprendan con preguntas muy concretas sobre una gran variedad de temas. Los bebés y las barrigas son uno de ellos. En su imparable carrera por entender la realidad, es normal que sus cabecitas traten de relacionar lo que aprenden con su persona.

Cuando un niño pregunta si estuvo en la tripa de mamá, nos está dando una excelente oportunidad de empezar a explicarle su historia, y también de demostrarle que estamos abiertos a sus preguntas también sobre este tema.

Lo mejor a esta edad son las respuestas sencillas y concretas. Todavía no están preparados para asimilar detalles complejos sobre las razones por las que fueron adoptados, pero sí pueden empezar a colocar los cimientos de su historia de una forma natural. "Antes de nacer, estuviste en la barriga de otra mujer, tu madre de nacimiento" es una buena manera de empezar.

No tengas miedo de que tu hijo se confunda. A esta edad, su mente es todavía muy concreta. Saber que antes de nacer estuvo en la barriga de otra mujer no hace que desconfíe de la relación con su mamá, la mamá que le cuida y le quiere todos los días.
Cariños!
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#44
Chicas, hace un tiempo, viendo Superman con Adolfo, justo cuando él y sus papás de la tierra se encuentran, le comenté que a él también lo adoptaron, viste?
Desde entonces, con mucha frecuencia, me pide que le hable de la mamá de superman... yo le pregunto qué quiere saber? y me dice, lo que tú quieras... entonces, yo le hablo de mí, de mis sentimientos antes de encontrarnos, de lo feliz que soy de ser su mamá... pero aunque suene loco, creo que es hasta bueno que tenga como ejemplo de adopción la de un superheroe... o sea, si alguna vez alguien le dice una pesadez, él va a poder decir: para que sepas, a superman también lo adoptaron!!! o sea... qué mejor?
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#45
Concuerdo plenamente con lo ultimo que dice Lorena....nosotros utilizamos la historia de Tarzan... que tambien fue adoptado por la mamá Gorila....esa historia me encanta...Confusedmiley9:
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#46
¿Hijos del corazón?

Entre los tres y los cinco años, muchos niños preguntan "mamá, ¿yo estuve en tu barriga?".

Se dice con frecuencia que los adoptados son "hijos del corazón", porque sus padres los quieren con toda su alma aunque no los engendraran. Sin embargo, cuando se trata de explicar a los niños cómo llegaron a nuestra familia, esta expresión da lugar a malentendidos y provoca confusión.

Cuando Abril le preguntó a su mamá si había estado en su barriga, ésta le respondió: "No, cariño, tu eres hija de mi corazón, no de mi barriga". La pequeña pareció quedarse satisfecha con la respuesta, pero unos meses después volvió sobre el tema y, con esa lógica aplastante que tienen los niños, interrogó de nuevo a su madre: "¿Y por dónde salí del corazón?".

A partir de los tres años, la mente de los niños avanza a pasos agigantados y disfrutan entendiendo cómo funciona el mundo. Entre los tres y los cinco años, es muy posible que te sorprendan con preguntas muy concretas sobre una gran variedad de temas. Los bebés y las barrigas son uno de ellos. En su imparable carrera por entender la realidad, es normal que sus cabecitas traten de relacionar lo que aprenden con su persona.

Cuando un niño pregunta si estuvo en la tripa de mamá, nos está dando una excelente oportunidad de empezar a explicarle su historia, y también de demostrarle que estamos abiertos a sus preguntas también sobre este tema.

Lo mejor a esta edad son las respuestas sencillas y concretas. Todavía no están preparados para asimilar detalles complejos sobre las razones por las que fueron adoptados, pero sí pueden empezar a colocar los cimientos de su historia de una forma natural. "Antes de nacer, estuviste en la barriga de otra mujer, tu madre de nacimiento" es una buena manera de empezar.

No tengas miedo de que tu hijo se confunda. A esta edad, su mente es todavía muy concreta. Saber que antes de nacer estuvo en la barriga de otra mujer no hace que desconfíe de la relación con su mamá, la mamá que le cuida y le quiere todos los días.


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#47
Miren que interesantelo que encontré en otro foro:


Bueno, "a veces madres hay más de una".. . :o)

Todavía no hemos hablado nada de qué le diremos pero creo que lo mejor es decirle que hay personas que no pueden o no saben ser mamás o papás, recuerdo mi sobrina, me lo preguntó unos días antes que nos llamaran para decirnos que ya eramos madres de un niño, pero eso todavía no lo sabíamos, fue hace casi un año, estábamos en la vía verde de Tarragona y visítabamos un museo, mirábamos cuadros preciosos, y mi sobrina me preguntó por qué Dolors y yo íbamos a ser mamás y por qué si el niño o la niña ya tenía una, y le expliqué, "Ves estos cuadros?, a que son bonitos?, ella me dijo que sí, pues a mi me encantaría pintar así, y puedo ir a comprar lienzos y pinturas y puedo ponerme delante de un paisaje y pintarlo, pero me saldrá un churro ( recuerdo que se puso a reir con la palabra churro) y me saldrá fatal porque no soy pintora, no tengo ese don, pues es lo mismo con ser mamá o papá, puedes tener un hijo pero no tener el don para ser su padre o su madre, y a veces quieres pero no sabes, no puedes, y otras veces no quieres y lo tienes, y muchas personas son capaces de decir "yo no tengo el don" y otras no saben decirlo...."

Y entendió algo fuera de muchas veces toda lógica.

No sé cómo se lo explicaré a mi hijo cuando hable y entienda y pregunte, lo único que me preocupa es que no entienda que todos nacemos y venimos a esta mundo por miles de circunstancias y casualidades que nos hacen venir de una manera y no de otra, y ser de una manera y no de otra, y cada uno de nosotros es único e irrepetible, y él lo es, único e irrepetible, y yo bendigo cada circunstancia que lo hizo a él ser y nacer y venir aquí, a casa.

Un saludo.


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#48
Qué buena explicación... ideal tener sobrinos a quienes contestarles preguntas antes que a tus hijos para poder ir practicando.
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#49
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Adopcion

CONSTRUYENDO UN RELATO SOBRE EL ORIGEN

Graciela Montano, María Hughes

Uno de los motivos de consulta más frecuente que plantean los padres adoptivos se centra en sus cavilaciones acerca de informar sobre los orígenes de su hijo. ¿Es conveniente informar? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Alcanza con hacerlo una vez? Y si optan por hablar del tema con el niño, se preguntan acerca de cuál es el mejor momento, en especial si deben esperar que el niño lo pregunte ¿Cómo llegar a una decisión?

En su formación los psicoterapeutas reciben casi como un mandato una consigna: es imprescindible decirle "la verdad" al niño. Pero ¿cuál verdad?

Los padres consultan buscando palabras o fórmulas mágicas que eviten daños y sufrimiento al chico, pero también porque es muy doloroso para ellos abordar esta tarea y temen perder el amor del hijo. En forma más latente que esta preocupación manifiesta, encontramos temores y ansiedades que aluden a la propia inseguridad en torno a su capacidad para ser padres.

ENCUENTRO DE CARENCIAS

La adopción se da por la confluencia de varias carencias y situaciones de vulnerabilidad. La de una madre de origen no protegida por la sociedad, en un muy alto porcentaje sin compañero, que se encuentra enfrentada al nacimiento de un niño no buscado y al que no puede criar. La carencia de una criatura que necesita y tiene derecho a una familia donde crecer y donde construir su identidad. La carencia de una pareja que ha deseado engendrar un hijo y que no pudo lograrlo.

El eje social y psicológico de la adopción reside en el encuentro de estas carencias y las traspasa en la medida que en estos padres legitimados por la ley, se despierta el deseo de un hijo a quien amar y a través del cual poder proyectarse y trascender, aunque no haya sido engendrado por ellos.

LOS PREJUICIOS

Ser informado de sus orígenes y tener una familia forma parte de los derechos del niño establecidos en la Convención de 1989, donde dice: "El niño tiene derecho -entre otros- a un nombre, a una nacionalidad, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos en la medida de lo posible" (art. 7). Hay situaciones en que los padres de origen no pueden cumplir con este requisito y la adopción se instala en favor del bien superior del niño. Para ello no hay reglas, porque cada adopción es distinta, es particular, cada familia tiene características propias, conforme a la historia de cada uno de los integrantes de la pareja y al vínculo que hayan podido construir entre ellos y con el niño.

En la sociedad uruguaya observamos que la adopción continúa siendo un tema tabú, que resulta difícil de entablar con espontaneidad. A esta dificultad contribuye que el niño adoptado carga con varios prejuicios socials, como el de haber sido abandonado por una mujer catalogada de cruel e inhumana, que por lo general desconoce los motivos que la llevaron a tomar la decisión de no criarlo. El peso suele recaer sobre la mujer y queda sin mencionar el hombre, igualmente responsable de ese embarazo. El prejuicio que inspira el imaginario social considera a ese niño como "hijo del pecado."

Los prejuicios también son notorios en cuanto a que los niños adoptivos suelen provenir de un medio socioeconómico carenciado, lo que en general conlleva vivencias de desvalorización que pueden interferir negativamente en la investidura libidinal del niño. A esto se suman los temores en torno a que ese niño traerá consigo una información genética desconocida.

Por todo esto las familias adoptivas y los hijos adoptados portan la marca de lo diferente, de lo extraño. En ciertas situaciones son discriminados por ser catalogados como inferiores. Y a su vez los padres adoptivos, al no haber podido engendrar a su hijo, se ven cuestionados con respecto a su capacidad para cumplir la función de padres.

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Un padre manifiesta: "en el colegio no informamos que es adoptado y nadie lo sabe, salvo los abuelos y ahora usted."

A la madre de una niña adoptada le preguntan: "¿así que Marita es adoptada? Pensar que es tan parecida a vos."

Cuenta un niño en la sesión; "terminé a las piñas porque Francisco me dijo: a vos te regalaron".

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Estos prejuicios que circulan a veces silenciosamente y otras veces en forma explícita, contribuyen a que estas familias no puedan sentir el derecho de hablarlo libremente. En muchos casos lo ocultan por temor y para protegerse de un mayor sufrimiento.

LOS MOTIVOS

Existen motivos manifiestos y motivos latentes que llevan a decidir la adopción de un niño. En la historia de cualquier pareja surge en un momento dado el deseo de un hijo a quien amar, a quien cuidar, hijo que los transforme en padres y que a través de él proyectarse hacia el futuro.

Nos encontramos en la clínica con un alto número de parejas que han decidido adoptar golpeados por la infertilidad, dañados en su narcisismo, y sintiéndose inhabilitados como padres. El desarrollo actual de la ciencia ha permitido lograr alternativas en la fecundación que han hecho tambalear los límites de lo "natural", si bien en el imaginario social lo "natural" sigue manteniendo un lugar de criterio de verdad absoluta. Como efecto de las técnicas de fertilización asistida, la sexualidad y el erotismo de las parejas -que no han podido engendrar en forma "natural"- se ven traumatizados, empobrecidos y disociados y en un cierto porcentaje los tratamientos de fertilización no logran su objetivo porque pesan las causas de índole emocional. En la medida que la pareja vaya elaborando el duelo del proyecto del hijo propio va a encontrarse en mejores condiciones para tener un hijo aunque no lo haya engendrado.

Dice una mujer: "ni siquiera pude embarazarme".

Dice su marido: "el médico nos dijo: y si tanto desean un hijo ¿por qué no adoptan? Yo pienso que adoptar sería tapar."

Esta pareja decidió por el momento no adoptar, tal vez porque comprendieron que el daño narcisista que les provocó no poder engendrar un hijo necesita ser procesado internamente. Si la pareja no ha tenido instancias previas a la adopción donde se elabore este duelo y se preparen emocionalmente para ser padres adoptivos, las heridas narcisistas quedarán abiertas y prontas a sangrar en cualquier momento.

¿HAY UN MOMENTO PARA EMPEZAR A INFORMAR?

Desde los primeros tiempos en que la pareja empieza a pensar en la posibilidad de adoptar un niño, surgen las incógnitas: cómo hacerlo, cuál puede ser la manera más adecuada; la conveniencia de decirle al niño su origen.

A modo de ejemplo citamos a una pareja de padres en la consulta: "cuando le leemos el librito sobre la adopción, a la madre biológica la omitimos…cuando el libro dice que el bebé creció en la barriga de otra mujer, se lo cambiamos. Nos negamos a informarle de la otra mujer. Para nosotros no existe otra persona. No es gracias a ella que lo tenemos."

En este ejemplo se pone en evidencia el mecanismo psíquico de la desmentida. El Prof. Prego Silva planteaba que el hijo adoptivo, si bien llena una falta, también denuncia una falta. "El está haciendo olvidar que esa pareja no pudo tener hijos, pero su presencia es de alguna manera la denuncia de que está en el lugar de lo que no se pudo tener. Por eso es que la relación entre los padres adoptivos y el hijo adoptado es, muchas veces, ambivalente."

En los primeros encuentros con el pequeño adoptivo la desmentida puede ser operativa. No percibiendo la biología ajena, los padres pueden acercarse al bebé y establecer fuertes vínculos con él... aunque este mecanismo deberá dejar lugar al reconocimiento de que este hijo fue gestado en otro vientre. Pensamos que, cuando los padres consideran que es conveniente comenzar a hablar con su hijo sobre su origin, y se encuentran internamente preparados para hacerlo, este momento inaugura la ruptura de la desmentida de la infertilidad.

Con el surgimiento del lenguaje verbal y la capacidad de preguntar, algo se transforma en la relación padres-hijo. El niño adquiere, a través de la palabra, la capacidad de preguntar, de investigar, de querer saber acerca de todo lo que lo rodea; precisa aprender, incorporar, imitar a sus modelos. Comienza a preguntarse acerca de cómo nacen los niños. El lenguaje será también el instrumento que les permitiría a los padres empezar a contarle sobre sus orígenes.

Esta etapa de investigación del niño, que resulta tan gratificante y placentera para el entorno de los adultos, en la pareja de padres adoptivos es un momento cargado de angustia, y el mundo de la palabra les genera una temerosa expectativa porque es el tiempo en que el niño quizá intente saber, aquel en el cual podría empezar a preguntar. Por resurgir las antiguas heridas que habían permanecido latentes durante esos años previos, ese niño corre el riesgo de transformarse en un niño temible, hostil en la fantasmática de los padres, y estas vivencias que angustian a los padres pueden enrarecer el vínculo.

¿ESPERAR A QUE EL NIÑO PREGUNTE?

Un padre comenta: "La psicóloga del jardín nos dijo que debemos informarle que es adoptado, pero dijo que esperemos a que él pregunte."

No podemos pretender que el niño tenga la capacidad de preguntarse si él en realidad es otro; o si fue engendrado por otras personas; o si creció en otra panza. Más aun cuando su saber inconciente pone en riesgo el vínculo con sus padres. No podemos esperar que el pequeño esté en condiciones intelectuales, y menos aun emocionales, para formular alguna pregunta que haga tambalear su identidad. Esperar a que pregunte sería esperar que el niño se haga cargo de algo que no está en condiciones de conceptualizar. Quedarse esperando a que el niño pregunte sería evitar hablar con él de la historia de ellos como pareja, de sus dificultades y frustraciones relativas a su deseo de procrear y del surgimiento del deseo de un hijo adoptivo.

La consulta por Lucía de tres años, se hace porque la niña ha empezado a cantar: "yo tengo dos mamás" o, en presencia de ambos padres adoptivos, les pregunta: "¿Dónde está mamá? ¿Donde está papá?" Los padres entienden que la niña quiere saber y se sienten obligados a informar, tal como la asistente social les indicó cuando le entregaron la niña. Los padres interpretan que la niña está preguntando por sus orígenes y le compraron libritos que hablan de la adopción, pero no saben cómo seguir adelante.

Pero el niño ¿quiere saber? ¿Qué quiere saber? ¿Cuánto quiere saber? Por un lado necesita saber y por otro lado le asusta mucho saber. ¿Acaso ya no sabe? ¿Habrá alguna respuesta que lo alivie de los sentimientos de incertidumbre y extrañeza presentes en la relación entre él y sus padres?

Los niños adoptados por lo general no formulan preguntas directas sobre su adopción. Ellos plantean sus interrogantes empleando rodeos, desplazamientos y sustituciones. Lo hacen, por ejemplo, cuando juegan a que el oso tiene un hijito león o a través de dibujos como el de un manzano que da naranjas, o una jirafa con cabeza de elefante.

Aunque el niño posea una percepción, a nivel inconciente, de su no pertenencia a esta familia, la confirmación de este hecho trastoca su identidad.

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Cuando los padres adoptivos de Melisa (4 años) empezaron a contarle algo sobre su adopción... "empezó a toser, a quejarse de dolor de cabeza, se angustió y se tapó los oídos". Los padres informan que: "Melisa empezó a jugar a sacar ropa del placard y a ponerla en bolsas".

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El tiempo en que el niño empieza a preguntarse por sus orígenes es aquel en que empieza a organizarse la novela familiar: el niño se construye su propia novela. Magdalena dice: "Yo sé lo que pasó. Mi casa se incendió, estábamos todos durmiendo y una vecina nos sacó a mí y a mi hermano. A mis padres no los pudo sacar. Nos llevó al hospital y ahí nos fueron a buscar nuestros padres. Yo me acuerdo, yo tenía dos años".

¿La pregunta sobre los orígenes queda respondida a partir del relato que los padres puedan realizar? Sin duda esto es lo que los padres esperan. Le informemos o no, el dolor generado por la vivencia de abandono y la ruptura de la "continuidad existencial" estarán siempre presentes. El pasaje del vientre materno a los brazos de la madre adoptive, aun cuando se haya podido realizar en las mejores condiciones, implicó en el bebé un corte en la continuidad existencial y cierta vivencia de extrañeza, al dejar de sentir la voz o los latidos del corazón que escuchó durante la vida fetal.

En un trabajo anterior planteábamos que "el niño llega a la adopción con una historia de nueve meses de unión con la mujer que lo gestó". "Esta experiencia queda trunca y comienza otra historia a partir de la brecha de ese corte"... "una vez juntos, madre adoptiva e hijo iniciarán un diálogo sin precedentes". En un comienzo, a ella le puede resultar difícil comprender las necesidades de ese niño no gestado en su interior, a pesar de que también la madre adoptiva se haya preparado emocionalmente para ser madre.

Relata una madre adoptiva: "Cuando la madre me la entregó en mis brazos me miró como preguntando: ¿Me la vas a cuidar? Yo a la vez miré a la beba y pensé: si me sonríe es que me acepta... y me sonrió".

¿QUÉ ACARREARÍA NO INFORMAR?

Cuando en una familia hay "algo no dicho", ello es captado a nivel inconciente por el pequeño y muchas veces se traduce en estados de inquietud o de ansiedad, debido a la falta de palabras que puedan dar un sentido a esas percepciones de extrañeza a las que antes nos referíamos. En todo ser humano el deseo de saber está directamente relacionado con la pregunta sobre el origen, que va introduciéndolo al terreno del aprendizaje.

El niño necesita encontrar respuestas sobre el origen que lo conduzcan a saber y a apropiarse de "su origen". De no encontrarlas, quedará imposibilitado de conocer sus vivencias, de nombrar sus sentimientos; se verá afectada su identidad y obstaculizado el proceso de aprendizaje. Todas aquellas cosas innombrables perturbarán la representación de su relación Yo-mundo.

¿Qué significa conocer el origen? Conocer el origen no solo significa conocer los datos filiatorios de quienes lo engendraron. El origen es constitutivo de la historia de todo ser humano. Poco a poco se irá ampliando, se irá modificando múltiples veces a partir de las vivencias, los recuerdos, los datos aportados por el entorno, el proceso de crecimiento y la elaboración interna.

En el caso del hijo adoptivo podrá existir mayor o menor conocimiento de su historia anterior, pero esto no significará un impedimento para la construcción de un relato propio sobre su origen.

En el origen también se encuentran estos padres que se prepararon para recibirlo; el encuentro de ellos con el bebé y el transcurso de los primeros tiempos juntos.

Si bien durante su gestacion este niño posiblemente no tuvo una madre y un padre que lo pensaran, que lo imaginaran, que lo desearan como su hijo, con la adopción tendrá una nueva oportunidad, la de un encuentro con padres que lo deseen y lo acepten tal como es, dándole un lugar en la familia, un lugar en lo simbólico.

La paternidad adoptiva cumple la función simbólica de constituir a ese pequeño en sujeto, desmitificando de esta forma que solo son padres los que lo traen al mundo. Esto significará no solo quererlo, sino también desearlo como un representante que los podrá trascender.

Al informar buscamos evitar la crueldad que significa que un niño, que durante mucho tiempo se pensó hijo biológico, de pronto se enfrente a una información que lo hiera. Esto no se hace de una vez, sino que implica un proceso, en el que es necesario estar atentos a las señales del niño.

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Un ejemplo de sintonía entre madre e hijo:

"Hay hijos hechos por un papá y una mamá y hay hijos que nacen de otra señora que no los puede cuidar. Entonces vienen otros padres y los hacen sus hijos." Y a esto su hijo le responde: "como yo".

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Las dificultades de aprendizaje y de conducta que algunos chicos adoptados presentan, muchas veces son presentados como causadas por la adopción, lo cual es una generalización que puede llevar a cometer graves errors, provocados por uno de los prejuicios de los que hablábamos al comienzo. No es la adopción la que puede causar diferentes dificultades, sino el silencio y la no elaboración de la situación de adopción. Cuando los padres eluden hablar, promueven en el niño el bloqueo y la inhibición del desarrollo intelectual. El niño evitará investigar en lo que percibe que es conflictivo para sus padres. De esta manera inhibe su curiosidad y su capacidad para preguntar; advertirá que hay algo que "no se debe saber", algo que "no debe entrar en su cabeza". Su pulsión de saber, sus ganas de aprender, de incorporar conocimientos podría ser vivida como peligrosa, por implicarle perder el amor de sus padres. Este conflicto es frecuentemente percibido por los maestros en las escuelas.

Muchas veces los padres se preguntan si es conveniente informar o no a la escuela, y en general lo hacen como cumpliendo con un deber, sin plantearse que tienen el derecho de decidir si informar o no, puesto que es parte de la privacidad de la familia. Es legítimo que se pregunten qué va a hacer la escuela con esa información.

Sería conveniente que cuando los maestros trabajan sobre la familia, o construyen el árbol genealógico, incluyan la alternativa de la familia adoptiva. Así como hay familias en las que el padre y la madre hacen a los hijos, existen otras familias en las que los padres decidieron ir a buscar al niño para hacerlo su hijo.

Una de las formas de empezar a ejercitar a los chicos en la aceptación de la diversidad podría consistir en plantear que ambas familias son igualmente legítimas. Si desde la escuela se actúa preventivamente, se puede estar aliviando los sentimientos de exclusión o de discriminación.

Retomando lo central de este trabajo: La decisión de informar, de elaborar un relato propio puede llevar su tiempo, el tiempo interno de cada uno de los padres para ponerse de acuerdo sobre su conveniencia y encontrar las palabras y el momento propicio. El niño también va a construirse su propio relato, a partir de lo que pueda escuchar del relato de sus padres, que será aquel que hayan podido construir para sí mismos y de lo que él haya recreado imaginariamente.

La información que se brinda al hijo sobre sus orígenes con mayor o menor cantidad de datos de acuerdo con los elementos que los padres posean y consideren adecuado trasmitir, permitirá al hijo la interrogación y el ensayo de diferentes versiones de un relato que construirá, deconstruirá y reconstruirá una identidad en las distintas etapas de su vida.
REFERENCIAS

1- Actas del seminario "La adopción desde un enfoque de Derecho" dictado por la Lic. Eva Giberti. Realizado en el Palacio Legislativo los días 6 y 7 de abril de 2006.
2- Dolto,F. "Seminario de psicoanálisis de niños" Ed. siglo XXI, 1986, cap. 2.
3- Gáspari, R.; Rajnerman,G.; Santos, G. Estructura y acontecimiento. La pregunta por el origen en la familia adoptiva". En Revista de psicología y psicoterapia de grupo. B.A., tomo 17, nº 2, noviembre 1994.
4- Giberti, E. "La adopción"; B. A., Ed. Sudamericana, 1998.
5- Giberti, E.; Blumberg, S.; de Renzi, C.; Gelman, B.; Lipski, G. "Adoptar hoy" B.A., Ed. Paidós 1999.
6- Hughes, M.; Puga, S. "El deseo de maternidad en la madre adoptiva" trabajo presentado en el 3er encuentro internacional y 13º Congreso latinoamericano de FLAPIA, ocubre 2001
7- Prego, L. E. "Adopción y abandono. Las razones latentes", entrevista publicada en Brecha el 7 de octubre de 1988.
8- Prego, L. E.; Montano G. "Reflexiones sobre adopción", trabajo presentado en el 3er encuentro internacional y 13º Congreso latinoamericano de FLAPIA. Octubre 2001.
9- Rotemberg, E. "Adopción: el nido anhelado" B.A., Ed. Lugar, 2001
10- Rozenblum, Sara "Adoptar", Ed. Kargieman B.A. 1990
11- Kancyper, l. "La memoria del rencor y la memoria del dolor", Revista Asociación escuela para graduados Nº 26, 2000.
12- Winnicott, D. W. "Dos niños adoptados" en "Acerca de los niños, B.A., Ed. Paidós, 1998.
13- Winnicott, D.W. "El niño deprivado y cómo compensarlo por la pérdida de una vida familiar" en "Deprivación y delincuencia", B.A., Biblioteca de Psicología profunda, Ed. Paidós, 1991.
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