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Adopción de niños con necesidades especiales
#1
Adopción de niños con necesidades especiales
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SER PADRES. Cada día son más las parejas chilenas que deciden adoptar un hijo; sin embargo, la gran mayoría busca recién nacidos. Pocos piensan en la posibilidad de acoger a un mayor de 2 años o con alguna enfermedad, pero los que lo hacen están verdaderamente felices. Es que todos coinciden en admitir que es, ni más ni menos, otra opción para tener una gran familia.
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Ni valientes ni excesivamente generosos, sino tan sólo padres con ganas de ser padres. Que ni les digan caritativos. Nada de eso, aclaran la trabajadora social Isabel Azcona y el resto de las tres familias que nos transmitieron su testimonio. Hay algo en común en las historias de ellos: todos adoptaron niños mayores o que padecían alguna enfermedad. Contrarios a la tendencia chilena de buscar hijos ojalá recién nacidos y sanos, aquí escogieron otro camino. Es lo que se llama adopción de niños con necesidades especiales, algo de lo que recién se está hablando en el país, pero de lo que sí sabe Isabel Azcona, española, madre de cuatro niños, tres de ellos adoptados.

"Esto es otra posibilidad de ser madre, igual que con un niño sano. En el día a día, las satisfacciones son las mismas", admite Isabel. Viajó recientemente desde Pamplona, invitada por la Fundación San José -entidad dedicada al tema de la adopción en Chile- con el fin de dar su testimonio. Algo tiene que decir esta española que primero adoptó a un niño de 4 años, siendo todavía soltera y joven, y luego, ya adulta y casada, adoptó a dos niñitas nacidas en China, la última de ellas con una cardiopatía congénita que la obligó a someterse a una cirugía. Esto último, por cierto, nunca fue un problema para ella y su marido. Es que ninguno cree que esto sea caridad, sino simplemente amor puro.

"Nunca tuve sensación de entrega al haber adoptado al niño sano o la niña con necesidad especial. Pienso que no debe ser así. Lo que debe mover a las familias a adoptar es el deseo de ser padres".

¿Existe un perfil sicológico o un patrón que se repite entre quienes adoptan niños con necesidades especiales?
Es gente que tiene la suficiente apertura de mente como para informarse y valorar la posibilidad. Son niños que, en general, demandan más tiempo. Muchos que optan por esta vía son familias que ya tienen hijos, biológicos, adoptados, o de los dos. Saben lo que es ser padres y tienen claro que a cualquier hijo le puede suceder un accidente y, que si eso ocurre, ellos tendrían disponibilidad para atenderlos.

Adoptaste dos niños con necesidades especiales: tu hija y tu primer niño, que en ese entonces tenía 4 años. ¿Cómo es adoptar a un niño mayor?
Es distinto adoptar a un bebé que a un niño mayor. No quiere decir que, en todos los casos, sea más difícil adoptar a un niño mayor, pues hay también bebés que tienen dificultades de adaptación como hay niños mayores que se ambientan rápidamente. Lo que sí es que casi siempre los mayores traen consigo una historia más larga, aunque el abandono es siempre el mismo. Quizás las historias más largas dificultan más la integración con la nueva familia. En mi caso fue así.

Deduzco que terminaste teniendo una buena experiencia, porque tienes dos niñas más adoptadas...
La adopción de mi hijo mayor fue muy difícil. Era un niño con muchas necesidades especiales derivadas de sus experiencias previas. Luego, en el caso de mis hijas, que fueron adoptadas a los 11 y 18 meses, fue diferente, porque sus historias habían sido distintas.

Después de la adopción, ¿cómo les transmites seguridad a tus hijos?

Tratando de que crezcan con una identidad positiva. Respetando sus orígenes y su cultura, pero también intentando que se sientan parte de su nuevo entorno. Y si alguien pregunta por la calle, yo les digo que mis hijas son de Pamplona, pero que han nacido en China. Siempre se les debe reafirmar la autoestima.

Es que, con los niños adoptados, no basta sólo con el amor, ¿cierto?

Claro, el amor es imprescindible, pero no basta. Es necesario contar con una serie de habilidades para poder dar respuestas a estos niños; los padres adoptivos deben reparar algunas heridas.
Marianne Bonnecarrere y Miguel Ángel Muñoz
"LA GENTE NO SABE LO FELICES QUE SOMOS"


Marianne Bonnecarrere era una niña de colegio cuando visitó por primera vez un sanatorio y quedó conmovida al ver los ojos del que ahora es su hijo. "Cuando vi al Mauro ¡fue como amor a primera vista! Es difícil de explicar, pero tenía una necesidad de ir a verlo todos los días. Lo tomaba en brazos, nos mirábamos y nos olvidábamos del mundo", dice Marianne.

Mauro tiene parálisis cerebral severa. Este año cumplió 16 años, la misma edad que tenía Marianne al momento de conocerlo. Años de experiencias juntos antes de que ella pudiese adoptarlo. Visitas todos los días, aprender a darle comida mediante el uso de sondas, lograr permisos para sacarlo a pasear con la compañía de los padres de Marianne, enfrentar una enfermedad que tuvo al Mauro al borde de la muerte, hacerse cargo de un sueño premonitorio con la Virgen y la posterior recuperación del pequeño. Años de amor profundo, hasta que la familia completa de Marianne se fue encariñando con el niño y salieron en un programa de televisión que les abrió miles de puertas; las cosas se fueron dando cuando Marianne entró a la universidad y conoció a su actual marido, Miguel Ángel Muñoz.

"Nunca había estado con niños con esa enfermedad y al principio fue fuerte, pero después seguí visitándolo solo o con Marianne, y nos encariñamos mucho. Ahora que es nuestro hijo, lo tratamos igual que a un niño normal. Con su silla de ruedas para todos lados. Y muchos lo ven y dicen 'pobrecito', ¡la gente no sabe lo feliz que es!", añade Miguel Ángel. En el año 2003, a la familia de Marianne se le otorgó el permiso para el cuidado personal de Mauricio. Dos años más tarde, Miguel Ángel y Marianne se casaron y lo adoptaron.

"En todos nuestros proyectos ha estado el Mauro metido al medio. El es nuestro ángel. Aquí hay que tener una capacidad de amor incondicional, pero también no hay que tenerles miedo a los desafíos. Al Mauro nunca le ha faltado nada. Esto es algo que no pasa por plata, sino por la entrega y confianza", admiten.

Ximena Morales y Daniel Allende
"ESTO NO ES CARIDAD, SINO ALGO ÍNTIMO, DEL CORAZÓN"


Suelen llamarlos valientes porque adoptaron dos niños, uno de ellos con una enfermedad que afecta su sistema renal y que lo obligará a tomar remedios de por vida. Pero lo cierto es que aquí lo único que vale decir es que esto fue un "asunto del corazón". Así lo aclaran Ximena y Daniel, cabezas de esta familia compuesta por un adolescente, hijo de un primer matrimonio de Ximena, y los dos niños adoptados.

"Me han dicho que cómo soy tan valiente para adoptar otro niño, y además con necesidades especiales. Pero para nosotros esto es un asunto de piel, nada más. Esto no es caridad por ningún lado. Es algo tan íntimo, tan del corazón, que no se puede describir muy bien con palabras", admite Ximena Morales.

La historia adoptiva de este matrimonio partió en 1993, desde el minuto en que se casaron. Todo bien hasta que decidieron tener hijos y no pudieron. La adopción siempre estuvo presente en sus cabezas, tomándola como otra opción y como un proceso natural.

"Yo siempre le decía, 'Ximenita, piensa que estás viviendo un embarazo y, por lo tanto, el hijo que va a llegar va a ser tan normal como si lo hubieras tenido. Como venga, lo vamos a recibir'. Para nosotros nunca fue inconveniente que tuvieran alguna enfermedad", dice Daniel. Llevaban como dos años compartiendo con el hijo mayor y con una primera niña adoptada, cuando recibieron el llamado para anunciar al tercero. Todavía recuerdan la cantidad de información médica recibida, ajena a ellos hasta ese momento, versus la ansiedad de ambos por conocer al niño. "Después de conversar con los encargados apareció nuestro hijo. Me miró ¡y se me tiró encima y me empezó a besar entera! No quisimos tomarnos días para pensar, porque el hijo ya era nuestro. Nunca ha sido tema su enfermedad. Sólo tomo conciencia de ella por la reacción de algunas personas. Sí me preocupo de sus remedios, que no se resfríe ni que le dé nada que le genere cuadros de fiebre", admite Ximena.

El nuevo integrante lleva pocos meses en la familia, pero, dicen, es como si siempre hubiese estado en casa. No se cansan de llenarlo de besos.

Tatiana Morales y Marcelo Podadera
"ESTO NO ES PARA CUESTIONARSE, SINO ¡PARA SER PAPÁS!"


Extremadamente prematuro nació el que ahora es hijo de Tatiana y de Marcelo. "Un regalo enorme", dicen cada vez que recapitulan la historia.

Casados desde el 2002, intentaron embarazarse sin resultados positivos. Marcelo comenzó antes a pensar en la posibilidad de adoptar; Tatiana tardó algo más en hacer el duelo propio de las parejas infértiles. Meses sin hablar del tema hasta que se decidieron a buscar a su niño.

"A nuestro hijo lo recibimos al año. Primero nos dieron el cuidado personal; la jueza dijo 'ya', nos abrazamos, lloramos y partimos a conocerlo", recuerda Marcelo.

El hecho de haber nacido prematuro obligó al pequeño a estar sometido a bastantes cuidados médicos. Hasta el día en que adoptaron formalmente a su hijo, Tatiana trabajaba como jefa de operaciones de una empresa de seguridad vial; sin embargo, como no tuvo derecho a posnatal (la ley sólo permite este beneficio a los padres de niños menores de 6 meses), dejó de trabajar un tiempo para dedicarse por entero al cuidado de su hijo.

"A mí me cambió la vida al ciento por ciento. Trato siempre de estar con él, y ya sabe que tiene una mamá y un papá. Se despierta, nos mira desde su cuna y se ríe. ¡Es un regalo enorme! Nunca pensé en tener la familia que tengo ahora. Lo único que necesita es que tenga un cuidado mayor, que lo lleve al cardiólogo, al broncopulmonar, que le dé sus remedios. Lo miras y piensas ¡en qué minuto estuvo en una UTI!", reconoce Tatiana.

Para Marcelo, esta es su única y gran experiencia de tener un hijo. Ni se cuestiona el hecho de que su hijo caiga en la categoría de 'niño con necesidades especiales'.

"Ha sido una experiencia maravillosa, y si he tenido dificultades, quizá Dios me las envió. Veo cómo en estos pocos meses mi hijo ha progresado tanto, está empezando a caminar, ha crecido, ha engordado… Este no es un tema para cuestionarse, ¡sino para disfrutarlo!; para ser papás, nada más", confiesa orgulloso Marcelo.
Isabel Azcona: Adopción en cifras

Prontos a desarrollar un programa tendiente a fomentar la adopción de niños con necesidades especiales, la Fundación San José se manifiesta a favor de esta opción que recién comienza a plantearse en el país. A juicio de Ladislao Lira, director de Extensión y Desarrollo de esta entidad, este tipo de adopción no está vinculada en absoluto a una buena situación económica de parte de los padres , sino más bien a la capacidad emocional y empática de la pareja. A juicio de Raquel Morales, jefa del Departamento de Adopción del Servicio Nacional de Menores, Sename, los chilenos se han abierto bastante más al mundo de la adopción, pues hasta hace unos años sólo se acercaban para adoptar recién nacidos. Coincide también con Isabel Azcona en explicar que la adopción de un bebé no necesariamente tiene que ser un proceso fácil, pues también se les debe respetar sus duelos y sus sentimientos de abandono.

Según cifras de esta entidad, en 2009, de los 491 niños adoptados, 420 fueron niños sanos y 71 padecían alguna enfermedad recuperable.
Cariños!
Responder
#2
¡Cuánto me alegra leer este artículo! Dentro de nuestras experiencias de adopción hemos enfrentado a una hija con un pequeño defecto de corazón (un hoyito que gracias a Dios al año se le cerró por completo) … un hijo prematuro que vivió varias semanas hospitalizado de urgencia al nacer … y una bella hija que nació con una asfixia neonatal y consecuentemente una parálisis cerebral leve (actualmente recibe terapia en la Teletón pero su desarrollo es excelentísimo, gracias a Dios.)


No empezamos el camino a la adopción pensando en esto, pero cada hijo ha sido el regalo más perfecto sin importar las “sorpresas” que hemos encontrado. No puedo imaginar nuestra vida de otra forma. Hasta hemos considerado en el pasado y aún recientemente la posibilidad de algún día adoptar nuevamente, sea tal vez un niño mayor o quizás una pequeña con síndrome de down. ¡Por el momento y por seguro tenemos las manos y la casa llena! – pero el deseo y la disposición siempre están.


Porque todo niño es un milagro y una bendición.
Stephanie
Celebrando la bendicion de la adopcion
Responder
#3
les recomiendo este articulo

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Crecer desde el duelo y la pérdida:
crianza de los niños que han vivido una situación traumática

Dee A. Paddock, MA, NCC
North American Council on Adoptable Children.
Traducido y adaptado por M.C. y postadopcion.org

Hace diez años, cuando tenía treinta, la vida me trataba bien. Conocí a mi media naranja, hice planes, me quedé embarazada tras una larga batalla contra la infertilidad. Había sido una buena chica y, como todas las chicas buenas, iba a conseguir todo lo que me había propuesto. Nuestra bebé Sara murió en el parto. La pérdida de Sara sin previo aviso, me hizo caer de mi nube y mi vida cambió para siempre. La última década pensé que la había dedicado a recuperarme de esta pérdida con terapia, grupos de apoyo, y con mi trabajo. Pero cuando el pasado julio el vuelo TWA estalló en el aire y toda esa gente murió de forma tan trágica, mi trauma reapareció. No podía parar de ver la televisión, ansiosa de detalles morbosos totalmente innecesarios e incapaz de concentrarme en nada más. Me di cuenta que algo, totalmente fuera de mi control, había provocado que el viejo trauma regresara a mi vida. Esta reacción le sucede a tu hijo traumatizado cada día: luchar-huir-paralizarse.

Luchar-Huir-Paralizarse

El doctor Bruce Perry, investigador en el Colegio de Medicina de Baylor, estudia el impacto que el trauma en la infancia tiene en el comportamiento emocional, social, cognitivo y físico de los niños. Ha estudiado el comportamiento de los niños supervivientes de la tragedia de Waco, y ha encontrado que los niños traumatizados pueden estar sentados tranquilamente en un grupo, hablando sobre algo tan benigno como el tiempo y a la vez estar en un estado fisiológico hiper despierto. Aunque aparentemente se muestren tranquilos, su pulso cardíaco en reposo puede estar tan alto como 140-160 pulsaciones por minuto. En respuesta a situaciones no amenazantes, pueden experimentar en cualquier momento una subida de adrenalina, aceleración cardíaca, aceleración respiratoria y la reacción de "lucharhuir- paralizarse".

El trabajo de Perry muestra que con el tiempo, los niños que han experimentado un trauma pueden perder la capacidad neurológica de controlar su respuesta corporal en situaciones de estrés. Incluso cuando "parecen" normales, en situaciones cotidianas pueden reaccionar como si estuvieran en peligro inminente. Este estado de super alerta e hipervigilancia interfiere con la habiliadad de los niños para prestar atención, aprender, y establecer relaciones normales.

¿Qué causa el trauma en la adopción?
Algunos niños adoptados fueron traumatizados por las mujeres que los alumbraron, o por otras personas a las que fueron confiados. Muchos están traumatizados en sistemas de acogimiento porque nuestra cultura valora la ataduras genéticas entre padres e hijos sobre cualquier otra. En nuestra sociedad, los padres pueden repetidamente abusar y cometer negligencias contra sus hijos, pero como existe el " vínculo de sangre", los niños quedan atrapados en un sistema de acogimiento para mantener ese vínculo. Esto causa un trauma aún mayor en los niños.

Otros niños adoptados pueden experimentar trauma cuando tienen la habilidad de comprender lo que significa la adopción. Sobre los siete u ocho años, los niños empiezan a ver que pertenecer a una familia adoptiva significa la pérdida de algo muy significativo: su familia biológica. Pueden procesar la adopción como: "Mis padres no se quedaron conmigo. No me querían. Me hicieron daño". Normalmente se concentran en su madre biológica y se preguntan: "¿Por qué no me quiso? ¿Lloraba demasiado? ¿Comía demasiado? ¿Era peor que mis hermanos y hermanas? ¿Es por eso que no quiso quedarse conmigo?”
No pueden contárnoslo

Todo el mundo quiere niños inteligentes que puedan decirnos con palabras qué sienten, qué quieren, qué necesitan. Pero los niños que han vivido una situación traumática retienen tanto dentro porque no es seguro contarlo, porque tal vez no lo saben ni ellos mismos, o por lo que el Dr. Perry ha descubierto. Su estudio muestra que los niños traumatizados presentan un desarrollo anormal del cerebro y que algunas partes de su cerebro simplemente no están habilitadas para su uso. No es coincidencia que estos niños tengan problemas de aprendizaje, y no es una sorpresa que reaccionen como lo hacen. Están dolidos y es la única forma de mostrar cuánto daño les hace el mundo. Sus comportamientos pueden decirnos mucho sobre la experiencia interna de estar traumatizados y aterrorizados.

Cuando mi marido John y yo empezamos a ver que nuestro hijo Cody –adoptado en Korea cuando tenía 4 años– tenía problemas, buscamos la ayuda de profesionales que simplemente nos dijeron "tenéis que quererlo más". ¿Quererlo más?. ¡Yo quería que desapareciera! Habíamos aprendido muy rápidamente que el comportamiento de un niño traumatizado puede convertir la paternidad/maternidad en un infierno y destruir para siempre el mito de la adopcion "el amor lo cura todo".
Cody reacciona como lo hace porque sus experiencias previas le han enseñado que los adultos que debieron cuidarle, le hicieron daño. John y yo somos los sustitutos de un padre biológico abusivo, bebedor, que hacía daño a niños pequeños, Cody no está intentando hacernos daño intencionadamente, pero desde una edad temprana intenta poner distancia entre él y el mundo de los adultos.

¿Qué desencadena este
comportamiento?


Incluso cuando la vida familiar es relativamente estable y segura, los niños adoptados pueden sentirse abocados a un estado de alarma del tipo "lucharhuir- paralizarse". Cody roba cuando se siente “provocado” por el miedo, el cansancio, el dolor, las pesadillas, la medicación, o simplemente cuando piensa en situaciones emocionales o traumáticas. La primera vez que Cody robó dinero en el colegio fue a una profesora que lo adora y está muy cerca de él. Cody teme depender emocionalmente demasiado de otros, por lo que cogió 5 dólares del monedero de la profesora para quebrantar su confianza y distanciarse de ella.
Tambien es fácil que los padres se sientan “provocados” por su hijo traumatizado. Cada vez que el teléfono suena durante la semana, tengo la sensacion de "luchar-huir-paralizarme". Me siento físicamente enferma cuando la profesora de Cody llama, porque rara vez lo hace para decirme lo maravilloso que es. Pero Cody roba porque sus alarmas se disparan, y eso sucede porque ha estado traumatizado a una edad temprana. Los padres de niños traumatizados se convierten en detectives: no sabemos que desencadena esas reacciones hasta que no nos ponemos el sombrero de Sherlock Holmes y observamos a nuestros hijos detenidamente. Dejan multitud de rastros que nos muestran qué es lo que activa sus respuestas al trauma.

El trauma implica dolor
Ahora que comprendo lo que Cody ha sufrido y soy más realista sobre quién es realmente, mi dolor es no poder arreglarlo. Como muchísimos otros padres, lloro la pérdida del hijo "perfecto".Y lloro por el niño inocente al que alguien hizo un daño irreparable. Nuestros hijos tienen también que pasar sus duelos. Como padres, tenemos que enseñarles a decir "adioses terapéuticos". En nuestra cultura no siempre enseñamos a nuestros hijos a tratar con pérdidas que son para siempre, como ocurre en la adopción. Los niños traumatizados tienen mucho que llorar para poder vivir un poco, y cuanto más lloren sus pérdidas, más espacio tendrán en sus rotos corazones para amar de nuevo. Como ejemplo, en nuestra familia tenemos el ritual de decir adiós a la profesora al final de cada curso.
Como la mayoría de nuestros hijos nunca tendrán contacto con sus familias biológicas, tenemos que enseñarles a vivir con la pérdida y la ambivalencia que la adopción conlleva. Son sentimientos muy duros de tolerar, que les hacen sentirse impotentes e indefensos. Para ponerles freno, dividen el mundo en buenos y malos. No pueden soportar la idea de que la mujer que les dió la vida les hizo daño o los abandon o los dio en adopción. Separan la rabia por haber sido abandonados, heridos o descuidados y la proyectan en otra dirección, normalmente lo pagan con uno de los padres adoptivos.
Cody era un maestro en proyectar su rabia sobre mi persona, haciéndome parecer la mala, como si estuviera diciéndome "cada vez que intentes acercarte a mí, te voy a sabotear tus planes". Por el contrario, con su padre mostraba toda la dulzura posible para probarle al "bueno" que él era un niño de trato fácil, feliz de estar en nuestra familia. Estábamos experientando los sentimientos traumatizados y el comportamiento de nuestro hijo de dos formas muy diferentes y conflictivas. A la vista de este doble comportamiento, John y yo pensábamos que nos estábamos volviendo locos y sabíamos que el estrés que Cody estaba creando podía fácilmente convertirse en una pelea de pareja.
Cuando las parejas se pelean, los niños traumatizados se sienten silenciosamente satisfechos porque han sacado fuera de sí su rabia y su sufrimiento, y los han puesto donde otros pueden encargarse de ellos. Es un mecanismo de defensa que utilizan para sobrevivir. Si nuestra familia estuviera en riesgo de dividirse en dos, Cody podría decir: "Eso es lo que siempre pasa. Pasó con mi familia biológica, está pasando aquí. Siempre pasa lo mismo." De este modo él vuelve a sentirse poderoso –consigue que los adultos reaccionen a su dolor– y no se siente tan insoportablemente indefenso.

Los adultos a cargo de los niños

Nuestro objetivo inicial como padres no debería ser que nuestros hijos se enamoren de nosotros; primero necesitan nuestra ayuda para sentirse seguros. Cuando los niños no creen ni esperan que sus necesidades básicas vayan a ser cubiertas, no tienen espacio para amar o confiar.“Estar arraigado es probablemente la necesidad del alma humana más importante y la menos reconocida”, escribe Simone Weil. Nuestros hijos vieron sus raíces arrancadas, nadie los regó, nadie los abonó. Como consecuencia de sus experiencias anteriores, los niños como Cody no tienen ni idea de qué significa tener una vida normal –lo que significa el amor, lo que significa la confianza–. Tenemos que empezar inmediatamente a contener y poner freno a su comportamiento dramatizado, y dejar de preocuparnos tanto sobre cómo se "sienten" nuestros hijos traumatizados. El mal comportamiento no está bien porque hace que la gente huya de nuestros hijos. Los padres deberían de crear una atmósfera más rígida y estructurada a la vez que predecible y consistente. Mi generación fue educada para tener muchas opciones pero, frecuentemente, los niños traumatizados no pueden hacer frente a la idea de tener muchas opciones. Están desesperados por saber que los adultos son fuertes y capaces de tomar control de la situación, aunque nos van a poner a prueba a cada paso del camino.
Tenemos que enseñarles cómo expresarse verbalmente y cómo negociar con los adultos lo que quieren y necesitan. Por ejemplo, podrían robar cosas porque creen que esa es la única forma de conseguirlas, o volverse violentos porque no saben otra forma de expresar su enfado. Anima a tus hijos a decirte lo que quieren y necesitan. Premia las palabras más que el comportamiento. Dile a tus hijos que no conseguirán lo que quieren con un comportamiento inadecuado. Asegúrate de premiar la expresión verbal de "quiero", "necesito", "siento", incluso cuando no puedes garantizarles lo que piden. Los padres deben aprender a disminuir la reacción de sus hijos al trauma. Dale a tu hijo pequeños elementos manejables de control diario que incrementen su sentido del dominio, de la maestría y la competencia. Dals informatión terapéutica, enséñale la respuesta normal al estrés diario cada vez que reaccione inadecuadamente..Y lo más importante de todo, no le mientas. No mientas sobre su pasado, no mientas sobre el trauma, y no mientas sobre los retos que supone curar el trauma.

Intimar les da miedo
En nuestra familia utilizamos el "sentarse a pensar" para parar el comportamiento malo y no preguntamos "¿Por qué estás actuando así?". La meta es enfatizar el final del mal comportamiento. Algunas veces John y yo utilizamos la tercera persona cuando hablamos con Cody para hacer la conversación menos personal, "¿Va a tener Cody un buen día hoy?" o "Cody parece enfadado". Normalmente los niños traumatizados se suavizan cuando por un tiempo nos convertimos en "cuidadores" más que padres.
¿Por qué? Porque la vida íntima familiar les aterroriza, tienen miedo que si llegan a quererte, los abandonarás o les harás daño. Harán todo lo que puedan para evitar que eso suceda.
"El ascensor al éxito está fuera de servicio. Deberás utilizar las escaleras, y subirlas de peldaño en peldaño", dice el escritor Joe Girard. Como padres de niños traumatizados queremos que el éxito les llegue de forma rápida e impresionante para reforzarnos en nuestra creencia que lo estamos haciendo bien. Pero la realidad es otra, tenemos que aguantar tanto como sea necesario. Incluso necesitamos descansar ocasionalmente de nuestros hijos para poder cuidarnos a nosotros mismos y a nuestras relaciones. Recuerda que el cambio lleva tiempo. Durante este proceso de cambio, espera sufrir retrocesos, al igual que me pasó con Cody cuando robó de nuevo a una segunda profesora. Y anticipa que cuanto más te esfuerces por contener el comportamiento de tu hijo, más se esforzará él en reforzarlo inicialmente. Anticipando que por cada paso que avances, retrocederás dos, evitarás ponerte en una posición de decepción y fracaso.Y asegúrate de celebrar cualquier progreso. El crecimiento personal florece del
dolor
Cuando Sara murió, pensé que mi vida se había acabado. No me levantaba de la cama porque no le encontraba sentido a nada, pensaba que que sólo mejoraría cuando supiera dónde estaba Sara y que estaba bien. A su manera, nuestros hijos también intentan buscarle un sentido a sus pérdidas.
Con el tiempo me di cuenta que Sara me había adelantado en el viaje de la vida, que sabe más que yo. Nietzsche escribió, "lo que no me mata me hace más fuerte" y esto es lo que le debemos enseñar a nuestros hijos traumatizados cada día.
Como resultado de la muerte de Sara, he sido obsequiada con muchos regalos: mis hijos adoptados, mi trabajo, y el inmenso honor de poder ayudar a padres y a hijos traumatizados a vivir una mejor vida juntos.
Los niños que han vivido experiencias traumáticas necesitan nuestra paciencia, ayuda, comprensión, y sí, también nuestro amor, para que puedan empezar a encontrar lo bonito de sus vidas. No puedes deshacer lo que les ocurrió en su pasado –ni siquiera puedes disminuirlo–.Alguien dijo una vez, "Antes o después tienes que abandonar la esperanza de tener un pasado mejor". Pon tus energías en lo que puedes hacer: enséñales que pueden contar contigo y ayúdales a tener una vida presente y futura mejor.

Dee Paddock. Psicoterapeuta, asesora, y madre adoptiva de tres niños. Especializada en cuestiones y asuntos de "Familias con alguna diferencia", incluídas las relacionadas con la adopción, el acogimiento, la infertilidad, la pérdida de un hijo y los padres de hijos con necesidades especiales. Tiene una consulta privada de psicoterapia y asesoría en Denver, y da charlas a grupos y organizaciones tanto dentro como fuera de los EEUU.
Cariños!
Responder
#4
Muy, muy bueno el articulo......aunque super fuerte, se me estrujo la guata....
Responder
#5
¡¡¡¡¡¡Excelente el artículo..........!!!!!!
Doce años haciendo el camino más fácil.
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Responder
#6
Excelente articulo ... tenemos amigos y familiares muy cercanos que han vivido y estan viviendo estas experiencias. De verdad requiere de mucha conviccion, amor, paciencia, y oracion ...
Stephanie
Celebrando la bendicion de la adopcion
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